Se inauguró el Centro de Estudios Públicos (CEPPER) de Perú
Por Andrés Vera Córdova
Diario El Regional de Piura
Entrevista con el Lic. Eugenio D’Medina Lora, Director Ejecutivo del recientemente creado Centro de Estudios Públicos – Perú /CEPPER en la que se refiere a esta nueva institución fundada el 4 de mayo de 2007, sus objetivos, la importancia de la formación política y la situación política de Piura con relación a los problemas que la aquejan y a las probables soluciones.
El Lic. D´Medina Lora es además Investigador Asociado de la Sociedad Economía y Derecho y Profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas de la ciudad de Lima. Aquí sus declaraciones:
¿Cómo se plasma la idea de una nueva institución de investigación política?
La idea fue madurando por casi dos años y tomó forma definitiva en este mes. Fundamentalmente, la idea es llenar un vacío de oferta de estudios de análisis público y formación política en el país. La oferta actual tiene claramente una tendencia de naturaleza socialista en su interpretación o en otros casos, un enfoque conservador. Pareciera que no hay espacio para otras visiones.
¿Es que acaso en las universidades no se da importancia a la formación política?
La oferta universitaria en carreras o programas dedicados a la formación política está orientada casi exclusivamente por el pensamiento de izquierda. En tiempos recientes viene incrementándose el número de programas, pero la oferta aún es reducida, si se compara por ejemplo, con países cercanos como Chile, Brasil o Argentina. Pero la rigurosidad de los trabajos aún dista de colocar una masa crítica de trabajos de análisis político en los grandes estándares de calidad. Y la formación política va por el mismo camino. El resultado es que no solamente los políticos peruanos terminan sesgados a una sola visión, sino que además, en su praxis política, carecen de capacidades de alta gestión. Los resultados están a la vista de todos.
Y esto se nota en la política diaria, ¿verdad?
Bueno, es claro que si no hay formación de calidad, no hay ejecución de calidad. No podemos esperar mucho de políticos que no son políticos, sino empíricos de la cosa pública que muchas veces alcanzan posiciones de poder por tener una notaría o por haberse dedicado a liderar invasiones. Nuestra política es, efectivamente, de corte cotidiano, diario, efímero, casi farandulero. No hay alcances para mirar la gran política. Luego lo único que queda para el debate político es la discusión de lo mediático y pedestre.
¿Qué papel juegan los partidos políticos en este deterioro? ¿Les cabe alguna responsabilidad?
Bueno, los partidos políticos en Perú hoy no son más que grupos de personas influyentes, clanes reducidos de intereses comunes que pugnan no por defender ideas ni doctrinas ni visiones de país, sino por manejar el uso de los recursos fiscales y de los aparatos burocráticos a nivel nacional, regional o municipal. Si usted pregunta a un ciudadano común que le nombre a diez figuras descollantes de la agrupación política que elija, no le sabrá completar la lista simplemente porque no los hay. Por eso el camino a las próximas elecciones presidenciales está totalmente abierto.
Entonces, ¿son responsables?
Para lograr objetivos de clanes no se necesita formación. Sin embargo, para la gran política sí se requiere ineludiblemente. No existen incentivos para formar políticos serios, sino únicamente operadores políticos que consigan los votos. Si quiere alguien ser senador o presidente en un país de la Unión Europea, en Estados Unidos o más cercanamente, en Chile o Uruguay, hay que tener credenciales académicas, labor intelectual previa o destacadas trayectorias profesionales. Aquí no. Un manejo político serio requiere políticos serios y no simples acopiadores de votos.
¿Cree usted que en Piura, como en el resto del país, se está generando una nueva forma de hacer política? Planteo esta pregunta partiendo de que estamos en un proceso de descentralización y que se han producido ya dos elecciones regionales en este siglo.
Es una pregunta amplia. No diría que hay una nueva forma de hacer política sino una vieja manera de hacer política pero una nueva forma de politizar los temas regionales y municipales. En el marco del proceso de descentralización, antes que una nueva clase política de naturaleza territorial están surgiendo formas de manipular el poder central desde las instancias subnacionales.
Los políticos en regiones y municipios consideran su máximo logro el reunirse con el Presidente o el Primer Ministro para conseguir alguna obra o partida. No tienen verdadera iniciativa para llevar a cabo, desde las regiones, los cambios estructurales que necesitan sus ciudadanos. Eso es solamente el discurso, la realidad es que siguen concibiendo al gran poder estatal central como la mata de recursos para fines político-electorales.
Pero la descentralización está orientada a cambiar esto, ¿no cree?
La descentralización no puede entenderse solamente como un asunto de partidas presupuestarias que hay que repartir, sino como un tema cultural. Se sigue pensando que es el gobierno central el llamado a hacer las grandes tareas. Un ejemplo de esto es lo que ha pasado con el SNIP. Exigen todos que se elimine o se relaje, pero nadie se preocupa desde las instancias de gobierno subnacional, que se fortalezcan los cuadros técnicos que permitan formular adecuados proyectos de inversión. Si existieran estos cuadros potentes en las regiones, tomarían la iniciativa y no tendrían que rogar a que les relajen del SNIP simplemente porque les quedó grande.
