Otra vez: no aprendemos
Pot Manuel F. Ayau Cordón
En una ocasión el presidente Ydígoras afirmó que en Guatemala se pagaban pocos impuestos comparado con otros países. Se le hizo ver que cuando se comparan promedios entre países distintos hay que tomar en cuenta países que prácticamente comprenden dos civilizaciones como en Perú y Guatemala, donde la mayoría es indígena, que aún no se han incorporado a la economía moderna y no se les puede exigir que tributen como los ladinos. Un asesor le indicó a Ydígoras que si va a comparar su país con, por ejemplo Bélgica, que debería incluir las dos civilizaciones del Reino Belga, es decir, incluir al Congo Belga, pues comparar países en el que prácticamente viven dos civilizaciones con los que solo tienen una es comparar peras con manzanas.
Si cualquiera hiciera su presupuesto familiar de acuerdo con lo que gasta su vecino, todos lo considerarían loco o estúpido. Por eso el ministro de Finanzas, Fuentes Knight, pone en evidencia su falta de criterio realista económico, pues su postura es propiamente una manifestación ideológica, ya que un presupuesto no se hace viendo al vecino, sino sumando los gastos que implica hacer lo que se quiere, tomando en cuenta lo que las familias habrán de sacrificar y cómo les afectará su presupuesto familiar.
Hoy, ante la crisis, deberíamos estar bajando impuestos, pero no por copiar lo que todo el mundo YA está haciendo, sino porque cuando se confronta una crisis económica, corresponde apretar el cincho y evitar gastos postergables. En la crisis de los años 1930, para evitar el colapso económico de Guatemala y un descontento general que resultara en disturbios y violencia, el Gobierno de Guatemala escogió el menor de los males, rebajó por decreto todos los salarios de los funcionarios. (Decreto 1,257 de 1932: si ganaban US$-Q50/mes (equivalente a Q1,375 de hoy), en 10 por ciento; entre 51 y 100, 15 por ciento; entre 101 y 150, 20 por ciento; entre 151 y 200, 25 por ciento; y arriba de 200, 30 por ciento.
Una de las políticas que prolongaron por 10 años la gran crisis de EE. UU., durante los años 1930, fue la inflexibilidad de los salarios para abajo, con el lamentable resultado de que muchas empresas que podrían haber subsistido bajando salarios, cerraron y los trabajadores se quedaron con salario cero. Y en Guatemala, la chispa que desató la crisis de la década de los años 1980 (ver mi libro La década perdida [Sophos]), fue cuando el presidente Lucas puso un salario mínimo (SM) de Q3.20 (Q30 de hoy) diarios y ya no resultaba costeable producir algodón ni mucho café, uno de los cultivos que daban más empleo.
El presidente Colom exoneró a las maquilas del alza del SM diciendo que causaría mucho desempleo. Pero las maquilas no son las únicas actividades marginales. La mayoría de actividades empresariales del país son pobres y producen para gente pobre. Entonces, la pregunta es ¿cuánto desempleo quiere crear? Se tiene en mente las empresas más prósperas que sin duda ya pagan más del mínimo, pero la mayoría de actividades productivas del país son empresas pequeñas que producen para mercados pobres.
Comparación desalentadora: Considerando la depreciación del poder de compra del dólar (45 por ciento de 1980 a 2007) y la devaluación del quetzal de Q1 a US$0.13 (78 por ciento) el SM fijado por Colom Q52/día es menor que los US$3.20 que fijó Lucas en 1980. [Q52 / 7.5 x 0.45 = US$3.12 de 1980], y sus efectos serán parecidos. La intromisión de los gobiernos en asuntos económicos le ha salido carísima a los pobres.
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