El Independent Institute y el No Intervencionismo
La misión del Independent Institute es promover con audacia sociedades pacíficas, prósperas y libres, basadas en un compromiso con el valor y la dignidad humana.
¿Por qué iniciamos la definición con “pacíficas”?
En primer lugar, por supuesto, en virtud de que concuerda con la última parte de nuestra declaración de principios: el intervencionismo militar siempre provoca la muerte de seres humanos, individuos con el mismo valor a los ojos de nuestro Creador, que no tienen ninguna culpa en la supuesta justificación de la intervención.
Sí, condenamos el brutal, represivo e ilegítimo régimen iraní, al igual que condenamos de manera inequívoca a los gobiernos totalitarios de cualquier tipo. Como amantes y defensores de la libertad, sentimos un aprecio especial por aquellos que anhelan ser libres.
Estados Unidos es un país nacido de un pueblo que se levantó contra la tiranía y luchó en una larga y sangrienta revolución para asegurar nuestra libertad. Por eso, en este 250º aniversario de la fundación de Estados Unidos, debemos reconocer especialmente que nuestros Fundadores nunca imaginaron ni respaldaron un gobierno que emprendiera aventuras en el exterior, independientemente de cuán noble fuese la causa.
Nuestra postura contra el intervencionismo en el exterior y el complejo militar-industrial tiene sus raíces en la fundación del Independent Institute y en sus continuas investigaciones. Desde el libro Crisis and Leviathan, publicado por Bob Higgs en 1987, hasta nuestra obra más reciente, In Search of Monsters to Destroy, de Chris Coyne y Abby Hall, nuestro trabajo evidencia que prácticamente la totalidad de los programas gubernamentales, incluido el estado del bienestar, surgieron y tuvieron todos sus precedentes en el establishment militar global del gobierno. Prácticamente todos los aspectos del estado del bienestar se concibieron y justificaron inicialmente como una parte “necesaria” del sistema de defensa, normalmente durante la guerra, pero también en tiempos de paz, de maneras que evocaban a la guerra.
Por lo tanto, siempre hemos entendido que, a fin de acotar el tamaño y el alcance de la interferencia del gobierno en nuestras vidas y en los mercados, debemos reducir el vasto aparato de defensa. La socialización o nacionalización de nuestra seguridad es tan incompatible con la libertad como lo es el socialismo en cualquier otro ámbito. De hecho, la Segunda Enmienda fue redactada para consagrar la idea de que los estadounidenses tengan una defensa popular, surgida de la propia ciudadanía, en contraposición a un ejército permanente reclutado para satisfacer las ambiciones políticas de un rey o un presidente.
Cada llamada telefónica, conversación, correo electrónico, mensaje de texto y actividad en Internet es capturada por la NSA y almacenada indefinidamente, desde donde puede ser examinada a voluntad para obtener “evidencia” de cualquier persona cuya “culpabilidad” el Estado desee establecer. (Pero, argumentan: si no tienes nada que ocultar, ¿por qué preocuparte? El jefe de la policía secreta de Stalin, Lavrenti Beria, lo entendía bien: “Muéstrame al hombre y yo encontraré el delito”).
Nuestros departamentos de policía han sido militarizados, equipados con material militar sobrante, incluidos tanques. Hay cámaras colocadas prácticamente en todas partes, con software de reconocimiento y herramientas de inteligencia artificial que mejoran (a veces de forma errónea) la identificación y el seguimiento de personas que simplemente realizan sus actividades cotidianas.
Por lo tanto, resulta simplemente imposible promover con audacia sociedades prósperas y libres sin paz: la guerra y todo el aparato asociado a ella son los enemigos de la prosperidad, y especialmente de las sociedades libres.
Nada de esto es nuevo para el Independent Institute: adoptamos una postura firme el 11 de septiembre cuando emitimos nuestra Declaración sobre los ataques terroristas, y nuestro trabajo tanto antes como desde entonces ha reflejado de manera constante y coherente nuestra clara oposición a los peligros del complejo militar-industrial y de las aventuras en el exterior.
Nuestras esperanzas y oraciones siguen firmes por el pueblo de Irán, y por todos los pueblos del mundo, para que logren con éxito la libertad que justamente buscan.
Instamos a los estadounidenses a luchar por recuperar las libertades que alguna vez valoramos y reconocimos como fundamentales para nuestra propia existencia.
Y continuaremos promoviendo con audacia sociedades pacíficas, prósperas y libres, basadas en un compromiso con el valor y la dignidad humana, tal como lo hemos hecho durante los últimos 40 años.






