El futuro de Irak, según la Casa Blanca
Por Mario Diament
La Nación
MIAMI.- Mayo se convirtió en el mes más letal para las tropas norteamericanas desde la segunda batalla de Fallujah, en noviembre de 2004, cuando se registraron 137 bajas fatales.
En el mes que acaba de concluir, 122 muertos se añadieron al listado y elevaron el total de muertos a 3474, con más de 25.000 heridos, 11.526 de ellos de gravedad.
En estos días, George W. Bush debe ser una de las pocas personas en Estados Unidos que piensan que la guerra no está perdida o, como él prefiere expresarlo, que la única alternativa es la victoria. Tres cuartos de los encuestados en un sondeo de la CBS y The New York Times coincidieron en que la guerra marcha mal.
Pero uno sospecha que, en su fuero íntimo, Bush debe saber que no hay victoria posible en el pantano iraquí y que su mejor opción radica en disimularlo.
Aún después de torcerle el brazo a un Congreso controlado por los demócratas y obligar a la oposición a aprobar una extensión al presupuesto de guerra sin cronograma de retirada, Bush sabe que su victoria es pírrica.
Los fondos asignados llegan hasta septiembre, un mes que, todos coinciden, será crucial para determinar el futuro de la guerra. Esto explica por qué no hubo la habitual fanfarria cuando Bush firmó la ley que consagraba su triunfo sobre “los derrotistas del Capitolio”.
Septiembre no es sólo el momento en que el Congreso regresa del receso del verano (boreal) y debe abocarse a debatir los suplementos para el nuevo año fiscal, que comienza el 1º de octubre: es también el inicio de la campaña electoral. Y los republicanos están muy preocupados.
De allí que se haya elegido también septiembre como el plazo para que el general David Petraeus, comandante de las tropas norteamericanas en Irak, presente su evaluación sobre el progreso de la guerra, después de incrementar las tropas en 25.000 hombres.
A la luz del aumento en el número de bajas norteamericanas y del hecho de que, según todos los indicadores, el cuarto año de guerra ha sido el peor en términos de la violencia contra civiles, con un total que bordea los 70.000 iraquíes muertos, es difícil imaginar que la conclusión del general Petraeus sea muy optimista.
Si algún signo concreto era necesario para apoyar esta conjetura, vino del propio presidente Bush, quien la semana pasada admitió que la Casa Blanca estaba reconfigurando su estrategia en Irak sobre los lineamientos del plan propuesto por la comisión Baker-Hamilton, el mismo plan que el presidente había descartado seis meses atrás.
Esto significa, en otras palabras, abocarse a una estrategia de salida que para los norteamericanos sea lo menos bochornosa posible, aunque para los iraquíes signifique la intensificación de la guerra civil y la posible división del país entre sunnitas, chiitas y kurdos.
Los expertos militares admiten que una retirada gradual presenta una infinidad de complicaciones, empezando por el hecho de que, aun en los niveles actuales de tropas en Irak, el ejército está casi en el punto límite de su eficacia. Esto debido a la sobreutilización de las tropas y del equipo militar en una guerra que nadie planeó para que tuviera esta duración.
Paradojas
Incapaz de resolver el conflicto por la vía militar, la Casa Blanca ha comenzado a explorar la salida diplomática, haciendo lo que hasta ahora consideraba repugnante: reuniéndose con Siria e Irán.
Paradójicamente, Teherán y Damasco coinciden en que una inmediata evacuación de las tropas ocupantes sería catastrófica para la región. La gran pregunta es si le quedarán alternativas a Estados Unidos después de septiembre.
Comprensiblemente, los candidatos republicanos, que estructuraron su estrategia electoral sobre la base de defender la continuidad de la presencia norteamericana en Irak, están preocupados por la perspectiva de tener que conducir sus campañas sobre el trasfondo de un elevado número de bajas. De manera que, si además de perder el apoyo del público, de la prensa y del Congreso, Bush pierde el respaldo de su partido, es difícil imaginar que se empecine en mantener las tropas en Irak.
Como ejemplo de la atmósfera imperante en el campo republicano, baste decir que Fred Thompson, el ex senador por Tennessee y actor de la serie La ley y el orden , quien se encuentra a punto de anunciar su candidatura, se abstiene de mencionar el nombre de Bush en casi todas sus presentaciones.
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