A Venezuela y Argentina no les gusta la PISA: Por una educación revolucionaria y bolivariana

Todo parece
indicar que una educación revolucionaria es, sobre todo, secreta. Desde 1999,
desde que Hugo Chávez asumió la presidencia, que Venezuela no desarrolla
ninguna evaluación internacional de su calidad educativa. Y lo que es todavía
más llamativo: en casi 14 años de gobierno, sólo una vez tomó una prueba
nacional a sus estudiantes.
Entre las
evaluaciones internacionales, allí está la prueba PISA, por ejemplo, la ya
archiconocida evaluación de estudiantes de 15 años que administra la
Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) desde el año
2000. En su última edición, 2009, participaron 65 países, 9 de América latina,
incluida la Argentina. Venezuela no estuvo entre ellos.
PISA, pese a todo
Sabemos: la
prueba PISA despierta polémicas. Compara peras con manzanas, se quejan algunos,
realidades de chicos en sistemas educativos de países ricos con realidades de
chicos de países pobres, que a los 15 años quizás estén rezagados en la
escuela.
Lo que está
claro es que PISA es una herramienta a perfeccionar, pero no a eliminar ni
rechazar. Al contrario, aporta información clara sobre progresos y retrocesos
educativos y sobre cómo la situación socio económica impacta en la performance
escolar. Por el momento, es la evaluación más rigurosa y prestigiosa.
Todo parece
indicar que una educación revolucionaria es, sobre todo, secreta
¿Dónde están
los mejores alumnos en el mundo? Si esa es la pregunta, PISA lo pone en blanco
y negro. Como mínimo, a los padres nos permite preocuparnos. O indignarnos. Al
gobierno, con suerte, mejorar sus políticas educativas. No es poca cosa.
PISA inquietó a los argentinos,
y al gobierno de Cristina Kirchner especialmente, en 2010 cuando se supo que
los argentinos de 15 años estaban en peor situación educativa que los chilenos,
los uruguayos, los mexicanos, los colombianos y los brasileros, en ese orden.
La Argentina cayó al puesto 58 en un listado de 65.
"Maliciosa".
Así calificó a la prueba PISA el ministro de Educación, Alberto Sileoni, en
diciembre de aquel año cuando se conocieron los resultados. Algunos
funcionarios propusieron salirse de PISA, molestos por tantas cifras negativas.
Pero ni
siquiera la administración kirchnerista, que tiene una predisposición genética
similar a la de Chávez con otras estadísticas -las desconoce, las recrea a su
gusto o las prohíbe-, se animó a tanto, y este año, en agosto, quinceañeros de
escuelas públicas y privadas de la Argentina volvieron a rendir la prueba PISA.
Si no es PISA,
otra herramienta internacional de la calidad educativa son las pruebas Serce,
administradas por la Unesco entre países latinoamericanos. Algunos pedagogos
las consideran más apropiadas para la realidad de la región. Aunque le va tan
mal como en PISA, la Argentina no le escapa y también acepta esa evaluación.
Participan 16 países de América latina y el Caribe, entre ellos, Cuba. Al
contrario, la Venezuela de Chávez no participa.
En contra de un Indec educativo
Las
evaluaciones de la calidad educativa son relativamente nuevas en algunos países
de América latina. Chile y Brasil son los que tienen una tradición más larga
evaluando los resultados de sus sistemas escolares: lo hacen desde 1988. En la
Argentina, el sistema de evaluación de la calidad se creó en 1993, a partir de
la Ley Federal de Educación. Pero la evaluación de la calidad educativa está
entre las políticas con mayor legitimidad.
"Fue una
medida muy positiva de los noventas. Tenemos que tener pruebas de evaluación de
calidad. Es básico. Eso sí quedó del menemismo", me comentaba la
especialista en educación Silvina Gvirtz hablando de estos temas el año pasado.
Hoy, las naciones modernas, no importa si desarrolladas o emergentes, dan la
bienvenida a las evaluaciones.
Ni siquiera la
administración kirchnerista, que tiene una predisposición genética similar a la
de Chávez con otras estadísticas, se animó a tanto
Pero en
Venezuela, el gobierno de Chávez no quiere ni siquiera malas noticias generadas
en sus propias filas: en los casi 14 años de chavismo, sólo se realizó en ese
país una prueba nacional de calidad en 2003, la del Sistema Nacional de
Medición y Evaluación del Aprendizaje (Sinea). La felicidad no fue completa:
los resultados no se hicieron públicos.
Las
conclusiones que llegaron a filtrarse fueron preocupantes. En matemática y
lengua, los alumnos no llegaron a responder correctamente la mitad de las
preguntas. En nociones lingüísticas, geometría e informática, la mayoría se
ubicaba en el nivel de "no logro". Y las escuelas bolivarianas,
creadas en 1999 por el chavismo precisamente para mejorar la educación,
mostraron los mismos resultados poco prometedores.
Pese a todo,
algo empieza a saberse fehacientemente de la calidad educativa venezolana: en
julio de este año hubo una novedad importante. Se conocieron los resultados de
PISA para la única provincia de Venezuela que solicitó su participación en PISA
Plus 2009, la prueba ampliada que se realizó en 2010 y que evaluó a otras 10
economías. Se trata del estado venezolano de Miranda, gobernado hasta hace poco
por el ex candidato presidencial derrotado en las últimas elecciones,
Henrique Capriles Radonski.
PISA Plus es
contundente: el 60% de los alumnos de Miranda no supera las competencias básicas
en matemática y el 42% no lo hace con las competencias básicas en lectura.
¿Por qué esta
negación a dejarse evaluar por parte de la administración de Chávez?
De todas
maneras, a la provincia de Miranda le fue mejor que a la Argentina en PISA en
las tres dimensiones evaluadas, lectura, matemática y ciencias. Sin embargo,
las cifras preocupan al Director de Educación del estado de Miranda, Juan
Maragall, que me explica por teléfono desde Caracas: "Miranda, junto con
otros dos estados, han reportado mejor rendimiento en la evaluación nacional de
2003. Si Miranda muestra deficiencias importantes, no es descabellado pensar
que el resto del país está en una situación equivalente o inferior". Pero
cómo saberlo: no hay información confiable sobre la calidad educativa nacional.
¿Por qué esta
negación a dejarse evaluar por parte de la administración de Chávez? "El
gobierno nacional nunca ha sido amigo de compararse internacionalmente",
me contesta Maragall.
Mi insistencia
por contactar un funcionario del ministerio del Poder Popular para la Educación
de Venezuela que dé su perspectiva es infructuosa. "Siempre en miras de
hermanar aún más a los países de nuestra América", al fin me contesta por
mail, con entusiasmo militante, la encargada del área de prensa del ministerio,
que me promete entrevista con la ministro de Educación, Maryann Hanson. Pero
tanta hermandad no dará ningún fruto y esperaré en vano una respuesta oficial.
Me quedo con
las ganas de escuchar justificaciones a lo injustificable. Para ser todavía más
clara: rechazar PISA o Serce o cualquier evaluación internacional, y negar la
necesidad de administrar evaluaciones nacionales de calidad educativa es tan
poco inteligente como ser un atleta con aspiraciones olímpicas y jamás
cronometrar la carrera.
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