El auge de la derecha en América Latina llega a una encrucijada en Brasil

Una victoria de Bolsonaro marcaría uno de las resurrecciones políticas más sorprendentes de la historia moderna de Brasil, el país más grande y la mayor economía de América Latina.
24 de octubre, 2026
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El péndulo político en América Latina y el Caribe sigue oscilando de forma contundente. En toda la región, los partidos de derecha o centroderecha —que en ocasiones han utilizado estrategias de campaña al estilo “MAGA”— han ganado las últimas siete elecciones presidenciales. La reciente primera vuelta de los comicios presidenciales de Brasil no fue una excepción: la derecha se impuso por dos puntos, obteniendo el 47 % de los votos frente al 45 % de la izquierda, una diferencia de 2,2 millones de votos.

El favorito para la segunda vuelta del 25 de octubre es ahora el senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien actualmente cumple una condena de 27 años de prisión por un presunto intento de golpe de Estado destinado a retener el poder tras su anterior derrota electoral. El joven Bolsonaro se enfrenta al actual presidente, Lula da Silva, un titán de la izquierda de casi 81 años. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro dominó en las regiones del sur, sudeste y centro-oeste del país. Por su parte, Lula se impuzo en el nordeste, su bastión tradicional, aunque lo hizo con menos votos de los que obtuvo en 2022.

El auge bolsonarista se extiende profundamente en el Poder Legislativo. El partido de Bolsonaro amplio su representación en la Cámara Baja en 23 diputados, al tiempo que aumentó su presencia en el Senado de tan solo 9 senadores a 28. Aunque esto no constituye una mayoría absoluta, las alianzas con diversas facciones de derecha y de centroderecha —entre las que destaca la federación União Progressista— lo acercarían al control del Congreso. Para el resto, contará con el apoyo de los demás grupos que conforman el Centrão, un bloque de partidos centristas oportunistas.

Mientras tanto, casi el 8 % de los votos válidos se repartió entre candidatos alternativos cuyos electores se inclinan naturalmente hacia Bolsonaro. Más allá de ese 8 % existe un campo de batalla aún más decisivo: los abstencionistas. Alrededor del 21 % del electorado —unos 33 millones de votantes— no acudió a las urnas en la primera vuelta. Lula está cortejándolos abiertamente, insinuando que nombraría a un ministro de Hacienda de derecha, como Geraldo Alckmin.

A los desafíos que enfrenta el actual presidente se suma una palpable sensación de “cansancio con Lula”, dado que este sería su cuarto mandato presidencial. Diversas polémicas han minado su popularidad entre millones de ciudadanos. Una de ellas es la flagrante connivencia entre el Poder Ejecutivo y figuras clave del Supremo Tribunal Federal. El caso más representativo es el del otrora todopoderoso magistrado Alexandre de Moraes —enemigo de la familia Bolsonaro que orquestó el encarcelamiento del expresidente (que actualmente cumple su condena bajo arresto domiciliario), dictó una orden de detención contra otro de sus hijos poco después de la primera vuelta electoral, ha perseguido a políticos, empresarios y periodistas, y ha restringido la libertad de expresión. (Es famoso por haber bloqueado la red social X.)

De Moraes simboliza la erosión de las instituciones republicanas que ha caracterizado a la izquierda populista de latinoamericana (con excepciones como Chile y Uruguay, dos países más institucionalizados, en las últimas décadas). Además, Lula se ha visto políticamente comprometido por unas explosivas revelaciones que vinculan a magistrados del Supremo Tribunal Federal con el antiguo propietario de un banco en quiebra.

Brasil enfrenta importantes desafíos económicos. Si bien el desempleo es bajo, el gasto público —un vicio sistémico del sobredimensionado gobierno brasileño— ha elevado el déficit fiscal hasta el 10 %. Esta presión fiscal ha obligado a subir las tasas de interés a niveles angustiosos, lo que perjudica al 82 % de las familias brasileñas que se encuentran endeudadas.

La noticia de la victoria de Bolsonaro en la primera vuelta provocó una reacción favorable entre los inversores, que impulsaron al alza tanto el principal índice bursátil como la moneda nacional. Wall Street y los mercados locales consideran que Bolsonaro tiene muchas más posibilidades que Lula de implementar medidas de austeridad fiscal. Los economistas advierten con insistencia que la deuda pública de Brasil, que ronda el 80 % del PIB, ha alcanzado niveles insostenibles. Sin embargo, frenar el gasto público en Brasil resulta extremadamente difícil debido a su sistema federal. Para empeorar las cosas, más del 90 % del gasto público se encuentra establecido por ley; modificar la política fiscal requeriría reformas legislativas. Si el próximo presidente no consigue introducir cambios, la crisis de la deuda se agravará.

Flávio Bolsonaro ya ha anunciado ambiciosos planes de reforma constitucional, con el objetivo de limitar a un solo mandato la presidencia, reducir la edad de responsabilidad penal y reestructurar el Supremo Tribunal Federal. Una victoria de Bolsonaro marcaría uno de las resurrecciones políticas más sorprendentes de la historia moderna de Brasil, el país más grande y la mayor economía de América Latina.

Esto enviaría una señal clara: tras años de gobiernos de izquierda, y en un momento en que el crimen organizado ha desplazado a la economía como la principal preocupación de la población, América Latina está dispuesta a dar un giro hacia una derecha intransigente.

Traducido por Gabriel Gasave

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