Mario Vargas llosa: “Lo importante es no perder la curiosidad”
Entrevista con el Expreso de Guayaquil durante su visita a la ciudad de Quito.
-¿Qué diría don Rigoberto (Los cuadernos de don Rigoberto) de las protestas de los países andinos porque la FIFA no los deja jugar en la altura? ¿Qué diría de Evo Morales jugando pelota en la calle de su Palacio?
Don Rigoberto vería eso con mucha ironía y humor, porque él tiene un gran desprecio por todos los deportes en general, y en particular por el fútbol. El vería en eso una muestra de la inevitable degradación de los tiempos en que vivimos. Pero ese no es mi caso ah!. Aunque no tengo mucha simpatía por don Rigoberto, ya que es una criatura mía, a mí los deportes siempre me gustaron mucho, aunque nunca fui un deportista muy destacado. Sí fui un deportista muy entusiasta, y por ejemplo el fútbol me gusta mucho, soy una persona que va a los estadios, que se entusiasma con los partidos. Desde luego, ese no es el caso de don Rigoberto. El es un antisocial, que ha llevado el individualismo a unos extremos tales que todo lo que suena a gregario y colectivo le produce una especie de irritación visceral de rechazo. Por eso él se ha construido ese pequeño enclave en su casa de cosas hermosas, como grabados, pinturas, y, por supuesto, del amor, que lo identifica con su mujer, con quien tiene una intensa vida que al mismo tiempo es totalmente secreta. Creo que es un anarquista radical y, al mismo tiempo, totalmente benigno, porque toda esa resistencia generalizada contra la vida tal como es la lleva acabo prácticamente en privado, no la manifiesta, pues públicamente ha sido un ciudadano ejemplar, dócil, un empleado modelo de una empresa de la que llegó a ser gerente por discreto, dócil y respetuoso… o sea muy distinto de lo que soy yo, y sin embargo no puedo dejar de tener una gran simpatía por él.
-¿Se siente usted como decía Pedro Camacho (La Tía Julia y el Escribidor) en la “flor de la edad”?
Habría que ser un poco optimista para a los 71 años sentirse en la flor de la edad. Yo creo que la flor de la edad ya pasó. Pero lo que es importante es que digamos, me mantengo vivo, lo terrible es llegar a la edad que yo tengo y estar ya muerto, y no darse cuenta de que uno está muerto, es decir, haber perdido las ilusiones, la curiosidad… creo que no he perdido nada de eso pero sí soy lo suficientemente lúcido como para saber que el tiempo del que dispongo se ha acortado considerablemente y tengo que ser muy cuidadoso con el empleo de mi tiempo sino quiero desperdiciarlo.
-Usted vino a Quito a hablar de la literatura y la vida. ¿Después de varias décadas de la publicación de sus novelas más famosas, más importantes, qué le ha dejado a usted la literatura en su vida?
A mí la literatura me ha llenado la vida. La literatura ha sido mi manera de vivir, es una cita de Flaubert que siempre tengo presente. Ha hecho que la vida sea una aventura permanente, que me ha dado además una defensa extraordinaria contra el infortunio, creo que es una de las buenas cosas que tiene la literatura en particular y toda actividad creativa en general, que todo se puede convertir en materia de trabajo, incluido el dolor, el sufrimiento, la frustación, con todo eso se hace literatura, también por supuesto con todas las experiencias positivas, enriquecedoras. Me ha dado enormes satisfacciones, me ha permitido algo que yo nunca soñé que sería posible, dedicar mi tiempo, mi energía a un trabajo que para mí es un placer, que no es de ninguna manera una obligación, y al mismo tiempo he podido vivir de ese trabajo, ejercitando un placer. Creo que ese es un privilegio que por desgracia disfrutan pocas personas en la vida. Quizá una de las formas más generalizadas de sufrimiento que yo he visto en la vida es gentes que hacen lo que no les gusta, y por eso no pueden hacer las cosas que les gustaría hacer. Creo que esa es la frustración más generalizada que existe y la fuente principal de dolor de la gente.
-¿Cuál de sus libros le quedó mejor, maestro?
