Lula y el Barón de Río Branco
Por Jorge Castro
Perfil
Esta semana se reunieron en Alemania el Grupo de los 8 (EE.UU., Japón, Alemania, Gran Bretaña, Francia, Italia, Canadá y Rusia) y un conjunto de países emergentes, el denominado Grupo de los 5 (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), invitados por las mayores potencias del mundo, a participar de la discusión de los grandes temas: la Ronda de Doha y el cambio climático.
El vocero del Grupo de los 5 fue el presidente Luis Inácio Lula da Silva, que expuso la posición de los cinco principales países emergentes en relación con las cuestiones de fondo del momento mundial.
Brasil, este año, o a más tardar el primer trimestre de 2008, tendrá el “Investment Grade”, otorgado por las tres principales evaluadoras de riesgo del mundo (Moody´s/Standard & Poors/Fitch). El “Investment Grade” establece que no hay obstáculo alguno para que los bancos o entidades financieras de los países del G-8 inviertan en Brasil con tasas de interés del Primer Mundo.
Las exportaciones brasileñas ascendieron a 137.500 millones de dólares en 2006; se duplicaron en relación con el período 2000-2004 (68.600 millones de dólares), y se triplicaron con respecto a la etapa 1994-1999, en la que alcanzaron los 48.000 millones.
El año pasado, las importaciones fueron 70% más elevadas que las de 2000-2004, y treparon a 91.400 millones de dólares. No obstante, el saldo de la cuenta corriente fue superavitario en 1,4% del PBI; significa que las exportaciones se han desvinculado de las importaciones en esta etapa del boom exportador brasileño.
La clave del boom exportador de Brasil son las exportaciones de productos industriales, que representan 54,3% del total; y esto cuando el Real se ha apreciado casi 40% con respecto al dólar en los últimos 5 años. La razón de esta paradoja es que dos tercios de las exportaciones industriales brasileñas provienen de las empresas transnacionales radicadas en el país, que venden sus manufacturas dentro de las cadenas globales de producción, a sus matrices, asociadas o afiliadas de todo el mundo. Por eso no las afecta la apreciación del real: su rentabilidad proviene, fundamentalmente, del incremento de la productividad.
El salto exportador brasileño está también detrás del derrumbe de la prima riesgo-país, que se encuentra ahora a niveles inferiores a los 200 puntos básicos. La deuda externa representó 109% de las exportaciones de bienes y servicios en 2006, mientras implicaba 275% entre 2000 y 2004, 340% entre ’94 y ’99, y 410% en este último año. Por eso, en términos absolutos, la deuda externa cayó a 177.000 millones de dólares en 2006, cuando ascendía a 230.000 millones en período 2000-2004.
Los indicadores brasileños de exportaciones, riesgo-país, deuda externa no son el resultado del súbito despertar de un proceso oculto, sino consecuencia del esfuerzo acumulado a lo largo de 13 años (1994-2007).
Lo decisivo en esta larga etapa de acumulación tuvo lugar en 2002, cuando el país experimentó una profunda crisis de confianza, internacional y nacional tras las elecciones de octubre, en las que fue elegido Lula, candidato del Partido de los Trabajadores (PT), como presidente de la República.
El riesgo-país oscilaba en ese momento entre los 800 y 900 puntos básicos, y Brasil estaba colocado 6 o 7
escalones por debajo del “Investment Grade”.
En esa circunstancia crucial, el nuevo presidente optó por el no default de la deuda pública (a diferencia de Argentina) y por la recuperación sistemática de la confianza nacional e internacional. En el camino, mantuvo y profundizó las reformas realizadas por su antecesor y rival, el presidente Fernando Henrique Cardoso (1994-2002).
Un componente fundamental de la política económica del gobierno de Lula es la reducción sistemática de la tasa de inflación, que bajó año tras año: fue 9,3% en 2003; 7,6% en 2004; 5,7% en 2005, y 3,1% en 2006.
La política exterior de Lula es la tradicional de Brasil, con un mayor énfasis, respecto de la etapa de Cardoso en la búsqueda del liderazgo en América del Sur. La política tradicional del Brasil en el mundo es la establecida por el Barón de Río Branco entre 1902 y 1912, cuando ejerció el Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty) con cuatro presidentes distintos. En ese momento se señaló, con cierta ironía, que Brasil no era un régimen presidencial, sino una Cancillería acompañada por sucesivos presidentes.
El núcleo de la política exterior de Río Branco fue la alianza con Estados Unidos, tras reconocer que el eje del sistema mundial había pasado de Londres a Washington; el objeto de esta alianza era contener a Argentina en América del Sur, su rival geopolítico. El apogeo de la estrategia del barón de Río Branco ocurrió 30 años después, cuando Getulio Vargas y Oswaldo Aranha establecieron una alianza militar con Franklin Delano Roosevelt, que incluyó el envío de una Fuerza Expedicionaria Brasileña a combatir a Italia.
Al terminar el régimen militar (1964-1985), Brasil advirtió su perdida creciente de importancia relativa en el mundo, acentuada por la crisis económica (la “década perdida” de los 80) y la megainflación.
Entonces, inició una estrategia de aproximación indirecta al eje del sistema mundial, Estados Unidos.
Decidió que la prioridad era adquirir relevancia en el mundo y peso en la región, para, desde allí, y junto con ella, negociar con la superpotencia del Norte.
Ahora Brasil adquirió relevancia en el mundo y peso en la región y, por eso, ha comenzado la aproximación con Washington (acuerdo de biocombustibles, entrevista Lula-Bush en Camp Davis, participación en el Grupo de los 8, proceso de incorporación a la OCDE).
Todo en Brasil es continuidad. Lula, esta semana en Alemania, dio lectura y puso en ejecución un libreto escrito 100 años atrás.
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