El regreso del idiota latinoamericano
Por Álvaro Bardón
El Mercurio
El manual sobre este idiota, puesto al día por sus autores, encabezados por Álvaro Vargas Llosa, va a tener gran venta en Chile, porque se aproxima a una explicación de nuestras burradas de décadas pasadas, repetidas desde fines de los años 90, cuando se “recomenzó a joder nuestro Perú”.
El “Transanlagos”, por ejemplo, es una culminación de la estupidez planificadora. Un sistema de movilización picantón y amarillo, pero barato, puerta a puerta, digno y oportuno, se reemplazó por otro elegante, demoroso y “comepobres”, que no funciona y que nos cuesta una fortuna. Esto, por ignorar los incentivos y los derechos personales de los pobres.
Y la idiotez aumenta, porque ahora se van a gastar otra fortuna en regiones, no está claro para qué.
Frei y otros latinos proponen volver al fracaso ruinoso y corrupto de la Empresa de Transportes Colectivos del Estado, agregando que los excedentes fiscales son para el uso de la Concertación y no de la derecha, a la que ya ven como ganadora. Nosotros los chilenos, bien gracias.
El idiota latinoamericano se repite en la educación, que, en la práctica, quieren estatizar, prohibiendo la libertad de pensamiento y de programas y la creación de nuevos establecimientos. Sólo programas oficiales que prediquen brillanteces tales como la lucha de clases y el Estado es Dios, en vez del sentido común y de la racionalidad ligada a la responsabilidad, la escasez y la libertad.
En esta competencia por la idiotez, Vargas Llosa nos ubica en la izquierda vegetariana -no en la carnívora-, pero creo que está equivocado, y lo que todavía nos muestra “moderados” es que antes lo hicimos bien. ¡Pero ahora…!
A diario, el ministro del ocio nos impone, junto a la insignificante CUT, reformas laborales que aumentan el desempleo y la pobreza. Algo que se reforzará con la propuesta previsional de más costos y mayores impuestos al trabajo.
“Hay que gastar en innovación, desarrollo y educación para terminar con el subdesarrollo”. ¿Cómo? Regalando plata a intelectuales, artistas, científicos, académicos, parlamentarios, ministros, deportistas, agregados culturales, empresarios agrícolas y alimenticios, del turismo, de los casinos, de “la imagen país” o banqueros. Y “guita pa’ las regiones”, es decir, descentralizar la frescura.
Y vamos a idioteces de nivel internacional, como lo de Haití, las energías renovables más caras y la lucha contra el calentamiento de la Tierra, donde “no vamos a esperar a que las potencias hagan algo”. Nosotros nos haremos cargo del planeta, saboteando la producción de cualquier cosa que pudiera significar afectar a un pájaro, un glaciar o un arbusto. En cuanto a los humanos, bien muertos, por depredadores.
La máxima idiotez, que nos acerca al dictador Chávez y a otros de la izquierda carnívora, es el derroche fiscal para nada o, a lo sumo, para amigos, parientes y los del partido. Si no lo cree, mire los miles de millones de dólares de aumento del gasto fiscal, en especial en los dos últimos años y los que vienen, para repetir fracasos como el educacional, ferroviario, Metro y demás a la vista en los más variados ministerios.
¿Qué hacer?
De alguna manera, volver a gobiernos que bajen el gasto público y los impuestos, cierren reparticiones públicas, privaticen, den libertad y eliminen regulaciones que encarecen el emprendimiento y la creación de empleo. Pero, ¿dónde estará un político nuevo, joven, liberal, que sea capaz de hacer todo eso, precisamente por ser la antítesis de la caricatura del idiota latinoamericano? El país necesita encontrarlo, y llamarlo.
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