Estados Unidos: 231 años de libertad
Por Alberto Acereda
Diario de América
Estados Unidos celebra hoy día 4 de julio su día nacional: el Día de la Independencia. Han pasado ya doscientos treinta y un años desde que medio centenar de hombres se atrevieron a firmar un documento en Filadelfia donde declaraban su independencia respecto a la corona inglesa. Fue aquel un valiente testimonio de libertad que marcó el inicio de Estados Unidos como nación soberana y que cambiaría la historia de la humanidad.
Aquellos hombres sostuvieron como evidentes estas verdades: que todos los seres humanos son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos derechos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar tales derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrezca las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad.
Sobre estos sólidos cimientos se forjó el edificio político, cultural y social que hoy es Estados Unidos: la nación más libre del planeta, la nación que después formularía su Constitución y que hoy sigue siendo ejemplo de libertad, esfuerzo individual y grandes avances humanos. Gracias a todo ello, Estados Unidos ejemplifica todavía hoy la realidad de que la libertad, la igualdad de oportunidades y la justicia son posibles para todos.
Por eso y por defender los principios más inalienables de todo ser humano, ese edificio que es Estados Unidos quiere ser derribado por los totalitarismos, por el mismo islamo-estalinismo que ya derribó el 11 de septiembre de 2001 las dos torres de Nueva York. Casi seis años después, Estados Unidos sigue luchando casi en soledad por impedir que se destruya su edificio político y moral. Ese es el objetivo al que ahora apunta el terrorismo yihadista y, con él, todas aquellas tiranías de la tierra que precisamente no creen ni en la libertad, ni en la justicia, ni en la igualdad de todos los hombres.
Los nobles ideales que se plasmaron en aquella Declaración de la Independencia y por los que lucharon y murieron aquellos hombres de 1776 son paradigmas de esperanza para Occidente y para el mundo entero. A la vez, esos honestos valores constituyen, en su misma raíz, una amenaza para las tiranías del mundo y para el terrorismo que rechaza la libertad y que quiere imponerse a fuerza de bomba y machete en estos albores del siglo XXI.
Precisamente, la libertad que Estados Unidos lleva defendiendo desde hace 231 años se entendió entonces y se ha de entender también ahora como un don divino nunca excluyente que sigue constituyendo el derecho natural de todo ser humano. En tiempos de paz y en tiempos de guerra, con bonanza económica o con dificultades, Estados Unidos ha venido siendo la nación que –con sus errores y aciertos- ha defendido con más ahínco la libertad en el mundo. Este Día de la Independencia es otra oportunidad para recordarlo y también para hacer frente con las ideas a quienes siguen tergiversando el papel de Estados Unidos en el mundo.
Nada más injusto ni más ignorante que ver esta fecha como falso patriotismo. Al contrario, cada 4 de julio los norteamericanos celebramos la libertad, arraigada hondamente en la tradición angloamericana de la libertad política, precisamente la que las tiranías y sus acólitos disfrazados de falsa democracia ni aprecian ni comprenden.
En este 4 de julio, como en los momentos más oscuros de la historia de la humanidad, el texto de la Declaración de la Independencia continúa representando la norma con la que los Estados Unidos se miden a sí mismos y desean medir a los demás. Los grandes logros de esta gran nación se han dado precisamente cuando se han seguido esos ideales y sus peores tragedias han ocurrido cuando se ha fallado a la hora de mantenerlos.
Diario de América y todos cuantos intentamos sacar cada día esta humilde edición digital para nuestros lectores queremos hoy celebrar este grato aniversario. A la vez, y muy especialmente, deseamos también recordar a las varias generaciones de norteamericanos que han luchado y siguen luchando por defender nuestra libertad, la de todos. A los soldados caídos en combate y a sus familias, gracias por su esfuerzo y por su generosidad. Sin ellos, esta libertad de escribir lo que pensamos no sería posible.
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