¿Qué deberían hacer las escuelas cubanas en la era poscomunista?
¿Cómo debería ser la educación en Cuba tras el comunismo? Suponiendo que se produzca una ruptura decisiva con el comunismo —tal como ocurrió, por ejemplo, en los países bálticos, la República Checa y Polonia—, el país tendrá que sustituir la nacionalización por el pluralismo, las pedagogías desacertadas por métodos científicos y el adoctrinamiento por la liberalización.
La educación cubana no ha sido tan buena como ha sostenido el Estado comunista. Paul Peterson of Harvard’s Kennedy School ha demostrado que las aseveraciones del Estado eran demasiado buenas para ser ciertas. Cuba no ha participado en la prueba comparativa internacional PISA. Debería hacerlo lo antes posible.
Fidel Castro nacionalizó las escuelas en 1961. Las escuelas privadas —laicas, católicas y protestantes— deberían ser restituidas a sus propietarios. Según la Constitución precomunista de Cuba de 1940, las escuelas privadas tenían derecho a impartir cualquier materia utilizando cualquier método de enseñanza. Ese derecho debe ser restablecido.
En la actualidad, Cuba cuenta con institutos secundarios de élite, como la Escuela Lenin de La Habana, que con demasiada frecuencia constituyen un privilegio exclusivo para los hijos de los principales cuadros del partido gobernante y personalidades de las fuerzas armadas. Estos deberían funcionar según criterios meritocráticos, al igual que la Bronx High School of Science.
En 1959, el nuevo régimen de Castro decretó que las escuelas cubanas debían adoptar métodos de enseñanza centrados en el alumno y en el aprendizaje activo (también conocido como aprendizaje basado en el descubrimiento o en la indagación). Esto fue desatinado. Aunque estas prácticas son promovidas en las facultades de educación de Estados Unidos, son menos eficaces que las aulas dirigidas por el docente. Afortunadamente, la realidad en Cuba es que las clases actuales están dirigidas por el maestro. Esto debería mantenerse. Cuba también ha utilizado exámenes e indicadores externos, como las calificaciones, para evaluar el progreso de los alumnos. Esta práctica cubana es muy criticada por los observadores educativos progresistas estadounidenses y británicos, pero debería conservarse.
Desde la Campaña de Alfabetización de 1961, Cuba ha utilizado la enseñanza sistemática y explícita de la fonética para enseñar a leer. De nuevo, esto es algo que debería mantenerse.
En nombre de un igualitarismo procusteano, Cuba ha prohibido la agrupación por niveles de habilidad (excepto en las escuelas de élite). Sin embargo, la agrupación por niveles, si se lleva a cabo con cuidado, tiene usos válidos y debería permitirse.
En 1974, Cuba impuso un plan de estudios de matemáticas importado de la comunista República Democrática Alemana. Este plan de estudios era similar a la “Nueva Matemática” estadounidense de la década de 1960, que hacía hincapié en los “conjuntos” y en los “sistemas numéricos en bases distintas de 10”. No solo sus lecciones de matemáticas estaban impregnadas de política comunista, sino que la Nueva Matemática, en la medida en que aún subsiste, debería eliminarse. Este enfoque es demasiado abstracto y no pone suficiente énfasis en las habilidades de cálculo.
Cuba experimentó en 2001 con una enseñanza completamente interdisciplinaria en la educación secundaria básica (grados 7 a 9). El mismo docente impartía todas las asignaturas, excepto idiomas extranjeros, informática y artes. Sin embargo, en la práctica, contar con docentes especializados en disciplinas académicas específicas funciona mejor. Se trata simplemente de aplicar a la educación el principio económico de la división del trabajo. Al igual que en Estados Unidos, Cuba tiene docentes que enseñan todas las asignaturas en los cursos de primaria. Pero China ha obtenido buenos resultados con sus alumnos en estos cursos con un maestro para lengua y literatura y otro distinto para matemáticas.
Los jóvenes cubanos se ven obligados a participar en sesiones públicas de autocrítica. Los Pioneros Exploradores los hostigan con cuestiones políticas. El ideal de Che Guevara del “Hombre Nuevo Socialista” es, en esencia, una persona que se convierte en un instrumento dócil del Estado.
La propaganda y el adoctrinamiento abundan en la enseñanza cubana y deben eliminarse. En el libro ¡Venceremos!, editado para la Campaña de Alfabetización de 1961, el capítulo titulado “La tierra” afirma: “Los campesinos son por fin dueños de la tierra”. Pero esto es completamente falso: el Estado es el propietario de toda la tierra. El Estado la distribuye entre granjas estatales, cooperativas patrocinadas por el Estado y, más recientemente, a agricultores privados seleccionados, todos ellos con cuotas estatales que deben cumplir. Los excedentes de alimentos que superan las cuotas se venden a precios regulados por el Estado.
Cuba cuenta con una variedad de programas que obligan a los estudiantes urbanos a ir a campamentos o escuelas en el campo. Estos programas están ideológicamente relacionados —aunque son menos extremos— con el “Movimiento al campo” de la China comunista (de la década de 1950 a 1978) o el éxodo forzoso al campo llevado a cabo por los Jemeres Rojos en Camboya en 1975. Se trata de un esfuerzo destinado, en parte, a romper con los hábitos y valores burgueses urbanizados de los estudiantes de la ciudad y, en parte, a obtener mano de obra barata para las cosechas de caña de azúcar. Esta ruralización forzada y el trabajo obligatorio son incompatibles con una sociedad libre.
Cuando Jonathan Kozol estuvo en Cuba, preguntó a algunos estudiantes cuál era la definición de libertad y si en Cuba tenían libertad de expresión. Le dieron respuestas mecánicas sobre estar libres de la explotación capitalista.
La libertad es la facultad de hacer lo que uno puede sin interferencias. La libertad de expresión es la expresión que no es interferida por el gobierno. Cuba, bajo el comunismo, no ha disfrutado de ninguna de las dos.
Un activista católico, Dagoberto Valdés Hernández, expresó que dentro de Cuba “se han hecho grandes esfuerzos para que la instrucción pública llegue a todos. El problema aquí es otro: los cubanos no podemos elegir el enfoque filosófico, los métodos pedagógicos, la orientación religiosa, ni el tipo de escuela que queremos para nuestros hijos. …” Valdés Hernández agrega también que “Lo esencial del problema de la educación en Cuba no es el acceso a la instrucción sino la falta de pluralismo dado su carácter ideológico único y excluyente”. Una multiplicidad de tipos de escuelas en la Cuba poscomunista fomentará un mayor aprendizaje y liberará a los individuos.
Traducido por Gabriel gasave
Artículos relacionados
- 26 de agosto, 2003
El Presidente tanzano Benjamin Mkapa abandonará el cargo esta semana en cumplimiento de...
7 de noviembre, 2005- China domina la producción y transformación de materiales críticos.13 de enero, 2025
- En lugar de concentrarse en mejorar sus productos, los emprendedores emplean sus energías creativas para reducir su carga tributaria.17 de abril, 2025









