Chile: Debilitamiento de la economía
Editorial – El Mercurio
Inquieta el bajo crecimiento del PIB durante el segundo trimestre (4,5 por ciento), porque tan pobre desempeño de la economía chilena no es congruente con las espectaculares condiciones internacionales. Algunos analistas matizaron el alcance de esta cifra con el argumento de que la base de comparación fue inusualmente elevada en esta oportunidad -la expansión del PIB en el primer trimestre de 2006 se empinó a 7,2 por ciento-, esperándose, por tanto, un repunte del crecimiento en el segundo semestre. Sin embargo, los primeros antecedentes sectoriales correspondientes a julio validan la preocupación por el débil curso de la economía.
Las cifras de crecimiento en la producción industrial que publica el INE proyectadas para julio en torno a seis por ciento alcanzaron un decepcionante 1,9 por ciento. Hacía mucho tiempo que no se observaba una brecha tan importante entre las expectativas del mercado y la realidad.
Respecto del empleo, las cifras del INE para el trimestre mayo-julio muestran que la desocupación se mantiene en un elevado 8,8 por ciento, pero lo más destacable es que, completados ya 12 meses de aplicación de una nueva metodología, es posible realizar comparaciones sobre bases homogéneas. Las cifras de creación de nuevos empleos son bastante más modestas que las que se venían anunciando: la expansión efectiva del empleo durante el primer semestre, medida correctamente, alcanzó a 1,9 por ciento, en circunstancias de que en su oportunidad, con la base antigua, se venía informando 3,0 por ciento. Las cifras ya homogeneizadas indican que en los últimos 12 meses la expansión del empleo está siendo de sólo 0,8 por ciento. Ésta es la realidad objetiva.
En un escenario internacional que está lejos de desmejorar, la causa del problema debe buscarse en factores internos. La incertidumbre que causó a comienzos de año el cambio de Gobierno -porque si bien se mantenía la misma coalición política, quien asumía la Presidencia pertenecía al ala más dura del PS- ha ido siendo reemplazada por la certeza de que el nuevo Gobierno exhibe debilidades: no se observa convencimiento de la necesidad de crear condiciones que orienten nuestra economía al pleno aprovechamiento de su potencial. Excepto el valioso compromiso de mantener una política fiscal responsable, la agenda económica se ha visto contaminada por factores políticos, y vuelven a predominar consideraciones ideológicas. La discusión en torno al proyecto de subcontratación, que culminó con las desafortunadas expresiones del senador Escalona, ilustra esa nueva atmósfera. No debe sorprender, pues, el sostenido deterioro de las expectativas.
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