Condenas, empresas, Estados

Por Carlos Rodríguez Braun
Libre Mercado, Madrid
Mariana Ugarte y Miguel Carballo firman en la revista Manos Unidas de julio-septiembre un reportaje sobre el Amazonas titulado: "Una belleza condenada a la pobreza y explotación".
Lo primero que llama la atención es la expresión "condenada". Parece
que la pobreza es el resultado de una sentencia que impone algo por la
fuerza. Sin embargo, todo indica que la pobreza será lo que sea, pero no
es eso. No hay un juez que obligue a los pobres a serlo, como quien
sentencia a una pena ineludible de cárcel.
Por no haber, no hay pobreza ni en lo que Ugarte y Carballo ven. El
espectáculo que contemplan en Iquitos es "el bullicio que recorre sus
calles inundadas de mototaxis, calor humano y agua". No es precisamente
una condena a la pobreza y la explotación.
Han viajado horas por el Amazonas y el Napo "viendo la extracción de
madera a pequeña y gran escala en un paisaje que alternaba barcos de
turistas, pequeños peque-peques con familias pescadoras y alguna otra
embarcación. El telón de fondo era la belleza de una selva abundante
pero condenada a la pobreza y explotación".
Un momento, ¿cómo es eso de "telón de fondo"? Lo que están viendo es
gente activa: empresas, trabajadores, turistas, economía. Ven eso y
concluyen que lo que están viendo es pobreza y explotación, lo que más
parece un prejuicio que una conclusión.
Un prejuicio muy extendido es pensar que lo malo que se ve es porque el
Estado no está, es decir, porque la gente es libre, y en su lugar hay
esa cosa tan terrible y peligrosa, que son las empresas en el mercado:
"La sensación que nos llevamos es que los indígenas amazónicos viven en
un estado de vulneración permanente, al no existir presencia efectiva
del Estado en las instancias más básicas como salud y educación, y estar
constantemente saqueados por empresas madereras y madereros informales,
así como por grandes concesiones mineras y petroleras que contaminan
sus ríos, acaban con su flora y fauna autóctona y dividen a la
población, creando entre ellos desconfianzas y pugnas".
Este diagnóstico no deriva del reportaje, ni de los datos que brindan
sus autores, ni de las fotografías con que lo ilustran. Pero pocas dudas
caben de que según Mariana Ugarte y Miguel Carballo la presencia
efectiva del Estado es lo único que garantiza que la gente no sea
vulnerada, ni saqueada, ni contaminada, ni dividida artificialmente en
desconfianzas y pugnas.
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