Es dificil decir eso. Yo siempre digo que si tengo que elegir me quedo con los libros que más trabajos, más tiempo, más dolores de cabeza me han dado. Esos son Conversación en la Catedral, La Guerra del Fin del Mundo y La Fiesta del Chivo. Son las novelas en las que he trabajado más y en las que me he acertado más a ese proyecto de novela total que yo siempre he aspirado a lograr. Todas las novelas que he escrito han sido siempre y cada una de ellas una aventura, una aventura vivida, con meses y años consagrados a trabajar, a investigar, a escribir a reescribir, todas las recuerdo con mucho cariño.
-¿Y de sus personajes, a cuál quiso más?
A todos, yo me identifico con todos, con los buenos, los malos… Eso sí es imposible decirlo porque todos los personajes son parte de uno mismo, en todos he volcado cosas muy entrañables mías, la verdad que me sentiría un traidor si elijo a uno eliminando a todos los otros…
-¿Cree usted que el joven Vargitas (La Tía Julia y el Escribidor), de viejo, se ha vuelto como don Rigoberto?
Con don Rigoberto no sé, no sé si la evolución de Vargitas lo convertiría en Rigoberto. Creo que no. A Vargitas lo veo más emparentado por ejemplo con el personaje masculino de mi última novela, Ricardo Somocursio. Creo que Vargitas y Somocursio si tienen cosas en común, que uno podría derivar en el otro. A don Rigoberto lo veo en la línea de personajes excéntricos, casi anomalías en el conjunto social, como un Pantaleón Pantoja (Pantaleón y las visitadoras) o sino, a algunos fanáticos que aparecen en mis novelas, como Moreira César en la Guerra del Fin del Mundo… son personas que tienen una visión unilateral de lo que es la vida y organizan enteramente su existencia en función de esa visión. Rigoberto es una fanático cuyo fanatismo que vive apartado del mundo social y comparte sus locuras solo con su mujer.
-En una época se interpretaron obras como La Ciudad y los Perros o Pantaleón y las Visitadoras como una denuncia o una crítica a lo militar. ¿Esa fue su intención?
No, porque cuando yo tengo una intención puramente política sobre algo escribo un artículo, un ensayo o doy una conferencia, no escribo una novela. Pero que además de querer contar una historia si haya querido reflejar un estado de cosas sí, creo que eso sí está presente en muchas de mis novelas, y particularmente en esas. El militarismo en el Perú ha sido catastrófico, nos ha traído regímenes represivos, censores, que dividieron a la sociedad peruana, que encarcelaron, torturaron y mataron disidentes, todo eso ha estado tras las dictaduras militares, que ha conocido mucho el Perú. En Conversación en la Catedral se trata de mostrar los efectos de una dictadura militar en la vida privada de las personas en su vida familiar, sus relaciones de amistad y amorososas, como se vieron afectadas por el sistema que padecía el país.
-¿Sigue habiendo militares como Pantaleón Pantoja?
Hay hombres reglamentarios, que no pueden vivir sin jerarquías. Pero Pantaleón Pantoja no es solamente un militar. Es básicamente un burócrata. Podría darse lo que él es y lo que él hace en un gran ente estatal, en una gran empresa, en una gran corporación actual o en una orden religiosa. Esos sistemas cerrados producen esos personajes que son sus pilares y una gran deformación de la condición humana.
-Además de la literatura usted ha conocido a fondo el poder. En La Fiesta del Chivo, usted nos cuenta una historia sobre el manejo del poder en América Latina. ¿Cree usted que en la actualidad en América Latina se han superado los vicios del Chivo (Leonidas Trujillo)?
