La pantalla roja
Por Fernando Luis Egaña
Correo del Caroní
¿Cuántas estaciones de televisión ya son propiedad del Estado rojo-rojito? Nada más que en Caracas, de una sola que era VTV ahora hay 5, en unos días habrá 6 y se comienza a anunciar la número 7. En efecto, además del Canal 8, el de “todos los venezolanos”, también son de propiedad estatal Vive TV, Avila TV, Asamblea TV y Telesur.
La sexta estación será Teves, o la pretendida sustituta de RCTV, y por si fuera poco se avizora Redes TV, que sería la señal oficial de otra corporación televisiva del Estado “revolucionario”.
El profesor Marcelino Bisbal ha contabilizado más de 400 medios de comunicación que forman parte del entramado oficial, bien por la vía de la propiedad directa o por la coartada de la categoría “comunitaria”. En esos 400 medios hay televisoras, emisoras de radio, impresos de variable frecuencia y portales digitales.
En el género radial, por ejemplo, Conatel ha licenciado a cerca de 300 emisoras comunitarias, cuyas credenciales de disciplina política son esenciales para recibir la concesión. Ya existen 30 estaciones de TV comunitarias y el Ministerio de Telecomunicaciones se prepara para “crear y financiar” muchas otras en todo el país.
En pocas palabras, la llamada “hegemonía comunicacional” por parte de la revolución bolivariana, que fuera planteada en el notorio “mapa estratégico” del cónclave de Fuerte Tiuna, por allá a finales del 2004, ya dejó de ser una aspiración del señor Chávez y su entorno para convertirse en la característica más sobresaliente del sector de los medios en Venezuela.
Es más, el cierre inminente de RCTV no significará el comienzo de una etapa distinta, propiamente dicha, sino la consolidación de una tendencia que se viene enseñoreando desde hace varios años.
Y es que de eso se trata el proyecto de dominación nacional que marcha sobre Venezuela. ¿O es que por alguna razón misteriosa el afán de control se iba a limitar a los poderes públicos? Muchos que aplaudieron alborozados el cierre del Congreso, o de la Corte Suprema, o de otras instituciones de la ya antigua República, hoy se muestran indignados, y con toda razón, por el cierre del cincuentenario canal de Barcenas.
Pero es que era obvio que de allá se vendría para acá, sólo que no hay mayor ciego que el que no quiere ver. El consentimiento de entonces animó las condenas de hoy. Ojalá y la valiente dignidad que ha manifestado Marcel Granier en la defensa de los derechos de RCTV, hubiera sido la norma entre los que prefirieron pasar agachados o, peor aún, concertarse con Chávez a ver si salvaban la parcelita.
La pantalla roja es un objetivo de vida o muerte para la supuesta “revolución”, y por ello están dispuestos a pagar el costo político que supone la hegemonía televisiva ante los ojos de millones de venezolanos y ante la comunidad internacional.
Lo han dicho hasta el cansancio los voceros del oficialismo: nuestro principal enemigo son los grandes medios de comunicación. Pero una cosa es enrojecer la pantalla y otra doblegar la cultura democrática que cada quien lleva consigo. Lo primero lo están consiguiendo y lo segundo los puede vencer.
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