La cultura y desarrollo económico
Por Guillermo Arosemena Arosemena
El Expreso de Guayaquil
La búsqueda de los determinantes del desarrollo económico tiene más de 300 años. Durante los primeros dos siglos, los estudiosos sostuvieron que el crecimiento tenía que ver con el buen manejo de la economía, control de la oferta monetaria, uso productivo de las partidas del presupuesto estatal, incentivo al mercado exterior y ejecución de políticas apropiadas. Muy pocos plantearon otras teorías. Entre ellos, Adam Smith escribió sobre la especialización del trabajo. A mediados del siglo XIX, se comienza a observar que las fuentes de la riqueza son algunas, no solamente la estricta atención a las variables macroeconómicas.
Para los primeros años del siglo XX, se, introdujo una nueva variable: la religión también debe tomarse en cuenta, cuando se analiza el desarrollo económico. Por los mismos años, al mismo tiempo otros investigadores, aportaron con nuevas teorías respecto a que la geografía y el clima son determinantes del progreso humano.
Por concentrarse exclusivamente en factores económicos, todos los economistas desarrollistas surgidos después de la II Guerra Mundial introdujeron modelos en Asia, África y América Latina que fracasaron. El de sustitución de importación falló, por encontrarse ausentes otros determinantes, como institucionalidad y costumbres. Paralelamente a las teorías de los desarrollistas, otro grupo de economistas escribieron sobre la institucionalidad y cultura.
Respecto a esta última, estudiosos como Sowell, Harrison, Snooks, Tawney, Landes y otros más, han investigado extensamente acerca de cómo las costumbres inciden en el nivel de vida de las sociedades. En ninguna otra región, los valores culturales han tenido tanto impacto negativo en el desarrollo económico, como en América Latina y particularmente, Ecuador.
Hago esta introducción, para comentar sobre “Las costumbres de los ecuatorianos”, última obra de Osvaldo Hurtado, quien escribe desde la perspectiva histórica, sobre las costumbres del ecuatoriano frente al trabajo, comercio, estudios y en general, frente a la forma de vivir, pensar y actuar y cómo ellas han influido en su economía y nivel de vida. En el prólogo, el autor afirma: “…a principios de los años noventa comencé a reflexionar sobre la posibilidad de que se encontrara en el campo de la cultura la explicación que el país no lograra desarrollarse y de que el sistema democrático operara inadecuadamente”.
A Hurtado le interesa aportar el estudio de la causa cultural al debate del desarrollo del Ecuador. En sus palabras “Razones culturales, expresadas en la forma de ser, pensar y actuar de los individuos, han interpuesto toda suerte de dificultades para que las actividades productivas particulares funcionen eficazmente, la economía pública sea bien gestionada y el país pueda desarrollarse”. Hurtado basa su teoría en los extensos escritos de cronistas extranjeros, tanto españoles y estadounidenses, quienes vivieron en diferentes regiones de Ecuador, desde la colonia hasta la primera mitad del siglo XX, y en sus propias vivencias en las décadas posteriores.
Por las narraciones, se conoce que los visitantes extranjeros fueron grandes observadores de la conducta humana y se interesaron por conocer la realidad de nuestro país, describiendo detalladamente la forma de ser de su sociedad a través de los siglos.
En su obra, Hurtado describe la conducta de los ecuatorianos, desde el período colonial hasta la actualidad y abunda en ejemplos de ausencia de valores orientados a la producción y logro económico de los ecuatorianos. Hurtado mantiene que desde fines del siglo XIX, en Guayaquil se despertó el interés por el trabajo y se generalizó la búsqueda del lucro en los guayaquileños y en menor escala en los quiteños.
Desde la segunda mitad del siglo XX, por diversos factores, tanto costeños, como serranos, han continuado. Reconocieron que la iniciativa, creatividad y arduo trabajo son necesarios para el progreso material, pero todavía falta mucho por modificar las conductas ciudadanas. Concuerdo con tal afirmación, nuestra cultura ha sido y sigue siendo una casi impenetrable barrera al progreso material. Lo vivimos actualmente, nuestro país se está convulsionando en lo político y social. Los asiáticos nos sacan ventaja, porque sus valores son pragmáticos, buscan y producen soluciones, nosotros, nos enfrascamos en discusiones ideológicas que no llevan a nada.
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