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La intervención en Kosovo resalta el aprovechamiento europeo
11/5/1999
Ivan Eland

Nuestros ataques militares contra Serbia han sido presentados por la administración Clinton como una misión de la OTAN—un verdadero esfuerzo multilateral con nuestros aliados europeos. Pero la realidad es muy diferente.

Para apoyar la ficción de que la OTAN es la fuerza motora detrás de la acción militar, el Pentágono ha dispuesto que sean los funcionarios europeos de la OTAN en Bruselas quienes informen al mundo respecto de las operaciones en curso en los Balcanes. Se paran detrás de podios engalanados con el logotipo de la alianza y reparten sumarios con el membrete de la “OTAN” estampados en ellos. Pero las fuerzas en peligro son básicamente estadounidenses. Y los Estados Unidos han contribuido con un estimado 65 a 75 por ciento del costo del esfuerzo bélico hasta la fecha.

Una vez que la provisión de poder aéreo alcance las 1.000 unidades, los aviones estadounidenses representarán alrededor del 80 por ciento de las aeronaves involucradas en la operación. Aún antes de esa acumulación, una fuente anónima de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos destacó que las aeronaves estadounidenses se encontraban volando el 90 por ciento de las misiones de combate. (El Pentágono está suprimiendo la información oficial sobre el número de misiones que cada nación de la OTAN ha llevado a cabo.) El porcentaje estadounidense se incrementará a medida que las fuerzas aumenten.

Esta asunción unilateral del esfuerzo es el resultado de la vasta superioridad de los EE.UU. en aeronaves disponibles, armamentos, electrónica para el campo de batalla, celeridad y logística móvil y activos de apoyo.

Los efectivos de los EE.UU. constituirán también un porcentaje desproporcionado de las fuerzas terrestres en una invasión de Kosovo o de Serbia. De acuerdo con el Mayor General retirado del Ejército Edward Atkeson, el 50 por ciento de cualquier fuerza terrestre de la OTAN sería estadounidense debido a que “tenemos el mejor equipo.”

Los Estados Unidos poseen mejores capacidades militares—por ejemplo, en logística y en activos de apoyo tales como camiones, equipamiento para el transporte, equipamiento para el manejo de municiones, unidades de mantenimiento, ingenieros de combate, policía militar y unidades médicas—en áreas donde los aliados son gravemente deficientes.

Cuando la OTAN presentó su primer concepto estratégico con posterioridad a la Guerra Fría, en el año 1991, los europeos prometieron mejorar la movilidad de sus fuerzas de aire y de tierra de manera tal que las mismas pudiesen llevar a cabo operaciones fuera del territorio de la OTAN más fácilmente. En los ocho años transcurridos desde entonces, han hecho muy poco progreso.

En la cumbre de la OTAN de la semana pasada en Washington, los miembros europeos acordaron contar con una nueva estructura burocrática a fin de “coordinar” las futuras actualizaciones en las capacidades logísticas y en la obtención de armamentos, pero no mucho más que eso.

En verdad, existe actualmente preocupación en la alianza de que las fuerzas estadounidenses puedan volverse tan superiores respecto de los demás miembros, que las fuerzas de la OTAN ya no sean más capaces de operar juntas. Esta disparidad en la capacidad surge de la amplia brecha en el gasto militar entre los Estados Unidos y sus aliados: los Estados Unidos gastan aproximadamente $280 mil millones por año en concepto de defensa nacional mientras que el mayor de nuestros aliados de la OTAN gasta apenas una fracción de dicha suma.

Gran Bretaña gasta cerca de $40 mil millones, Francia unos $30 mil millones, Alemania aproximadamente $25 mil millones e Italia unos $20 mil millones. Y dada la gran disparidad en las contribuciones al esfuerzo bélico contra Serbia entre los EE.UU. y sus aliados, los EE.UU. soportarán también la carga de los gastos suplementarios que serán necesarios para llevar adelante la guerra: dinero para reponer a los misiles utilizados y las municiones y el combustible para el equipamiento de mantenimiento extra. (La administración Clinton ha presentado una engañosa estimación de $6 mil millones para financiar al combate aéreo hasta el mes de septiembre, pero la eventual factura alcanzará al menos los $16 mil millones si son empleados los efectivos de tierra.)

Si los Estados Unidos continúan rescatando a los europeos aún de conflictos de seguridad menores, tales como las pequeñas guerras civiles en remotas partes de Europa como la de Kosovo, los europeos nunca gastarán el dinero necesario para proveerse de las capacidades militares adecuadas para manejar dichas situaciones por sí mismos.

Como siempre, los Estados Unidos se preocupan más respecto de la seguridad europea que los propios europeos y parecieran estar deseosos de pagar los costos tanto en sangre como en tesoros cuando perciben que dicha seguridad se encuentra amenazada.

Pero Kosovo no presenta amenaza alguna. La administración Clinton eleva el persistente espectro de otra conflagración por toda Europa, implicando que el actual conflicto en los Balcanes es de alguna manera comparable a la situación previa a los albores de la Primera Guerra Mundial. Pero esa simplemente no es una comparación válida.

Por entonces, algunas de las grandes potencias europeas se encontraban de manera activa procurando beneficios en los Balcanes. En la actualidad, los países de Europa no abrigan designios territoriales y tan sólo buscan la estabilidad en la región. Pese al alboroto de Rusia, la misma no es una excepción y en la actualidad se encuentra demasiado débil como para defender de manera agresiva a los intereses serbios incluso si desease hacerlo. Poniéndolo en términos simples, los Estados Unidos carecieron de intereses vitales en Yugoslavia durante la Guerra Fría y no poseen ninguno en la actualidad.

Si los Estados Unidos continúan rescatando a sus aliados europeos de las pequeñas guerras a baja escala, los mismos estarán condenados a hacerlo eternamente. Los europeos continuarán “viajando gratis“ y jamás se pondrán a desarrollar las ágiles fuerzas militares que se precisan para acabar con dichos combates a baja escala.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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