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Kissinger aconseja mal a Bush respecto de Irak
2/10/2006
Ivan Eland

El líder del cauteloso “establishment” de la prensa, Bob Woodward, ha finalmente descargado ambos cañones de la escopeta contra la política de Irak de la administración Bush, en su nuevo libro, State of Denial. El jaleo de los medios que rodea al libro se ha concentrado básicamente en los engaños de la administración respecto del lamentable estado de cosas en Irak y los intentos de Andrew Card, con la aparente bendición de Laura Bush, de despedir al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Ninguno de estos hechos sorprende. La verdadera sorpresa en el libro de Woodward ha recibido menos atención: El principal consejero de la administración Bush durante la guerra ha sido Henry Kissinger.

Kissinger, según el libro de Woodward, aparentemente ha convencido a la Casa Blanca de Bush de que cualquier retiro de tropas de Irak iniciará una oleada de presión pública para retirar a todos los efectivos estadounidenses de ese país. Probablemente esté acertado en este análisis. Pero Kissinger pasó por alto la principal lección de Vietnam y está ahora omitiéndola en Irak. Tal como lo saben los generales de los Estados Unidos en Irak, matar a un número mayor de insurgentes sunnitas y milicianos chiítas que las pérdidas de los Estados Unidos de sus propias tropas no ganará una guerra que es fundamentalmente política. Como lo ha destacado el Teniente General William Odom (RE), ex Director de la Agencia Nacional de Seguridad y opositor a la guerra, la situación en Irak seguirá deteriorándose y los Estados Unidos eventualmente se verán obligados a retirarse de Irak. Por lo tanto, una retirada más rápida, en vez de una más lenta, según Odom, ahorrará vidas y dinero estadounidenses y recuperará lo que queda del prestigio internacional de los Estados Unidos. Sí Nixon y Kissinger hubiesen seguido un concejo similar en Vietnam, los Estados Unidos, sus fuerzas armadas, y su reputación internacional no hubiesen sido empañadas por cuatro años adicionales de guerra. Y aún peor que en Vietnam, la prolongada ocupación estadounidense de Irak está alimentando y empeorando la amenaza del terrorismo islámico a los Estados Unidos, según un informe de las propias agencias de inteligencia de Bush.

Más sorprendente aún, el libro de Woodward indica que el General John Abizaid, el actual jefe del comando militar de los EE.UU. que supervisa la guerra de Irak, le dijo al representante estadounidense John Murtha, un ex Infante de Marina condecorado que defiende una rápida retira estadounidense de Irak, que estaba muy cerca de coincidir con la posición del congresista. Cuando el comandante a cargo de la guerra de Irak considera que las fuerzas estadounidenses deberían ser rápidamente retiradas de ese país, ese hecho debiera ser la gran noticia. Pero lamentablemente no lo es.

Consultar a Kissinger acerca de cómo “ganar” con éxito una guerra de contrainsurgencia es como buscar el consejo de Mel Gibson en materia de relaciones públicas. Richard Nixon y Henry Kissinger llegaron al gobierno en 1969 prometiendo sacar a los Estados Unidos de Vietnam, a la vez que conseguirían una “paz con honor”. Cuatro años y 22.000 victimas fatales estadounidenses más tarde, Nixon y Kissinger firmaron un acuerdo de paz para cuidar la imagen que hubiesen podido obtener apenas llegaron al gobierno. El acuerdo final meramente proporcionó un “intervalo decente” entre el retiro de las tropas estadounidenses y la caída del régimen de Vietnam del Sur en manos de los comunistas.

Sin embargo, la versión de Kissinger de estos acontecimientos es que para 1972, los Estados Unidos virtualmente habían ganado la Guerra de Vietnam, pero el Congreso y el pueblo estadounidense la perdieron cuando todo parecía ganado. A pesar de que el bombardeo estadounidense de Vietnam del Norte en la ofensiva aérea Linebacker II de 1972 y las amenazas de utilizar armas nucleares probablemente llevaron a los norvietnamitas a negociar más seriamente, el argumento de Kissinger de que los Estados Unidos habían “ganado” la guerra es una fantasía. Ninguna de las partes de las negociaciones resultante creía que los norvietnamitas iban a honrar el Acuerdo de Paz de Paris después de que los Estados Unidos se fueran. Incluso si alguno considera que los Estados Unidos habían Ganado la guerra militarmente, una eficaz campaña de contrainsurgencia exige también ganar políticamente. Debido a que los norvietnamitas estaban luchando por su propio país y los Estados Unidos estaban meramente combatiendo en alguna jungla lejana, los norvietnamitas estaban preparados para padecer victimas horrendas a fin de expulsar a los estadounidenses. Para 1972, Nixon y Kissinger contaban con la mayor parte del apoyo popular para la pesada ofensiva Linebacker II, y ellos, no el público, fueron quienes estaban tratando de presionar a los norvietnamitas para darles un acuerdo de paz “espectacular” que era una mera hoja de parra. Si los Estados Unidos estaban ganando la guerra, uno debería preguntar por qué Nixon y Kissinger estaban tan ansiosos por salvar lo que quedaba del honor de los Estados Unidos. En 1972, incluso el propio Kissinger claramente deseaba terminar la guerra.

Incluso si el Congreso y el pueblo estadounidense fuesen culpables por la pérdida de la Guerra de Vietnam, tal como sostiene Kissinger, los políticos deberían tener en cuenta que las democracias no permitirán un desperdicio de vidas y dinero indefinido para ganar una guerra que poco tiene que ver con la seguridad nacional. Y la administración Bush, tras la experiencia de Vietnam, debería haber sabido que el público se cansa rápido de tales aventuras militares innecesarias.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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