Perú: Cuando al Estado le sobra la plata
Por Daniel Córdova
Análisis de Políticas – CIES
Es probablemente la primera vez en la historia económica del Perú que podemos afirmar que sobra la plata. Lo que falta es capacidad para gastarla e invertirla.
En el sector privado, el mercado de capitales reboza en liquidez, en particular debido al crecimiento de los ahorros previsionales administrados por las AFPs. Estas no encuentran “papeles” para colocar sus fondos. Pero al Estado también le está sobrando la plata últimamente. Y a falta de reformas estructurales su aporte al desarrollo económico y social es discreto, por decir lo menos.
El primer trimestre de este año 2007, se cerró con un superávit fiscal de 2,100 millones de soles, cerca del 3% del Producto Bruto Interno. Los ingresos fiscales crecieron en 9.7% (ya en el 2006 habían crecido 25%). La recaudación por impuesto a la renta creció en 28%. La del Impuesto General a las Ventas (IGV) aumentó en 11%. Los gastos corrientes, descontando las transferencias, solo crecieron en 3.1%, mientras que la inversión pública creció en 10%, muy por debajo del esperado 30% que pretendía el famoso shock de inversiones.
Lo positivo es que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está cumpliendo su papel de Hacienda, soportando la presión de los demás Ministerios siempre ansiosos de gastar más. También debemos reconocerle su capacidad para frenar en los posible los ataques hacia el Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP) y el reciente “reperfilamiento” de la deuda externacon el Club de París. Evita el MEF así mayor despilfarro de recursos públicos.
Lo lamentable, sin embargo, es que el MEF no ha demostrado capacidad para liderar reformas fiscales que liberen a los contribuyentes de una carga fiscal a todas luces excesiva. Menos aún ha sido capaz de proponer reformas estructurales que en un mismo movimiento reduzcan el gasto y mejoren la calidad de los servicios públicos.
Lo primero que hicieron los países que mejor desempeño económico han tenido en los últimos años, como Irlanda y Estonia, es bajar impuestos. Si al Estado le sobre la plata, debe ensayar reducciones en el impuesto a la renta y en el IGV. Dejar de expropiarle recursos al ciudadano para que este pueda consumir e invertir más soberanamente, reduciendo de paso el incentivo a la informalidad. Algo que la predominante visión “fiscalista” no permitirá.
Por el lado de las reformas estructurales relacionadas con el gasto, es preciso ir más allá de la reforma del Estado light –concentrada en las necesarias pero insuficientes reformas administrativas. Es imperativo generar reformas agresivas, como podría ser la eliminación de la gratuidad general de la enseñanza en las universidades estatales, la implementación del subsidio a la demanda en educación escolar o la libre elección entre Essalud y alternativas de prestación privada de servicios de salud.
El Presidente está impaciente por generar cambios dramáticos. Que alguien le diga que solo lo logrará con el coraje político suficiente para retirar al Estado de actividades que el sector privado puede hacer mejor.
El autor es Decano de la Facultad de Economía de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas.
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