Los peligros del acuerdo migratorio
Por Andrés Oppenheimer
El Nuevo Herald
He aquí una posible consecuencia del acuerdo migratorio bipartidista que se está discutiendo en el Congreso de Estados Unidos: su sistema de admisión por puntaje podría ayudar a los asiáticos, y perjudicar a los latinoamericanos.
Bajo el proyecto de ley, los inmigrantes que buscan un status de legalidad permanente serían admitidos mediante un sistema de puntaje basado en sus niveles de educación, su conocimiento del idioma inglés, y su ocupación. Eso significa que Estados Unidos le pondrá una alfombra roja a los ingenieros de India, mientras que le hará más difícil a los jardineros mexicanos lograr su sueño americano.
Hasta ahora, el sistema inmigratorio se ha basado principalmente en las solicitudes de reunificación familiar y el patrocinio de los empleadores. Pero al adoptar un sistema de puntaje que privilegiara a los inmigrantes con mayor educación, y que hablen bien inglés, el nuevo proceso podría derivar sin quererlo en un ejercicio de ingeniería racial.
También podría perjudicar a las economías latinoamericanas, creando mayores presiones migratorias en el futuro, y provocar una escases de mano de obra para empleos que los norteamericanos no quieren ocupar.
Fíjense los niveles educativos de los inmigrantes que han llegado a Estados Unidos desde 1990, según un nuevo estudio del Instituto de Política Migratoria en Washington.
-Más del 76 por ciento de los inmigrantes de India tienen al menos una licenciatura, así como el 52 por ciento de los chinos, 62 por ciento de los coreanos del sur y 51 por ciento de los Filipinos.
-Comparativamente, 61 por ciento de los inmigrantes mexicanos, 62 por ciento de los salvadoreños y 66 por ciento de los guatemaltecos no han terminado la escuela secundaria, o preparatoria.
-Los niveles educativos de los inmigrantes sudamericanos son un poco más altos – casi el 40 por ciento de los colombianos, 31 por ciento de los peruanos y 49 por ciento de los venezolanos tienen por lo menos una licenciatura – pero todavía por debajo de sus contrapartes de Asia.
En cuanto al manejo del idioma, 70 por ciento de los inmigrantes de India, 59 por ciento de los filipinos y 26 por ciento de los de coreanos del sur hablan inglés con fluidez. Comparativamente, solo 12 por ciento de los mexicanos, y 15 por ciento de los salvadoreños que llegan a Estados Unidos hablan inglés fluidamente.
”Claramente, el sistema de puntos es una desventaja para los inmigrantes de América Latina”, dice Douglas Rivlin, un vocero del Foro de Inmigración Nacional, un grupo pro inmigración de Washington, D.C.. “Favorece a quienes tienen niveles de educación superior, y no toma en cuenta la necesidad de los poco calificados”.
Los críticos del sistema de puntaje dicen que a medida que la población norteamericana envejece y se reduce el porcentaje de trabajadores jóvenes, habrá mucho mayor escases de trabajadores agrícolas, obreros de la construcción, y meseros que de empleados de cuello blanco.
La Asociación Nacional de Restaurantes proyecta que su fuerza laboral de 12.8 millones crecerá en un 15 por ciento en los próximos 10 años, pero el gobierno estima que la fuerza de trabajo total del país crecerá en sólo un 10 por ciento.
”Estamos preocupados que no podremos encontrar suficientes trabajadores”, dice John Gay, un alto funcionario de la Asociación Nacional de Restaurantes.
¿Y que hay del argumento de que habrá ciudadanos que ocupen esos empleos si ustedes aumentan los salarios?, le pregunté. No, contestó. ”El trabajador promedio de la construcción gana $21 por hora, y hay una escases de trabajadores ”, señaló.
Mi opinión: Estados Unidos debería facilitar una vía rápida a la legalización tanto de quienes tienen niveles educativos muy altos, cómo de quienes realizan labores manuales.¿Por qué? Primero, porque Estados Unidos va a necesitar de estos últimos. Segundo, porque si Estados Unidos va a depender principalmente de trabajadores temporales para los trabajos manuales, estos se quedarán de cualquier forma en el país, y se creará una subclase de trabajadorees marginados, cada vez más frustrados, que podrían generar explosiones sociales como las de los jovenes musulmanes en París en el 2005.
Tercero, porque si Estados Unidos le cierra las puertas a muchos inmigrantes latinoamericanos y se reducen los $65,000 millones anuales que estos últimos envían a sus países en remesas familiares, aumentarán los problemas económicos y sociales en la región, y más gente buscará emigrar. (El muro fronterizo no los detendrá: si es necesario, lo dinamitarán).
En suma, el acuerdo migratorio en general es bueno, porque permite una vía a la legalización de millones de inmigrantes. Pero tendría que darle una vía rápida a la legalidad tanto a quienes tienen altos niveles educativos, como a los que están en el extremo más bajo de la pirámide laboral.
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