Sin embargo, la gente presiona por más obras. ¿Cómo manejar esa presión desde la gestión política?
Pues precisamente haciendo gerencia política de calidad, lo que implica una sólida convicción doctrinaria y un manejo de elementos técnicos del campo de la política y fuera de ella. Este tipo de gerencia no abunda en los actuales gobernantes regionales y municipales. La gente siempre va a preferir más carreteras, más hospitales y también prefieren que logre el campeonato todos los años el Atlético de Sullana. Todo esto es entendible, pero esto no significa una patente de corso para gastar los recursos fiscales solamente para satisfacer estos deseos y acallar el reclamo popular. Estos recursos tienen un costo de oportunidad, porque en realidad, no existe algo así como fondos públicos. Todos los fondos son privados, porque se originan ultimadamente en los impuestos, aunque cuando pasan a formar parte de los recursos fiscales son manejados por el sector público. Las autoridades, cuando se animan a postular a un cargo público, tienen que estar preparados para manejar la presión y el conflicto.
¿Cómo ir cambiando esta situación? La gente parece que cada vez elige peor.
Hay improvisación y entonces, se produce el desencanto de la gente con el sistema. Lo hemos visto en las elecciones presidenciales y se repitió en las últimas regionales y municipales. No hay liderazgos claros y la gente termina votando sólo para que no les coloquen una multa o porque así le malogran la fiesta a algún político tildado de “tradicional”. Por eso es peligroso que cualquiera entre a la política y más aun, que la ejerza sin preparación adecuada. Esto se agrava cuando hay un electorado voluble, poco informado e instruido, plagado de necesidades insatisfechas y diseminado en un entramado social caracterizado por la desconfianza en absolutamente todo.
¿Esta en cuestionamiento entonces el propio sistema de elección y la democracia?
La democracia no debe estar en tela de juicio, pero para ello hay que permitirle funcionar y no castrarla. Toda democracia que funciona exige un patrón de reglas de juego que la haga funcionar. Es un error pensar que un país es más democrático porque más gente vota. Para eso, que voten los niños si quieren ir al colegio o que nos dejen elegir a los sacerdotes. La democracia implica reglas. Un buen paso sería hacer de elecciones verdaderamente libres, es decir, con voto voluntario, para evitar que quienes no se interesen, tengan que hacerlo sólo para continuar teniendo un DNI y se vuelvan así, presa fácil de los mercachifles de la política criolla. Esto lo vengo planteando desde hace varios años en artículos de opinión de Lima. Sólo así habrá una democracia con libertad, que es muy distinta de lo que sucede en las democracias dictatoriales, como la venezolana, por ejemplo.
Los conflictos son, indudablemente, parte de este juego democrático. Regresando al plano concreto de la realidad piurana, los conflictos debido a la actividad minera se han multiplicado…
Son dos temas diferentes. El conflicto es inherente a la política y cabe a los que manejan el aparato público gestionar la alineación de los distintos intereses. En el caso de la minería peruana en general, y de la minería piurana en particular, se trata de una actividad que históricamente ha generado conflicto. Por lo mismo, también hay una gran carga emotiva que es aprovechada por algunos para multiplicar el conflicto.
De ahí que los gobiernos regionales, antes que los municipios y que el propio gobierno central, deben asumir una parte mayor de la gestión de ese conflicto, porque están en el ámbito territorial donde se produce. En la práctica, como sucedió en Cajamarca hace algunos meses, esperan que venga el Primer Ministro a resolverles el problema. Ojo que ni siquiera es el ministro del sector, sino el Primer Ministro el que tiene que hacerlo. No concibo algo más propio de una cultura centralista que esta actitud.
¿Cree usted que debe hacerse actividad minera en Piura o es demasiado conflictiva para manejarse a largo plazo?
Yo entiendo que las problemáticas de Tambogrande y Río Blanco pueden ser miradas con enfoques distintos. Mientras en Tambogrande hay una agricultura floreciente que significa una actividad importante para sus pobladores, en Ayabaca y Huancabamba la minería puede significar un avance que no tiene substituto en dichas zonas tan marginadas del desarrollo. No olvidemos que la actividad minera representa tres cuartas partes de los ingresos por exportaciones. Entonces yo enfocaría el tema desde otra perspectiva, preguntando qué oportunidades alternas les podemos ofrecer a los habitantes de Ayabaca y Huacabamba si descartamos a la minería. ¿Quién desde el gobierno o de las organizaciones no gubernamentales se va a hacer cargo del desarrollo de sus pueblos, de sus hijos y de ellos mismos?. La información debe ser completa para que la gente decida. De nuevo, es fundamental el diálogo previo con los pobladores antes que los hechos consumados. Y quién debe tener la iniciativa para promoverlo es el gobierno regional.
