No comprendemos la escasez
Por Carroll Ríos
Siglo XXI
El lunes asistí a la conferencia Crecimiento, Recursos Naturales y Población que dictó el Dr. Gabriel Calzada, economista español y presidente del Instituto Juan de Mariana. Afirmó que existen dos corrientes antagónicas que teorizan sobre la relación entre la naturaleza y los seres humanos.
La corriente del “equilibrio”, que ha dominado el debate público, fue esbozada en el informe Límites al Crecimiento (1972) del Club de Roma y libros como The Population Bomb (1968), por Paul Elrich, entre otros. Dicha postura es maltusiana. Dado que los escritos de Frederic Bastiat constituyen una respuesta a las inquietudes de Thomas Malthus, Calzada bautiza a la posición alterna como la “teoría de la armonía”, frase utilizada por Bastiat.
La conferencia nos recordó que las ideas que defendemos o refutamos dependen en gran medida de nuestra concepción del ser humano. Una concepción negativa encierra el temor a lo que las personas hacen si se les deja en libertad, y plantea la conveniencia de que unas personas (presuntamente más calificadas o iluminadas) limiten, controlen y regulen los actos de los demás.
En el caso del modelo del “equilibrio”, los iluminados deben incluso controlar la cantidad de personas que pueblan el mundo, recurriendo a la coacción si hace falta. Otros, como Bastiat, sostienen que la Ley y los reglamentos sirven para hacer valer la vida, libertad y propiedad de cada persona; reconociendo nuestra dignidad y garantizando una pacífica convivencia. Podemos ser destructivos, sí, pero también creamos, edificamos y conservamos recursos naturales.
Ineludiblemente, el hombre se desenvuelve en un contexto de escasez. Los neomaltusianos tienden a ver los recursos naturales como un pastel finito que debe ser distribuido. Obviamente, entre más personas existan, menos grande será nuestra tajada de pastel. Contabilizan recursos. Vaticinan plagas, hambrunas y catástrofes naturales producto de actos humanos. Decía Calzada que esta visión estática desconoce la diferencia entre recurso natural y bien económico.
Las cosas sólo son cosas hasta que el ingenio humano las convierte en útiles. Hasta que nuestros antepasados aprendieron a fabricar herramientas de hierro, dicho mineral no tenía valor para el hombre. Aplicada la creatividad y productividad humana, el pastel crece; se crea riqueza.
La escasez es un concepto relativo. Si estuviéramos al borde de una catástrofe, los bienes tendrían un precio altísimo en señal de su escasez, pero lo contrario ocurre con relación a muchísimos productos.
Este proceso de transformación de materia y energía en bienes por la inteligencia humana depende de garantes institucionales a la libertad, propiedad y vida de las personas. Las recomendaciones de la teoría de la armonía superan a las prescripciones intervencionistas del Club de Roma, si lo que se busca es mejorar las condiciones de vida de la mayoría de personas en la Tierra y conservar los recursos naturales al mismo tiempo.
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