Paraguay: Como una mosca en la telaraña (IV)
Profesor: “¿Cómo concibe el gobierno después de Stroessner?”. Fue mi pregunta al Dr. Juan Ramón Chaves durante un encuentro casual en una librería. “Je je… Como una mosca en la telaraña, mi hijo”. Fue la respuesta.
La telaraña que nos atrapa se construyó desde el poder político durante la pasada dictadura y se la consolida y amplía durante la llamada transición democrática. Esto es consecuencia de la ausencia de convicción democrática y de valores y principios republicanos.
La situación es tanto más peligrosa hoy que tenemos un gobierno presidido y gestionado por Fernando Lugo y por “secretarios con rango de ministro” decididamente contrarios al régimen democrático representativo aunque ahora tengan la imperiosa necesidad de disimularlo.
Permítanme una digresión: “El secretario con rango de ministro” es otro invento inconstitucional para que se le permita tener al Presidente cuantos ministros se le antoje. Es inconstitucional porque nuestra Constitución establece que los ministerios (número y funciones) “serán determinados por ley” (art. 240 CN). Pero, ¿qué les importa lo que dice la Constitución?
La dictadura –no solo del régimen de Stroessner– en sus inicios sustituye la tradicional división de poderes reemplazando al Poder Legislativo por un “Consejo de Estado” designado por el Poder Ejecutivo para una rara y cercenada función legislativa. Se gobernaba con “Decreto-Ley”. El Presidente dictaba las leyes “oído el parecer favorable del Consejo de Estado”. Como es de suponer, ¡¡¡guay!!! si no opinaban lo mismo.
Consolidada la tiranía se viabilizó una fachada “más democrática”. Se constituyo un Poder Legislativo que cuando sancionaba una ley inconveniente para los fines políticos del Poder Ejecutivo se la interpretaba a su conveniencia o simplemente se la ignoraba. Esta simple manipulación les permitía proclamar que se “gobierna con la ley en la mano”. Es decir, no había principio de legalidad y no había Poder Judicial que se atreviera a interpretar la Constitución y las leyes de manera diferente a la que determinaba el Poder Ejecutivo. Para los temas políticos, el que interpretaba y daba certeza constitucional era el Presidente de la República.
En puridad, un hilo de la telaraña era el sometimiento, la subordinación del Poder Judicial en los temas políticos, al criterio del Poder Ejecutivo que le impedía cumplir con la función esencial de garante del sistema político y de los bienes jurídicos de las personas.
Hilo de la telaraña con nuevas formas
La llamada “transición”, los gobiernos post Stroessner, lejos de pulverizar esos hilos los fue adaptando al nuevo escenario político fortaleciendo el viejo sistema de dominación política. El resultado es que hoy el Poder Judicial es menos confiable que durante la dictadura.
El sistema judicial genera más temor que tranquilidad, más zozobra que confianza.
Antes el Poder Judicial era para nada confiable para los opositores al régimen; pero para los litigios interpersonales, sin condimentos políticos, era predecible que los jueces actuaran de acuerdo a su leal saber y entender.
Hoy, constituido el Poder Judicial, de una manera menos autoritaria pero con criterios eminentemente políticos, con respaldos, exigencias y blindaje políticos, genera un ambiente propicio para que prolifere la corrupción en el sistema judicial, convirtiéndolo así en blanco de todo tipo de críticas (tanto más severas y descalificadoras cuanto menos publicas sean) y, por supuesto, privándonos de la herramienta más eficaz para lograr la seguridad jurídica que es un condición necesaria para el desarrollo integral.
Paradoja funcional
Es evidente que el Poder Judicial, durante la dictadura, no era parte estructural del sistema de dominación política. En realidad, importaba nada la opinión de los jueces si por alguna casualidad contradecía la del Dictador. Es que el régimen se fundaba en la fuerza y no en la legalidad. Las leyes tenían un valor relativo.
Con la “Democracia”, el Poder Judicial se convierte en un elemento estructural fundamental y en consecuencia es objeto de una intensa y extensa manipulación.
Para el sistema político actual los ministros y jueces cumplen dos funciones imprescindibles: 1. Deben decir que es constitucional cualquier antojo de los detentadores del poder y 2. Deben garantizar la impunidad de los que ejercen el poder.
Una diferencia notable es que antes, una persona podía manipular el Poder Judicial, hoy cualquiera que tenga un mínimo de poder para asignar presupuesto, nombrar magistrados o sancionarlos, lo puede hacer. Tenemos un Poder Judicial más expuesto a la presión y al chantaje político.
Es probable que destruyendo este hilo de la telaraña que nos atrapa y no nos permite el desarrollo integral a buen ritmo, se nos permita disfrutar del bienestar que nos da la seguridad y tranquilidad. Solo entonces podremos pensar en la constitución de un Poder Judicial confiable y comprometido con la República.
¿Cómo lo hacemos? Poniéndole límites a la discrecionalidad con que actúan los que tienen poder para constituirlo. Necesitamos participar activamente en los procesos de selección y nombramiento, vigilando que se obre con buen criterio.
Un buen criterio de selección no debe agotarse en la capacidad jurídica sino que fundamentalmente en la fortaleza de su carácter. Porque está demostrado que el sistema de dominación ha convertido, con muy pocas excepciones, a buenos ciudadanos en deplorables funcionarios.
- 15 de enero, 2026
- 14 de enero, 2026
- 16 de enero, 2026
Artículo de blog relacionados
Infobae Primer comienzo de clases luego de dos años de la mayor tragedia...
14 de marzo, 2022Por María Elena Salinas Diario Las Americas No fue una gran sorpresa. Los...
26 de septiembre, 2006El 26 de enero es el vigésimosexto día del año del Calendario Gregoriano....
26 de enero, 2008Diario 26 Hace solo una semana, Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de...
9 de agosto, 2022