¿Pero cómo enfrentar el problema de la contaminación?
Los pobladores de las alturas de Piura merecen que se les cuide al ambiente y más. Pero hay una satanización de la gran minería, impulsada por intereses políticos. El problema de la contaminación de Piura no es fundamentalmente de origen minero. Ahí está la contaminación de la bahía de Paita, del río Chili y de los alrededores de la ciudad de Piura para demostrarlo. No olvidemos que también está el problema de la minería artesanal, que ha convertido a Piura en algo similar a la fiebre del oro del viejo oeste americano, donde hay zonas en que simplemente, no hay Estado. Pero hay que informar adecuadamente a la población de los avances tecnológicos de la nueva minería y debe existir la garantía de que se cumpla la ley para no contaminar o para, si hay acuerdo entre las partes, que se generen las compensaciones justas a los que pudieran eventualmente resultar perjudicados. Pero ese proceso de información y de resguardo del cumplimiento de la ley debe asumirlo el gobierno regional, quien debe ser el interlocutor entre los actores y ser portavoz creíble ante el gobierno central.
Este ejemplo nos lleva a una gran cuestión: ¿cómo ve usted que está la situación política de Piura manejada desde sus autoridades?
Más allá de los aspectos mencionados que se aplican también a Piura, en este caso hay peculiaridades propias de una realidad concreta. En el plano regional, el actual presidente tiene poco apoyo ya que Piura no es aprista hoy en día. De hecho, de no ser porque en las últimas elecciones, la principal oposición no aprista se fraccionó en dos grupos porque todos querían ser generales y no soldados, Piura tendría un presidente regional con mayor base electoral. Esto reduce los grados de libertad y la iniciativa para plantear soluciones radicales a viejos problemas desde el gobierno regional.
Por ejemplo, proyectos como el Alto Piura, el desarrollo del puerto de Paita o los corredores binacionales con Ecuador, tendrían que merecer la principal atención del gobierno regional, buscando diseñar mecanismos para incorporar inversión privada a esos proyectos, en vez de esperar a que organismos centrales como Proinversión o el Ministerio de Transportes y Comunicaciones les resuelvan el problema.
Tampoco hay capacidad de diseño de proyectos novedosos de educación y salud en que pueda incorporarse capitales privados bajo sistemas modernos que logren aumentar la oferta en esos sectores tan sensibles socialmente.
¿Y en el caso de la Municipalidad de Piura?
Este caso tiene ciertas peculiaridades porque el actual alcalde es una persona que ha evolucionado hacia un pragmatismo que le ha proveído de un importante reconocimiento público. Entiendo que su actual prioridad es el reordenamiento urbano, para lo cual está enfocando como asunto central el problema del transporte. Bajo tal contexto, la propuesta del municipio piurano de llevar a adelante la concesión de un terminal terrestre me parece adecuada. Este proyecto debe complementarse con el ramal de evitamiento oeste para evitar el paso del transporte pesado por el casco urbano. Dicho ramal debería proponerse a Preinversión para que lo incorpore en la anunciada concesión de la denominada Red Vial No. 1 que comprende el conjunto de carreteras de la Panamericana Norte desde Piura a las fronteras con Ecuador por Aguas Verdes y Puente Macará. Si el alcalde piurano logra esto, será un éxito rotundo de su gestión.
Volviendo al CEPPER, ¿qué tipo de acciones concretas piensan realizar en esta fase de despegue y cómo considera que puede contribuir esta institución para mejorar la forma de hacer política en el país?
Un error común en la política latinoamericana es el mesianismo de creerse portador de las grandes soluciones. Nosotros en el CEPPER somos mucho más modestos, sin que esto signifique que seamos conformistas. Creemos firmemente en que es crucial que el cambio pase por una nueva visión de la política desde los espacios regionales. Y en tal sentido, gran parte de nuestros esfuerzos se relacionan a la problemática de la descentralización. Para ello, vamos a trabajar a varios niveles con instancias gubernamentales subnacionales a fin de conjugar esfuerzos para generar productos de formación en ciencia política y capacitación en gestión gubernamental. Nos interesa no solamente trabajar con funcionarios públicos, sino con asociaciones civiles, universidades y especialmente, con jóvenes. Y desde esta modesta institución, empezar a cambiar mentalidades, encender la chispa de nuevas formas de ver el país y reinterpretarlo a la luz de los tiempos que corren.
¿Tienen pensado hacer trabajo en Piura?
Piura será uno de los puntos fuertes que hemos establecido anteladamente para realizar nuestro trabajo porque encontramos condiciones aparentes de receptividad al mensaje que anima a los que hacemos CEPPER. Las potencialidades de la región y su inserción al mundo harán propicia nuestra actividad por estas queridas tierras. Estaremos antes de lo que imaginan, regresando a empezar nuestra acción institucional aquí en el marco de actividades formales. Y muy gustosos de comunicarnos con todos los interesados en conocer de nuestras actividades a través de nuestra web (www.cepper.org).
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