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Una política estadounidense agresiva e hipócrita para con Irán
14/7/2008
Ivan Eland

Los chovinistas medios noticiosos estadounidenses se han concentrado en la perversa prueba de misiles de Irán y la indignada reacción de la administración Bush, al tiempo que dejan de lado algunas de las principales causas del acontecimiento. Mientras los iraníes comenzaban toda esta reyerta, los medios citaban a Gordon Johndroe, el vocero de la Casa Blanca, ladrando, “El régimen iraní solamente fomenta el aislamiento del pueblo iraní de la comunidad internacional cuando se involucra en esta clase de actividad”. La prensa de los EE.UU. informó luego acerca de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice afirmando encrespada que los Estados Unidos defenderán a sus aliados y protegerán sus intereses ante un ataque.

Los medios podrían haberle dado idéntico énfasis a la reciente retórica y comportamiento estridente de Israel y la administración Bush respecto de Irán, pero no lo hicieron. La administración Bush no solamente ha declinado intencionalmente descartar una acción militar en contra de Irán, sino que los Estados Unidos estuvieron realizando provocativas maniobras navales en el Golfo Pérsico cerca de Irán antes de la prueba misilística iraní. Además, el mes pasado, según funcionarios de la inteligencia estadounidense, Israel realizó un ejercicio que simulaba un ataque contra instalaciones nucleares iraníes. En la prensa estadounidense, estas provocaciones tienden a quedar sepultadas bajo titulares sensacionalistas que implican la agresividad iraní en el lanzamiento de los misiles. Por ejemplo, el titular de un artículo sobre el tema en el New York Times decía, “Irán lanza 9 misiles en Juegos de Guerra, uno de ellos podría alcanzar a Israel”.

A través del lanzamiento de los misiles y mediante la contundente afirmación de que si es atacado, un contraataque contra Israel y la flota estadounidense tendría lugar, Irán estaba meramente tratando de disuadir cualquier ataque potencial israelí o de la administración Bush antes de los comicios en los Estados Unidos. Irán—no Israel o los EE.UU.— tiene temor de ser atacado.

El público estadounidense asume que al ser los Estados Unidos una democracia eso automáticamente se traduce en estar acertados en las disputas de ultramar. Pero las estadísticas demuestran que las democracias no son menos agresivas en el exterior que las no-democracias. En verdad, por lejos el país más agresivo tras la Segunda Guerra Mundial—si se mide en base a las intervenciones militares e encubiertas—son los Estados Unidos. Irán puede que esté apoyando de manera indirecta a las milicias en Irak, Gaza y el Líbano, pero los Estados Unidos, solo desde 2001, han invadido y ocupado dos países y cambiado a sus gobiernos empleando la fuerza armada.

Irán quedó de manera permanente del lado equivocado de la política estadounidense después de su revolución islámica fundamentalista y de la toma de diplomáticos estadounidenses como rehenes en 1979. Sin embargo, el pueblo estadounidense nunca ha tenido en cuenta qué es lo que provocó el estallido del veneno anti-norteamericano. En 1953, la CIA expulsó a Mohammed Mossaddeq, el líder electo de Irán, debido a que nacionalizó los intereses petroleros británicos. El gobierno estadounidense reinstaló y apoyó al brutal Sha, quien gobernó hasta la revolución de 1978, y apropió el 40 por ciento del petróleo de Irán a favor de las compañías petroleras estadounidenses.

De esta manera, las pruebas de misiles iraníes y la toma de los rehenes estadounidenses evidencian que solamente en el principio de la incertidumbre de la física cuántica de Heisenberg y en la opinión pública estadounidense son acontecimientos sin causa. Además, el público estadounidense tiene la impresión de que Irán es un Estado totalitario de gente que viste extraños atuendos al estilo Darth Vader. Pero Irán posee algunas tendencias democráticas, muchas más que Egipto y Arabia Saudita, los despóticos aliados de los EE.UU..

Además de ser excesivamente beligerante, la política hacia Irán de la administración Bush está cargada de hipocresía. A pesar de todo el blandir del sable y las “astringentes” sanciones económicas contra Irán, el comercio de los Estados Unidos con Irán se ha incrementado diez veces durante la administración Bush—de $9 millones en 2001 a $146 millones el año pasado. Y de los $546 millones en comercio acumulado durante ese periodo, $169 millones, o casi un tercio, fueron cigarrillos. Sería ser demasiado cínico asumir que la administración Bush tiene un insidioso plan para socavar al régimen y al programa nuclear iraní generándole a la población iraní cáncer de pulmón; este vericueto en las sanciones claramente beneficia a la industria tabacalera estadounidense, que está muy vinculada al Partido Republicano.

Más hipócrita es aún la renuencia estadounidense a negociar con aquellos que creen en un islán fundamentalista, mientras negocia e incluso les paga a grupos seculares hostiles para que no disparen contra las tropas estadounidenses. Los Estados Unidos han venido rehuyendo negociar con el gobierno iraní y protestan cuando el gobierno paquistaní negocia con los militantes islamistas en su país. Mientras tanto, los EE.UU. han negociado con, y esencialmente les pagaron a, los guerrilleros seculares sunitas en Irak, que han asesinado a miles de soldados estadounidenses, para que se cambien de bando en ese conflicto.

A pesar de que Irán no está libre de autoritarismo, tiene un gobierno fundamentalista islámico que resulta extraño a Occidente, y probablemente está intentando obtener armas nucleares en virtud de que habita un vecindario difícil y teme un ataque israelí o estadounidense, los EE.UU. precisan deponer su postura agresiva e hipócrita y emprender un intento sincero de negociar la retirada del programa nuclear de Irán. Si eso no puede lograrse, los Estados Unidos deberían disuadir un ataque nuclear iraní empleando sus formidables arsenales de armas convencionales y nucleares—tal como hicieron con la radical China maoísta y más recientemente con Corea del Norte.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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