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La esquizofrenia de la alerta elevada
3/11/2010
Charles V. Peña

El ciclo noticioso de la semana pasada giró en torno a la advertencia a los estadounidenses sobre los viajes en Europa debido a la preocupación acerca de un posible ataque terrorista—como resultado de información proporcionada por Ahmed Sidiqi, una supuesto militante alemán actualmente bajo custodia de los EE.UU. en Afganistán, acerca de un ataque al “estilo Mumbai” contra objetivos europeos.

Otro factor se trató de cinco alemanes muertos por un ataque estadounidense con misiles en Pakistán cerca de la frontera afgana, quienes se creía se encontraban en la región para recibir entrenamiento terrorista y que eran parte de un complot descrito por Sidiqi. Sin embargo, el complot parece ser una conspiración general para cometer actos de terrorismo en lugar de un plan específico para atacar un objetivo (u objetivos) en particular.

De acuerdo con un boletín de inteligencia de los EE.UU., al Qaeda sigue deseando atacar a los Estados Unidos. Pero eso no debería ser una noticia ni una gran sorpresa. Y de inmediato, el boletín afirma que no hay nada específico o inminente relacionado con algún complot europeo. De hecho, tanto el FBI como el Departamento de Seguridad Nacional (DHS es su sigla en inglés) dijo que no tienen indicios de que los terroristas tengan como objetivo a ciudadanos estadounidenses como parte de una nueva amenaza a Europa. Así que ¿por qué el Departamento de Estado aconsejó a los estadounidenses que viven en Europa o viajan hacia allí tomar más precauciones?

El ex secretario del DHS, Michael Chertoff dijo al programa Good Morning America de la cadena ABC, “no ande por ahí con la bandera americana en su espalda”. Sin embargo, el ministro del Interior alemán Thomas de Maizière afirmó que la amenaza terrorista es un “peligro alto pero abstracto” y que “no hay razón para ser alarmistas en este momento”. Si todo esto suena familiar, así debería hacerlo. Es una reminiscencia de cuando el sistema de alerta de la seguridad nacional con códigos de color fue introducido.

En numerosas ocasiones, el gobierno emitió advertencias sobre posibles amenazas terroristas. A veces el nivel de alerta pasaría de amarillo (riesgo significativo de ataques terroristas) a naranja (riesgo elevado de ataques terroristas). Pero en otros casos habría advertencias sin ningún cambio en el nivel de alerta. (No sólo es difícil determinar cómo las advertencias sobre las amenazas se relacionan con el nivel de alerta; dado que no ha habido ningún ataque terrorista independientemente del nivel de alerta, es difícil saber si el nivel de alerta hace alguna diferencia en absoluto). E invariablemente, las advertencias de peligro y los cambios en el nivel de alerta podría ir acompañado de un mensaje al público en general para que continúe con su vida normal y cotidiana.

Así que, aunque el gobierno esté alertando de que algo malo podría ocurrir, no se preocupe. . . siga saliendo de compras.

Por lo tanto, ¿qué se supone que hagan los estadounidenses? ¿No viajar a Europa? ¿O marcharse si ya están allí? ¿Mantenerse alejados de los lugares de alto perfil que podrían ser objetivos terroristas lucrativos? Por ejemplo, la Torre Eiffel fue evacuada en dos ocasiones en septiembre debido a amenazas de bomba (por suerte, ambas fueron una falsa alarma—como lo fue una amenaza de bomba que obligó a que fuese evacuada una importante estación de tren de París). Lamentablemente, los turistas que desean visitar la Torre Eiffel se encuentran más propensos a ser aterrorizados por los sindicatos franceses, que obligaron a la clausura del monumento más visitado de Francia en el marco de las huelgas en protesta por el plan del gobierno de Sarkozy de aumentar la edad jubilatoria de 60 a 62 años.

Desde luego, sería irresponsable si el gobierno ignorase por completo la amenaza del terrorismo y se quedase de brazos cruzados. Sin embargo, las advertencias—entonces y ahora—se suman a la esquizofrenia de la alerta elevada. Si la amenaza es real, entonces díganlo y avisen a la gente exactamente lo que necesita hacer a fin de reducir su exposición y riesgo. Pero si la amenaza es más general y ubicua, entonces no eleven innecesariamente los niveles de ansiedad de la gente.

Finalmente, aquí hay dos cosas a considerar. En primer lugar, como dijo Sutholt Berliner Marian de 25 años, “Si usted se preocupa todo el tiempo, en verdad cumple exactamente con lo que desean los terroristas”. En otras palabras, si vivimos nuestras vidas en el miedo y el terror entonces estamos, en efecto, permitiéndonos estar aterrorizados. De hecho, la amenaza del terrorismo es parte de la nueva vida normal en el mundo posterior al 11 de septiembre de 2011. En segundo lugar, uno tiene que preguntarse si Osama bin Laden se está riendo de nosotros desde una cueva en algún lugar de Pakistán—mirando a los gobiernos reaccionar (o sobrereaccionar) a por lo general amenazas vagas de gente mala con ganas de hacer cosas malas. Peor aún, Sidiqi puede ser real, pero lo que nos está diciendo puede ser nada más que desinformación.

Traducido por Gabriel Gasave


Charles V. Peña es ex Investigador Asociado Senior en el Independent Institute así como también Asociado Senior con la Coalition for a Realistic Foreign Policy, Asociado Senior con el Homeland Security Policy Institute de la George Washington University, y consejero del Straus Military Reform Project.




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