Guatemala: ¿Terminó la crísis?
Por Carroll Ríos
Siglo XXI
¿Terminó la crisis provocada por los asesinatos de Rodrigo Rosenberg y Khalil y Marjorie Musa? La palabra crisis aplica aquí, porque el difunto abogado acusó de sus muertes a importantes funcionarios y financistas de este gobierno, con lo cual ocasionó “una etapa crítica de peligro e inestabilidad”. Luego del 11 de mayo, especulábamos sobre las últimas consecuencias del video que legó Rosenberg. ¿Sería una especie de Watergate? Ahora, vista con ojos políticos, parece que la crisis terminó, aunque a muchos de nosotros nos choque esta apreciación.
Es comprensible que los funcionarios de la administración Colom incluso afirmen con cinismo que nunca hubo crisis. Ellos gobiernan “para” y “por” los votantes del interior del país que los eligieron. Se consuelan poniendo de un lado de la balanza al “apoyo popular”, a diversos políticos extranjeros y a Bayley. Parecen pesar más, por lo menos en términos de votos, que el otro lado, compuesto por manifestantes, en su mayoría capitalinos: jóvenes y mujeres, muchos primerizos. Además, los analistas gubernamentales pudieran contar a su favor el hecho de que los jóvenes marcaron distancia con relación a los políticos de oposición.
Poco se comenta un efecto de la crisis: ésta desnudó la política. Aquellos que deseaban ver servidores públicos altruistas, entregados al bien común, ya no pueden negar lo observado. Cuatro aspectos de la política quedaron al descubierto: la maximización de votos, la primacía de la imagen, la negociación y el cortoplacismo.
La práctica en la política es poco más que una suma despiadada: ¿cuántos votos ganaría por hacer esto, y cuántos perdería? Esta mentirita, este acto de corrupción o la muerte de este u otro hombre: ¿me cuesta el puesto? Cualquier acto, por deleznable que sea, resulta insignificante, siempre y cuando no conlleve un costo político directo. Segundo, preocupa más la imagen que la realidad. No importan mucho las razones por las cuales ciertos guatemaltecos y algunos políticos extranjeros expresan apoyo al gobernante, sólo importan las apariencias. Tercero, en la política se negocia para conseguir favores; hoy por ti, mañana por mí. Es un marco competitivo de alianzas temporales. Se compran voluntades, se negocian cuotas de poder político y más: en el Congreso, en el Ejecutivo, con la oposición, con los alcaldes, con grupos de presión y hasta dentro del Organismo Judicial, de cuya independencia depende el caso Rosenberg-Musa. Cuarto, la visión se achata de aquí hasta las próximas elecciones, de tal suerte que las acciones y declaraciones se miden en función de su probable impacto sobre el siguiente proceso electoral.
¿Qué podemos hacer? Aceptar la realidad sin esperar al líder salvador. No es un problema de calidad de personas, sino de calidad de reglas. Debemos tener reglas para minimizar los costos que estas prácticas imputan a la ciudadanía, como por ejemplo, regir la conducta de gobernantes y gobernados según principios generales y abstractos. Los incentivos deben ser tales que al político le resulte oneroso comportarse inmoralmente.
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