Blair y la izquierda mundial
Editorial – El Mercurio
Después de ejercer como Primer Ministro del Reino Unido durante 10 años, Tony Blair ha dejado su cargo. A todas luces se trata de un político de excepción, aunque su legado sea fuente de controversias entre los ingleses. Su primera actuación excepcional fue la transformación del viejo Partido Laborista que llevó a cabo, arrancándolo de los anticuados sindicatos británicos y modernizando radicalmente sus planteamientos. Si los británicos parecían ya cansados con el prolongado gobierno conservador en 1997, y quizá hastiados del thatcherismo, él supo presentar una alternativa que no rehuía la continuidad de las políticas de la revolución de Margaret Thatcher.
Si bien muchas de sus ideas fueron sólo una plataforma electoral, como la muy publicitada “tercera vía”, prontamente olvidada, su gobierno se inició introduciendo cambios sustanciales y de trascendencia. La autonomía concedida al Banco de Inglaterra -su Banco Central- o las reformas educacionales o el impulso a la paz en Irlanda del Norte eran propuestas que los conservadores hubieran querido hacer, pero les faltaba ya la energía para continuar con políticas reformistas.
Igualmente importantes fueron sus omisiones, que lo separaron de las ideas socialistas tradicionales del laborismo británico: no se registró un aumento del gasto público ni de los impuestos, y se evitó otorgarles el poder que reclamaban los sindicatos. Por eso, después del primer año de su mandato se planteaba, como una broma -decidora, sin embargo-, que se trataba del mejor gobierno conservador de la historia británica.
Más tarde, su respaldo a la política internacional de George W. Bush y, en particular, su cuestionada afirmación sobre las supuestas armas iraquíes de destrucción masiva lo hicieron perder la confianza de sus ciudadanos, y la atención pública se centró en su carácter excesivamente orientado al “marketing de ideas”.
Pero, ciertamente, Blair renovó por completo la izquierda británica, convirtiéndola en una fuerza política moderna, impulsora de la economía libre, de la apertura de los mercados y la flexibilidad laboral. En tal sentido, encarnó un modelo capaz de inspirar a la izquierda más allá del Reino Unido, en Europa continental y otras latitudes. Incluso la izquierda latinoamericana, que en años recientes parece entusiasmarse con la retórica populista de Hugo Chávez, haría bien en mirar a Inglaterra, donde un nuevo enfoque combinó las aspiraciones tradicionales de ese sector con la ortodoxia económica, y obtuvo excelentes resultados electorales y notable prosperidad para su país. Desde la perspectiva histórica, tal vez éste sea uno de sus mayores legados.
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