El fiasco electoral de Perú

Investigaciones, irregularidades y la crisis de confianza en las instituciones públicas
18 de mayo, 2026
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vepar5 / Stock Photo

Las elecciones presidenciales del Perú se llevaron a cabo el domingo 12 de abril, y cada día que pasa trae nuevas evidencias de graves irregularidades que han destruido la confianza de millones de peruanos en todo el proceso. El recuento de votos aún no ha concluido (la candidata de derecha Keiko Fujimori va a la cabeza con un 17 % de los votos y es seguro que pasará a la segunda vuelta, pero no está claro si se enfrentará a Rafael López Aliaga, un candidato fuertemente conservador, o a Roberto Sánchez, un candidato marxista, quienes se encuentran prácticamente empatados con el 93 % de los votos escrutados).

El drama comenzó en la mañana del 12 de abril, cuando miles de peruanos hicieron largas colas a la espera de que los locales de votación abrieran en toda Lima. Muchos de ellos no abrieron hasta varias horas después porque el material, incluidas las boletas, no fue distribuido a tiempo por la empresa contratada por el organismo electoral, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Esto provocó que muchos votantes, en particular personas mayores, regresaran a sus casas y renunciaran a su derecho a votar. En un momento dado, horas después del horario previsto para la apertura de los locales electorales, el jefe del organismo electoral anunció que los votantes que no hubieran podido votar ya no tendrían que pagar una multa (en Perú, el voto es obligatorio), lo que animó a aún más personas a volver a casa sin sufragar. Luego, la votación se prolongó un día más en algunos locales de votación, aunque no tantos como los que han sido objeto de quejas.

Varios factores empeoraron la situación. Los problemas logísticos afectaron a los locales electorales de Lima, donde López Aliaga es fuerte y Sánchez muy débil. Además, se está revisando alrededor del 5 % de las papeletas debido a errores o información faltante; por defecto, esas papeletas no se incluyen en el recuento global (es decir, en el 93 % del recuento de votos que se ha publicado). Muchos peruanos creen que podrían manipularse para favorecer a Sánchez.

Como si esto no fuera suficiente, cuando López Aliaga aventajaba a Sánchez en el recuento total, una repentina avalancha de resultados procedentes de colegios electorales en los que el candidato marxista tiene una gran presencia en los Andes lo catapultó por delante de su rival de derecha. En contraste, muchos votos aún no habían sido contabilizados en Lima o en el exterior, bastiones de López Aliaga. No habría nada sospechoso en esto de no ser porque los votos de Lima suelen procesarse más rápido que los de las zonas remotas del país.

Por último, y de forma misteriosa, aparecieron varias cajas con material electoral en una vía pública de Lima unos días después de las elecciones. La ONPE afirmó que esos votos ya habían sido escrutados y que un representante del tribunal electoral, el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), había acompañado el material —incluidas esas papeletas perdidas— durante su traslado desde el local de votación hasta el centro de procesamiento. El JNE ha negado esto, lo que plantea todo tipo de interrogantes. ¿Se han contado realmente esos votos? ¿Son votos fraudulentos que se añadirán al recuento de forma subrepticia en algún momento? ¿Cuántas papeletas más van a aparecer de repente en las calles de Lima?

Fiscales del JNE han presentado una denuncia contra el jefe de la ONPE, Piero Corvetto, y varias otras investigaciones de la fiscalía están en curso tras denuncias privadas presentadas por distintas agrupaciones políticas, incluida la de López Aliaga. El organismo encargado de nombrar y destituir a fiscales y jueces también ha abierto una investigación. Hasta ahora, Corvetto ha resistido a los pedidos de dimisión. Pase lo que pase con él, el daño ya está hecho. Si Sánchez termina en segundo lugar y acompaña a Keiko Fujimori a la segunda vuelta, López Aliaga y los suyos nunca aceptarán el resultado. Lo mismo ocurre con Sánchez, quien está estrechamente vinculado a grupos que han ejercido violencia en el pasado y a un expresidente, Pedro Castillo, que se encuentra en prisión por su intento de dar un autogolpe cuando estaba en el poder.

Como escribí el mes pasado, tras un período en el que el país parecía haber puesto su casa en orden gracias a unas reformas parciales, hasta tal punto que su economía ha resistido épocas de gran inestabilidad política, las instituciones del Perú se han deteriorado gravemente y han perdido la confianza de la población.

Ya había poca confianza en las autoridades electorales tras las irregularidades que sembraron dudas sobre los resultados de los comicios presidenciales de hace cinco años. Esta vez ha sido infinitamente peor; por extensión, el daño a la confianza en las instituciones del país es quizás irreparable. Cabe preguntarse cuánto tiempo más podrá la economía mantener su rumbo relativamente estable en un clima institucional como este.

Traducido por Gabriel Gasave

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