En vértigo en la política y en la economía
Por Juan Carlos de Pablo
Revista Fortuna
En la Argentina rara vez acierta o gana quien toma decisiones sobre la base de que la realidad funciona según el “piloto automático”, tanto en el plano político como en el económico. Hoy menos que nunca.
En el plano político; ¿cuáles eran las cuestiones que figuraban al tope de la agenda hace pocas semanas, y cuáles ahora? Antes de nuevo acoso del Poder Ejecutivo al Poder Judicial, ausencia del presidente Kirchner en el principal acto conmemorativo del 25 aniversario de Malvinas, conflicto y represión en Neuquén, rotura del radar de Ezeiza, incendio del Comandante Irízar, prolongadísimo y creciente conflicto en la provincia de Santa Cruz, parecía que el panorama político estaba “cantado” en términos electorales.
En el plano económico exactamente lo mismo. Antes del estancamiento de la producción manufacturera (que ya lleva un semestre) y del de la construcción (que ya lleva un año), de presiones inflacionarias bien por encima de lo que indica el roto termómetro del INDEC, y de aumentos salariales que bien medidos están más cerca de 30%, que del publicitado 16,5%, parecía que todo funcionaba viento en popa, y que la economía iba a ser el gran activo electoral para las elecciones del 28 de octubre próximo (25 de noviembre si, como parece, será necesario apelar a las segunda vuelta).
Observo el plano político como cualquier lector de Fortuna y no como un experto, pero también como alguien a quien la experiencia le enseñó lo importante que resulta siempre arrancar todo análisis de los hechos, midiendo “velocidades”, por lo cual registro actualmente la vertiginosidad de los acontecimientos.
Observo el plano económico con criterio profesional. El análisis de cualquier variable comienza por el último dato, luego por colocar dicho dato en perspectiva estadística, y por último desarrolla la correspondiente explicación causal. Por eso arranco mirando lo que hoy está ocurriendo con la producción, el comercio exterior, el empleo y el desempleo, etc.
No todo el mundo procede así, y por eso en momentos de vertiginosidad muchos análisis políticos y económicos resultan poco relevantes para la toma de decisiones, porque se basan en diagnósticos antiguos.
En el plano político, si alguien me dice que si hoy fuera la elección presidencial, la probabilidad de que la ganaran Néstor o Cristina Kirchner es altísima, seguramente que estaría de acuerdo. Pero la elección será dentro de 5 meses, y con la actual vertiginosidad en nuestro país pueden pasar muchas cosas.
Los estimadores de imagen positiva e intención de voto del Gobierno están registrando caídas, desde niveles increíblemente altos a niveles que sólo Dios sabe qué credibilidad tienen. Pregunta: ¿es esta fuerte caída exclusivo reflejo de las acciones del Gobierno durante las últimas semanas, o también están “blanqueando” caídas anteriores, no registradas en compulsas poco creíbles?
En el plano económico lo mismo. Sigo leyendo –y escuchando–, aunque cada vez menos, que el PBI real de Argentina sigue creciendo “a tasas chinas”, que la inflación está bajo control, y que los aumentos salariales están acotados por la decisión gubernamental. Prehistoria, en función de datos publicados, tanto por organizaciones públicas como el INDEC, o privadas como FIEL, congruentes con lo que escucho en los debates que siguen a las conferencias que pronuncio.
En una palabra, estamos viviendo uno de esos momentos donde, más que por temor por propia “inercia analítica”, se repiten cosas que dejaron de ser ciertas, hasta que son tan falsas que hasta mi tía Carlota se da cuenta.
Tomar conciencia de esto es importante porque tanto los análisis políticos como los económicos sirven para complementar las realidades que uno visualiza en el plano individual, o en el intercambio informal en la cámara empresaria, vestuario del club de tenis o entreacto del teatro. Si leo que todos los argentinos y las argentinas son kirchneristas, creeré que integro un club formado por una sola persona; si leo que el PBI de la Argentina sigue creciendo a tasas chinas, pensaré que soy el único tonto al cual le sigue aumentando el valor de sus ventas, pero porque subieron los precios y no porque aumentó el volumen.
Como bien dijo Sigmund Freud, los chistes tienen algo de verdad. Me divierto y divierto a los extranjeros que me contratan para que les explique qué está pasando, diciéndoles que en la Argentina la tasa de suicido es cero. ¿Por qué?, preguntan dudando de mi estimación. “Porque aquí estamos todos esperando que algo grandioso ocurra en los próximos 5 segundos, y nadie se lo quiere perder”.
Es fundamental, entonces, contar con información y análisis actualizados, tanto en el plano político como en el económico. Cada vez que alguien afirme algo, usted pregúntele: ¿cómo lo sabe? Desnudará pseudo conocimientos. Cuando alguien me pregunta por la economía en 2008, le respondo que no entiende nada o tiene un jefe noruego que le hizo esa pregunta, quien evidencia que tampoco entiende nada.
Los análisis se tienen que hacer con una bolsa de hielo en la cabeza o, como decía el economista inglés Alfred Marshall, hay que poner la cabeza fría al servicio del corazón caliente. Que la fuerte desaceleración de la actividad económica siga a la fortísima recuperación, que a su vez siguió a la fortísima caída previa, es entendible y nos ayuda a ubicarnos frente a lo que estamos sintiendo y a lo que se viene. El problema lo tienen quienes creen que en 2003 se descubrió una nueva fórmula económica y que hay que buscarle la vuelta para que el PBI siga creciendo “a tasas chinas”. Pero lo tendremos todos, si al diagnóstico equivocado le suman el remedio equivocado.
Cada vez que encuentre un análisis político o económico viejo, haga lo mismo que con los medicamentos o alimentos vencidos: tírelos a la basura, que es donde deben estar.
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