No, no se han superado de ninguna manera. Creo que se ha progresado mucho si se compara la América Latina de hoy día con la de mi juventud, desde luego. América Latina en los años 50 era una América Latina de dictaduras militares, de un extremo a otro, y las bases para la democracia eran delgadísimas y en muchos países inexistentes. Hay un cambio enorme, hoy en día en la mayoría de las sociedades latinoamericanas hay democracias, imperfectas, corruptas, con toda clase de limitaciones, pero ha habido un progreso enorme, y las dictaduras militares son universalmente rechazadas. Por otra parte, cuando yo era joven, la izquierda en general tenía un desprecio generalizado por la democracia. La democracia le parecía la máscara de la explotación, lo que querían era una revolución, y una revolución inspirada en el modelo soviético, es decir una sociedad de tipo totalitario, vertical, eso también ha cambiado. Hoy hay una izquierda democrática en América Latina que juega la carta de las instituciones democráticas, de las elecciones, de la libertad de prensa y el pluralismo informativo. En economía estamos rezagados, pero, incluso esa izquierda comienza en algunos casos, como el de Lula, el de Tabaré Vázquez, a aceptar que si es que un país quiere progresar tiene que aceptar el mercado, una economía de mercado, la empresa privada, abrirse al mundo, insertarse en los mercados mundiales. Claro que hay rezagos del pasado: todavía Cuba está ahí, son 50 años de dictadura comunista, aunque yo creo que está de salida. No creo que la revolución cubana vaya a sobrevivir a Fidel Castro.
-¿Cómo ve el caso de la Venezuela de Chávez?
Lo que pasa en Venezuela es sumamente inquietante. Cuando parecía que ese modelo estaba totalmente extinto de pronto resucita, y resucita en un país con petrodólares, que el señor Chávez utiliza de una manera muy irresponsable tratanto de sobornar gobiernos y partidos para que sigan su modelo… Y en algunos casos, como el de Bolivia hs tenido éxito. Claramente lo que está ocurriendo en Bolivia está inspirado, calcado, del modelo chavista. Hay síntomas inquietantes en otros países en donde el ejemplo de Chávez podría echar raíces. Ese es un motivo de alarma porque si eso cunde, retrocederíamos una vez a la prehistoria.
¿Es posible un nuevo Trujillo en América Latina?
Siempre, es una posibilidad que está siempre ahí. El autoritarismo es la tradición más antigua de la humanidad, cuando nosotros miramos hacia atrás, desde cualquier cultura o país no vemos una tradición de tolerancia, de convivencia civilizada, sino de verdades absolutas, de gobiernos que imponen por la fuerza una verdad única, la eliminación de las disidencias. Esa es la tradición más antigua de la humanidad, en tanto que la civilización democrática es una película muy superficial. Hemos progresado pero podemos retroceder, y la prueba es Venezuela. Venezuela es un país que había progresado mucho, y un dia retrocedió y lo que es más grave, ha retrocedido siguiendo mecanismos democráticos, hay una mayoría de venezolanos que ha pedido retroceder, por frustación por la democracia, por la corrupción de la democracia, porque la democracia no supo satisfacer la expectivas legítimas de los venezolanos. Pero eso ha sido saltar de la sartén al fuego, porque van a aumentar todo los vicios que ellos han querido corregir con Chávez. Van a tener que empezar otra vez desde cero.
-Aparte de Como pez en el Agua, que son sus memorias políticas, ¿ha pensando en una memorias vitales, unas memorias literarias?
Bueno alguna vez me ha dado la idea, la vuelta, por la cabeza. Pero creo que en lo inmediato no voy a trabajar en eso. Tengo otros proyectos, obras de teatro, de novelas. Pero no lo aseguro a veces he hecho cosas que nunca pensé que haría.
-¿Cómo ve usted a los nuevos escritos de América Latina?
Hay nuevos escritores en Perú, hay una serie de nuevos nombres. Mi impresión es que la litreratura latinoamericana goza de buena salud, no solo tenemos nuevos escritores sino más lectores. La prueba es la proliferación de editoriales. Los escritores tienen la vida menos difícil que hace años, cuando América Latina era un páramo editorial.
-¿La internet potenciará a la literatura?
No sé si la potencia o más bien compite con ella, o la perjudica. Todavía no sabría decirlo.
Perfil
Mario Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, en 1936. En su niñez vivió algunos años en Cochabamba, Bolivia. Estudió en Lima y publicó en Perú sus primeras novelas, como La Ciudad y los Perros (1963). Es uno de los representantes del boom latinoamericano y ha sido galardonado con el premio Príncipe de Asturias, entre otros. Vive y escribe en España, aunque visita con frecuencia el Perú, en donde fue candidato a la Presidencia.
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