Rusia, entre el temor a quedar rezagada y la pérdida de poder
Por Patricio Arana
La Nación
PARIS.- La escalada verbal entre el presidente estadounidense, George W. Bush, y el mandatario ruso, Vladimir Putin, por el proyecto norteamericano de instalación de un escudo antimisiles en países de Europa del Este dejó perplejos a los analistas, que ven en este intercambio una reminiscencia de la Guerra Fría.
Exagerada, la reacción de Putin de amenazar con apuntar sus misiles hacia Europa si prospera el proyecto estadounidense plantea interrogantes sobre las razones que motivaron esta respuesta. Entre esos interrogantes, los expertos se preguntan si, en efecto, hay amenaza real hacia el territorio ruso que justifique una nueva carrera armamentista.
Desde 1989, es difícil encontrarle a Rusia algún enemigo. El bloque occidental lo ve más bien como un socio indispensable para la buena salud de su economía por sus recursos en hidrocarburos. Y si China fuese su hipotético adversario, los especialistas señalan que, en términos de tecnología militar, Moscú está a años luz de Pekín.
Por su parte, el Kremlin basa su amenaza en el temor a quedar rezagado tecnológicamente en un futuro con un escudo antimisiles que haría obsoleta la disuasión nuclear rusa.
El presidente ruso mismo lo advirtió no hace muchos días al subrayar la necesidad de “rebalancear los instrumentos de defensa con artefactos ofensivos más eficaces”.
“En el pasado, el Kremlin tuvo que optar por un sistema de defensa -señaló Yury Fedorov, del Instituto de Relaciones Internacionales de Moscú-, y prefirió concentrar sus esfuerzos en su sistema de disuasión y dejar de lado el reequipamiento de las fuerzas convencionales.”
Golpe en la mesa
Si bien el escudo antimisiles estadounidense es de dudosa eficacia, con el avance de las tecnologías, el proyecto hará que todo el arsenal de disuasión ruso, como el del resto de las potencias nucleares, quede obsoleto. Claro está, nadie se atreve a adelantar una fecha.
Durante décadas la Unión Soviética fue una superpotencia que mantuvo en vilo al mundo entero en más de una ocasión. Pero en 1989 “dejó de ser un actor principal en el equilibrio estratégico”, observó Thomas Gomart, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales, y perdió su influencia en numerosas regiones del mundo. Y ésta podría llegar a ser otra de las razones que llevaron a Putin a golpear la mesa con el puño.
En los últimos años, Rusia se convirtió nuevamente en una potencia, pero esta vez económica. Tal peso en el tablero mundial cambió, a sus ojos, el equilibrio de las fuerzas y espera volver a tener un diálogo de igual a igual con Estados Unidos.
“El lanzamiento de un nuevo misil, por ejemplo, hay que ponerlo en perspectiva con el endurecimiento de la política exterior rusa de los últimos años; el mensaje más explícito que dieron los rusos es el de mostrar que son nuevamente un actor principal en el equilibrio estratégico; quieren tratar directamente con Washington”, añadió Gomart.
De esta forma Europa queda marginalizada o se convierte en el escenario de una nueva rivalidad y “los países emergentes ven a Rusia como una potencia nuclear activa”, opinó Gomart.
Para Isabelle Facon, de la Fundación para la Investigación Estratégica, la explicación hay que buscarla en una rivalidad interna que opone al Kremlin con los “generales” de lo que ayer era el Ejército Rojo.
En Quadrennial Defense Review , la investigadora sostuvo que “Moscú está determinado a restablecer un mejor equilibrio de fuerzas con los Estados Unidos, al menos en ciertos temas estratégicos clave [como el nuclear y el espacial]”.
Putin se convirtió en un buen aliado de Bush en la lucha contra el terrorismo internacional luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Pero la posición rusa cambió desde entonces y fue perceptible en función del endurecimiento del discurso del Kremlin.
Si bien Putin propuso colaborar con Washington en temas de seguridad internacional, gestión de crisis, mantenimiento de paz y operaciones antiterroristas, “tuvo oposición en el seno del aparato militar” ruso, afirmó Facon.
“De hecho -escribió la investigadora- los Estados Unidos conservan un lugar importante en las preocupaciones y los cálculos de los generales rusos en un sentido que no favorece las cooperaciones militares. Le imputan a Washington la “remilitarización” de las relaciones internacionales” con la ampliación de la OTAN, las operaciones en los Balcanes y la incursión en Irak.
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