El neoliberalismo y el retorno de los brujos
Por Armando Ribas
Diario Las Americas
Los economistas fueron más culpables que los filósofos por la Revolución; se olvidaron de los derechos privados en función de la utilidad del Público.
Alexis de Tocqueville
En su “La Obsesión Antiamericana” Francis Revel escribió que la izquierda siempre tiene tres enemigos: “el enemigo exterior, el enemigo interior, y el enemigo anterior. En esta última categoría se encuentra el fatídico neoliberalismo, más descalificado aún como el “capitalismo salvaje”. Pero como bien dijera Ortega y Gasset. “Todo lo antiliberal es anterior al liberalismo”.
Y ¿Qué es el neoliberalismo? El supuesto neoliberalismo fue el intento en América Latina de superar el fracaso histórico de la región, basado en el socialismo y nacionalismo, sustentados en la teoría de la dependencia y la de la del deterioro de los términos del intercambio. El fracaso de ése intento en gran parte de América Latina se convirtió así en la excusa para volver al estatismo y al proteccionismo histórico.
La teoría de Marx, al respecto de que los ricos se hacen cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres en el maléfico sistema capitalista por la explotación del hombre por el hombre, se apropió del pensamiento político del retorno de la “democracia” al continente. Hasta Edgard Berstein, en 1899, se dio cuenta de que la profecía de Marx no se había cumplido y que el socialismo debía ahondar la evolución a favor del sufragio universal. Así se creo la social democracia, que hoy horada las economías Europeas por más que su autor supusiera erróneamente que el socialismo era la superación histórica del liberalismo y no su opuesto.
Entonces antes de explicar el neoliberalismo, creo procedente definir los fundamentos del liberalismo, que nació con Locke y la Revolución Gloriosa de 1688 y no con Rousseau y el crimen histórico de la Revolución Francesa. El liberalismo es la doctrina que cambió la historia universal dándole a la humanidad oportunidades de superación desconocidos a través de millones de años. Y los principios en que se sustenta esta visión son: la falibilidad de la naturaleza humana y la imposibilidad de su modificación; la limitación del poder político; la conciencia de que los intereses privados no son per se contrario al interés general; la separación del Estado de la Iglesia; y el respeto y protección de los derechos individuales a la vida, a la propiedad y a la búsqueda de la propia felicidad. Consecuentemente la tolerancia, la libertad de prensa y la libertad religiosa. En otras palabras el respeto por el individuo.
El Neoliberalismo fue el intento de recuperar esos principios que en el caso de la Argentina estaban reconocidos en la Constitución de 1853-60. Se privatizaron entonces las empresas del Estado, se liberó la economía, incluido el mercado de cambio, se estableció un tipo de cambio fijo y se controlo la cantidad de dinero. En principio nada hay que objetar a ese programa. Pero el diablo metió la cola y el aumento del gasto público determinó el fracaso del programa. Se cumplió así el dictum de George Gilder respecto a que: “expandir el gasto público y controlar la cantidad de dinero, era la mejor forma de destruir al sector privado y dejar el sector público incólume en tanto que se creaban las excusas para la nacionalización de la industria”.
El resultado de esa contradicción es el aumento de la tasa de interés real por sobre la rentabilidad de las empresas y de la sobrevaluación de las monedas nacionales. Y este proceso letal es independiente de si existe o no déficit en el presupuesto y al respeto dice Gilder: “Si el déficit se eliminara con tasas de impuestos mas altas y la oferta monetaria permaneciese constante, el nivel de precio aumentaría conforme a la ortodoxia de la ley de costos”. La realidad es que el gasto público no es parte del producto sino una parte importante del costo de producir. Por ello hace ya mucho tiempo escribí que prefería un gasto más bajo como un déficit mayor, que un gasto más alto con un déficit más bajo o sin déficit.
Tal fue lo que ocurrido por primera vez en Chile en 1982, cuando imperaban los “Chicago Boys” y se repitiera en México durante el Tequila. Pero el F.M.I no aprendió de esta experiencia y el proceso se repitió en el sudeste asiático en 1997, y en Brasil Y Argentina. El monetarismo impertérrito prosiguió apoyando el programa de la llamada convertibilidad y en el 2001, la Sra. Kruega del F.M.I reconocía que el programa argentino andaba bien y le otorgó un préstamo de U$ 8.000 millones a Cavallo. Entre tanto el riesgo país aumentaba y salían del país unos U$ 25.000 millones, lo que provocó el control directo de los depósitos en los bancos, y que se denomina “Corralito y más tarde el Corralón”.
En Argentina el proceso fue aprovechado políticamente y se produjo un golpe de Estado Civil, que determinó la caída de De La Rúa y una suseción de cinco presidentes que culminara con el Sr. Eduardo Duhalde. Las medidas adoptadas, entre ella la denominada devaluación asimétrica provocaron una caída del P.B.I del 10,2% en el año 2002. Ya en ese año la Sra. Kruegen volvió e hizo un comentario sagaz al respecto de que la moneda argentina en el 2001 estaba algo sobrevaluada. Chocolate por la noticia. Finalmente un informe del F.M.I que analizaba la política seguida, recogió la siguiente enseñanza: “ La decisión del Sistema de cambios depende del gobierno del país, pero el F.M.I debe cuidar que la política macroeconómica sea compatible con esa decisión”. Y eso fue lo que no hizo. Por tanto el demoníaco neoliberalismo fue una simbiosis letal de monetarismo y keynesianísmo Es decir control monetario y expansión del gasto público. O sea socialismo fiscal y liberomonetarismo en el Banco Central. Y los brujos están devuelta Chávez, Correa, Kirschner Evo Morales, Ortega, etc.
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