Las amistades “estratégicas” de Chávez
Por Juan Larraín
En el caso concreto de Venezuela, arrecian las nacionalizaciones y el Estado controla ya un porcentaje muy importante, sino mayoritario, de la economía. Esto de por si serio ya que tenemos un grupo de países que han buscado una ruta que se aleja paulatinamente del concepto de democracia representativa que consagra la Carta Interamericana, no reviste la gravedad que podría llegar a tener para el hemisferio la aun inocente aventura nuclear de Chávez.
Su “gira estratégica” como la ha denominado y que lo llevó por novena vez a Teherán, tiene por objeto adquirir más armamentos y afianzar las relaciones bilaterales con un grupo de países -con la excepción de Rusia y Ukrania- que transitan al filo de la ilegalidad internacional o fuera de ella como es el caso de Irán. Además de una cuantiosa venta de material bélico y créditos para solventarla, Rusia y Venezuela han suscrito un acuerdo de cooperación en el campo de la energía nuclear para la construcción de una planta que, según Chávez, permitirá diversificar las fuentes energéticas.
Si bien Venezuela es un Estado parte del Tratado de No Proliferación, el hecho de que Chávez incursione en este terreno debe ser motivo de atención pero todavía felizmente no de preocupación. Rusia, al vender los respectivos equipos y encargarse de la puesta en marcha de la central nuclear, deberá asegurarse que ellos se empleen estrictamente para los fines pacíficos que autoriza dicho Tratado. Venezuela, por su parte, deberá someterse al régimen de control e inspecciones periódicas de la Agencia Internacional de Energía Atómica, como lo estipula el mismo instrumento internacional. De no hacerlo, la Agencia, al igual como ha ocurrido con Irán, deberá informar de cualquier anomalía al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para que adopte las medidas que corresponda.
La oposición interna venezolana se ha quejado acerbamente que Chávez gaste por decisión propia ingentes recursos en armas y la planta nuclear, que el país no necesita, en lugar de destinarlos a cubrir las urgentes carencias que lo agobian en cuanto a alimentos, educación, vivienda, infraestructura y seguridad. Aun cuando al mismo tiempo se descarta la posibilidad de que el interés en adquirir tecnología nuclear tenga otro propósito, la personalidad del líder y sus amistades motivan sin embargo algunas suspicacias.
En todo caso, es menester recordar aquí que Venezuela es también Estado parte del Tratado de Tlatelolco, que proscribe la existencia de armas nucleares en Latinoamérica y el Caribe y el Protocolo II, que ha sido firmado y ratificado por las potencias nucleares, entre ellas Rusia, las compromete en igual sentido. De esta manera, queda prohibido para nuestros países el recibo, ensayo, uso, fabricación, producción, adquisición, almacenamiento o emplazamiento bajo cualquier forma de dichas armas.
El autor es profesor de la Universidad de Miami y ex Embajador de Chile en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la OEA.
- 28 de septiembre, 2026
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