El oprobio venezolano: La revolución más cara del mundo
Por Víctor Maldonado C.
Correo del Caroní
Todos los regímenes, socialistas o no, están sometidos a la fatalidad de la eficiencia. Simplemente que los costos totales no superen los beneficios. Sencillamente que la ciudadanía a la que se deben “le vea el queso a la tostada” y que por lo tanto los esfuerzos y los sacrificios esten razonablemente compensados en términos de retribución social. Y que todo ello tenga la apariencia de ser estable, en el largo plazo, a pesar de los vaivenes de la coyuntura.
Tal y como lo proponen los libros sagrados con las variadas fábulas en las que se demuestra cuan valioso suele ser acopiar para los tiempos duros, cuando la situación todavía lo hace posible. Pero como lo planteó atinadamente Max Weber, parte del secreto de la eficiencia está en la legitimidad del régimen y cómo se obtiene esa legitimidad.
La legitimidad es la retribución en términos de obediencia que obtiene un sistema de dominación. La mejor de ellas es la que resulta de la convicción, y por lo tanto se practica como una expresión genuina del ser. Cuando un gobierno está soportado por esta disposición las decisiones se transforman fluidamente en obras y hechos tangibles, hay paz social, se incrementa la productividad del país y por ende abunda la prosperidad. Pero por supuesto, esa no es la única posibilidad. Ocurre que también puede obtener la sumisión de los ciudadanos a cambio del otorgamiento de prebendas. Y por supuesto que, como cualquier otra relación mercenaria, tiene un costo creciente.
Tal y como lo propone Alvin Gouldner, el costo se incrementa a partir del efecto que él llamó “multiplicador de reciprocidades”. Y es que la prebenda de ayer no sirve para mantener la fidelidad de hoy, que exige un incremento, una escala superior del monto, una especie de inflación de los beneficios, que tarde o temprano hacen caer en la banca rota a cualquier sistema, cualesquiera que sean sus ingresos. Por eso es que las Hummer están estacionadas en el lugar adecuado, y para el disfrute de la institución adecuada. Porque ante el fracaso de la ideología, no queda más remedio que abrir el panal y esperar que las moscas se acerquen. La misma razón asiste a la decisión de tolerar y hacerse de la vista gorda con la corrupción del resto, mientras se entrega a la vindicta pública uno que otro viejo amigo, pero que en este momento puede ser prescindible.
Pero allí no terminan los costos. Mientras el laboratorio del Comando Miranda, el genio de Monedero incluido, termina de dar los últimos toques al hombre nuevo y a la sociedad nueva, el gobierno no ha tenido más remedio que conectar al hombre caduco y corrupto a la vía de las misiones, suerte de promesas sin sentidos que ofrece redimir instantaneamente al pobre venezolano de cualquier privación. Pues bien, las cifras indican que más de medio millón de venezolanos decidieron vivir de la mano larga y dadivosa del gobierno, con el único inconveniente de la inflación del 27% que afectó un rubro tan sensible como el de los alimentos. Así que cabría esperar una revuelta de las expectativas en breve, con miles de misioneros pidiendo más, y haciendo oidos sordos a las peticiones del presidente de más austeridad y más compromiso revolucionario.
Esta revolución es la más cara del mundo por la sencilla razón de que no hay ninguna otra forma de aguantar las fisuras por las que se notan el absurdo y el fraude en que se ha convertido el régimen. El gobierno no tiene otra forma de colocar gríngolas que no sea a billete limpio. Tal vez así, dure un poco más a pesar de la dura realidad de incapacidad, autoritarismo y oprobio.
El socialismo del siglo XXI, si sigue así se acaba mucho antes del 2021.
- 15 de agosto, 2022
- 21 de mayo, 2008
- 8 de febrero, 2008
Artículo de blog relacionados
El Cronista Comercial Los sueños de poblar el país a través de la...
3 de febrero, 2010- 25 de abril, 2015
El precio del crudo ha sufrido un rally alcista debido a factores...
25 de septiembre, 2013- 13 de enero, 2008













