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Celebrando una guerra nauseabunda
12/5/2010
Ivan Eland
San Francisco Examiner, Herald News

Para suavizar la tormentosa relación con el presidente afgano, Hamid Karzai, el Presidente Barack Obama está tendiéndole una alfombra roja a Karzai y su comitiva en Washington, DC. El vicepresidente Joe Biden, quien en el pasado se ha ofuscado en franca hostilidad para con Karzai, prepara una cena de “borrón y cuenta nueva” para el líder afgano.

Todo esta alharaca es el reconocimiento tardío por parte de la administración Obama de que Karzai es débil y corrupto pero es la única opción en Afganistán. Por supuesto, si la Guerra de Vietnam sirve de indicio, estar encadenado a un líder local sin legitimidad a nivel nacional suele ser la partida de defunción del esfuerzo de toda la guerra. Muchos historiadores consideran que los EE.UU. perdieron la guerra incluso antes de la escalada, cuando el presidente John F. Kennedy apoyó tácitamente un golpe de Estado contra Ngo Dinh Diem en 1963. Después de eso, los corruptos líderes sur-vietnamitas gobernaron Vietnam del Sur, dándoles a los comunistas la oportunidad de ganar los corazones y las mentes del pueblo y la eventual victoria.

El Presidente Lyndon B. Johnson, quien efectuó una escalada bélica tras el deceso de Kennedy, ha sido criticado desde entonces por los militares estadounidenses por no permitir hacer todo lo necesario para ganar. Pero las limitaciones marciales de LBJ tuvieron un poco más de sentido cuando nos damos cuenta de que estaba tratando de evitar una guerra total con una gran potencia comunista, tal como había ocurrido de manera desastrosa durante la Guerra de Corea, y nunca tuvo la intención de ganar la Guerra de Vietnam. LBJ estaba preocupado, incluso antes de que incrementase la guerra, de que el conflicto se convirtiese en un atolladero y sólo estaba tratando de inclinar el combate en favor de los EE.UU. para obligar a los nor-vietnamitas y al Viet Cong a alcanzar una solución negociada. Pero los fervorosos comunistas nunca se propusieron hacer concesiones.

Obama está intentando la misma estratagema en Afganistán. Su objetivo declarado es erradicar a al-Qaeda y degradar, mediante la escalada de la presencia militar estadounidense, al Talibán afgano en el campo de batalla hasta el punto en el cual los Estados Unidos puedan negociar un mejor trato con ellos. El principal problema de esta estrategia es que, a diferencia de Vietnam, Obama ha señalado su intención de comenzar a retirar las fuerzas de los EE.UU. en el verano boreal del año próximo. De modo tal que el entusiasta Talibán tiene todos los incentivos para simplemente esperar pacientemente a Obama, que ya se encuentra haciendo frente a una guerra impopular en el país, al igual que lo hicieron Lyndon B. Johnson y Richard Nixon en Vietnam.

Además, incluso en la infortunada Guerra de Vietnam, el objetivo último del gobierno de los EE.UU. era claro—evitar que los comunistas invadiesen Vietnam del Sur. El propósito de esta guerra es la vaga noción del presidente de que Afganistán, no Irak, debería ser el frente central en la guerra contra el terror. A qué se debe esto, no queda claro. Después de todo, el Talibán afgano parece haber aprendido su lección y no está permitiendo el entrenamiento en el territorio que controla de al-Qaeda, cuya dirigencia es probable que se haya mudado a Paquistán hace mucho tiempo. Por otra parte, la odiada presencia estadounidense en Afganistán y los ataques de los EE.UU. con aeronaves no tripuladas contra los talibanes paquistaníes—cuyo enemigo es más bien el gobierno de Paquistán—han desestabilizado a Paquistán y torna real la posibilidad de que los militantes islámicos podrían eventualmente hacerse cargo del gobierno de Paquistán, el cual cuenta con armas nucleares.

Tal vez igual de malo, los talibanes paquistaníes, que habían estado limitando sus esfuerzos a desestabilizar al gobierno de Pakistán, se encuentran actualmente colaborando con los intentos de ataques terroristas en los Estados Unidos. Al igual que en Yemen y Somalia, los Estados Unidos han convertido a grupos que principalmente se preocupaban de cuestiones locales en sus nuevos enemigos islámicos. En el caso de Yemen, los Estados Unidos habían incrementado su asistencia al gobierno de Yemen en su lucha contra los militantes locales cuando éstos le encomendaron al terrorista que llevaba una bomba entre su ropa interior que hiciese estallar un vuelo estadounidense.

El Presidente Obama, como su predecesor, George W. Bush, ha rechazado la evidente relación entre las ocupaciones estadounidenses de los países musulmanes en Irak y Afganistán y el aumento del terrorismo contra objetivos de los EE.UU., afirmando que dichas ocupaciones no existían el 11 de septiembre de 2001. Por supuesto, Osama bin Laden ha declarado en reiteradas ocasiones que su principal razón para atacar el 11/09/01, antes, y desde entonces, ha sido la intervención militar y la ocupación de los EE.UU. de países islámicos.

John O. Brennan, el consejero en jefe en materia de contraterrorismo de Obama en la Casa Blanca, ha ido más allá y sostuvo que los ataques no tripulados de la administración en Paquistán han desequilibrado a “estos grupos terroristas”, dificultando sus ataques contra objetivos de los EE.UU.. “Debido a nuestro éxito en la degradación de las capacidades de estos grupos terroristas en el extranjero, impidiéndoles llevar a cabo estos ataques, ellos se encuentran hoy día relegados a tratar de realizar estos ataques poco sofisticados, evidenciando que tienen torpes capacidades para el entrenamiento”. Se le pasó a Brennan que ante todo los ataques terroristas no estarían ocurriendo sin el agresivo comportamiento de los EE.UU. en tierras islámicas—por ejemplo, los motivos del paquistaní que asistido por el Talibán intentó provocar una explosión en Times Square fueron claramente la escalada de Obama de los ataques no tripulados de la administración Bush contra objetivos a los talibanes paquistaníes.

El propósito original de la guerra en Afganistán fue el de erradicar la base de operaciones de al-Qaeda en Afganistán. Al-Qaeda probablemente se encuentre actualmente en Paquistán. Los Estados Unidos, con sus guerras de edificación de naciones en Afganistán e Irak, parecen estar luchando contra todo el mundo en lugar de concentrarse en aquellos que atacaron a los EE.UU. el 11/09. La incapacidad del gobierno estadounidense para distinguir entre al-Qaeda, con ambiciones globales, y los talibanes afganos y paquistaníes, con sus metas locales, meramente ha generado más enemigos, incluyendo a aquellos que comenzarán a atacar los Estados Unidos. ¿Cómo están los estadounidenses volviéndose más seguros mediante esta guerra?

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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