Chile no es Angola
Por Rodrigo Troncoso
La semana pasada, en este espacio, Andrés Zahler hizo una comparación de los ingresos de personas de cada decil en Chile con los de distintos países. Afirmó que el 60% de los chilenos vive peor que en Angola. Este tipo de comparaciones pueden ser llamativas, pero no son demasiado informativas ni relevantes para las políticas públicas. Es evidente que las personas más ricas de cualquier país son muy ricas y las más pobres son muy pobres.
Angola viene saliendo de una guerra civil de 27 años, que cobró cerca de un millón y medio de víctimas; la esperanza de vida al nacer es de 39 años; la mitad de su población vive bajo la línea de la pobreza, y ese país se ubica en los últimos lugares de corrupción y libertad económica del mundo. Compararlo con Chile es absurdo.
La distribución de ingresos no debe ser un objetivo de la política pública. Los intentos por igualarlos suelen ser inefectivos, ineficientes o injustos. El objetivo de las políticas públicas, en cambio, debe orientarse a mejorar las oportunidades. En este sentido, un avance importante es el cada vez mayor acceso de los jóvenes a la educación superior, la mayoría de ellos siendo parte de la primera generación de sus familias en acceder a ésta.
Es infundada la preocupación exagerada por la distribución del ingreso en Chile, que cada cierto tiempo toma vuelo. Causa sorpresa que tengamos la distribución de ingresos más desigual entre los países de la OCDE. Pero, también, no debemos olvidar que tenemos menos de la mitad del ingreso per cápita de esos países. El crecimiento sigue siendo el mecanismo más efectivo para mejorar el bienestar y las oportunidades de todos en nuestro país. Por lo demás, el gasto social ha crecido en forma importante por varios años y ya representa la mayor parte del gasto público.
El profesor Claudio Sapelli, en su libro “Chile: ¿Más equitativo?”, nos muestra que no es cierto que la distribución de ingresos esté estancada. Las generaciones más jóvenes tienen una distribución cada vez más igualitaria. Este fenómeno se oculta bajo las cifras agregadas que juntan a distintas generaciones. El libro también nos muestra que la movilidad social en Chile es alta, por lo que no es cierto que las familias se vayan quedando estancadas en un nivel social determinado.
Si bien estamos avanzando en cuanto a justicia social, los indicadores sólo lo van a reflejar en el largo plazo. Por mientras, no debemos caer en la tentación de medidas populistas que atenten contra el crecimiento y el desarrollo.
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