La alienación de los marxistas
Actualmente, a Karl Marx se lo conoce ampliamente como el teórico fundacional de la “alienación”, un concepto que puede aplicarse hoy en día a muchos de sus seguidores. En un video que ahora se ha vuelto viral, el creador de contenido Nate Friedman solicita a un líder de la organización Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA es su sigla en inglés) que haga una presentación muy breve y convincente ante su audiencia sobre: ¿Por qué es mejor el socialismo que el capitalismo? “Comunidad. ¿Estás cansado de estar solo, de estar solo sin nadie con quien hablar? [Conviértete] en socialista”. La fiebre de los Knicks, las fiestas para ver el Mundial de Fútbol, la camaradería que siente al pasear por Astoria: son todas pruebas de que el socialismo funciona. El dirigente le dice a Friedman que ha abrazado a más desconocidos durante el último verano que en toda su vida, todo gracias a Zohran Mamdani.
La concepción de Marx de la alienación postula que, bajo el capitalismo, los trabajadores se alienan de los productos de su trabajo. En cambio, el dueño de la fábrica que los emplea toma el control sobre algo que fue producido por las manos de otro y lo vende para su propio beneficio, privando a sus trabajadores no solo de todo su valor económico, sino también de cualquier participación significativa en la forma en que se vende. En virtud de que los marxistas ven a los trabajadores y propietarios del capital como partes enfrentadas, la alienación también revela una disparidad de poder económico a través de la cual estos últimos ejercen control sobre los primeros y los reducen a la subyugación.
La sensación de alienación que sigue se convierte en el impulso para la acción revolucionaria que busca establecer el control obrero sobre los medios de producción, dando así inicio a una era socialista. Al enmarcar su sistema como un sendero por el cual los trabajadores pueden superar su posición alienada, los socialistas afirman imbuirle un sentido de “justicia” que subsana un error al reafirmar el control colectivo de los trabajadores sobre la producción económica. Por extensión, cualquiera que se interponga en el camino del socialismo está así sosteniendo a una élite capitalista injusta, convirtiéndose en cómplice de la falla que Marx afirma haber identificado.
Esta visión de que el capitalismo nos ha alejado del mundo natural, de potenciales amigos y de nuestra propia actividad proporciona un vínculo crucial entre un concepto marxista abstracto y los movimientos populistas emergentes, sobre todo los Socialistas Democráticos de Estados Unidos. Mientras que la teoría marxista convencional de las clases sociales se basa en la premisa del conflicto material entre dos clases bien definidas (el proletariado frente a la burguesía propietaria de fábricas), este modelo económico está anclado en una conceptualización del siglo XIX de la producción industrial. En la actualidad, las líneas de montaje y las acerías ofrecen pocas vías de acceso al activismo socialista para los millennials con educación universitaria y sin un rumbo claro (salvo por el viejo truco de autoproclamarse como una “vanguardia intelectual del proletariado”). Cuando un sentimiento personal de alienación se convierte en pretexto para un reclamo social más amplio, este tipo de activismo se torna en un ejercicio participativo interminable para los agraviados, más allá de su situación económica real.
Además de convertir el “capitalismo” en una explicación universal a la que atribuir todos los males por la muy real epidemia de soledad, la teoría de la alienación también permite a los socialistas modernos sortear varios escollos en el marco económico de Marx. En Das Kapital y obras relacionadas, Marx construyó su sistema económico sobre la teoría del valor-trabajo. Sostenía que el capitalista se dedicaba a la explotación económica de su fuerza laboral apropiándose de la “plusvalía” de su trabajo. En la práctica, esto significaba vender un producto a un precio muy superior a la paga del trabajador que lo producía y quedarse con la diferencia. Creía que establecía un mecanismo científico mediante el cual podía demostrar que los trabajadores estaban siendo explotados, revelando así la principal falla del sistema capitalista, así como un fundamento matemático para su derrocamiento.
Marx tenía en muy alta estima la teoría de la plusvalía. La consideraba su contribución teórica más original a la economía. Lo sabemos porque Marx lo expresó en cartas privadas a sus amigos, situándola entre los “mejores puntos” de su obra magna. Quienes conocieron bien a Marx, incluida su hija Leonor, así como su principal mecenas y colaborador, Friedrich Engels, caracterizaron sus escritos sobre la plusvalía como el eje central de su sistema. Esto aportó una base “científica” al “socialismo científico”, distinguiendo a Marx de los socialistas “utópicos” que lo precedieron.
En realidad, la teoría de la plusvalía fue el talón de Aquiles de las teorías de Marx. Lo construyó partiendo de la premisa errónea de que el valor económico deriva del trabajo realizado para mejorar la naturaleza.
Esta creencia aparentemente intuitiva se remonta al mundo antiguo y había sido estudiada por economistas durante generaciones antes de la llegada de Marx, incluyendo a Adam Smith y David Ricardo. Tomándolo como punto de partida, Marx intentó entonces construir una prueba lógica del socialismo calculando la supuesta plusvalía expropiada que el propietario de la fábrica retiene para sí mismo y de la que priva a sus legítimos creadores.
Pero el valor económico, en realidad, no deriva del trabajo realizado. Surge de preferencias subjetivas, como las que ejercen dos partes que realizan una transacción en el momento de un intercambio. Esta idea proviene de la “Revolución Marginal” de 1871, un descubrimiento casi simultáneo de William Stanley Jevons y Carl Menger, mientras cada uno intentaba dar una explicación de una paradoja del valor de larga data en la literatura económica previa (puede leer más sobre esto aquí). La esencia de su descubrimiento hizo que el sistema de Marx de Das Kapital, publicado solo cuatro años antes, en 1867, quedara obsoleto desde sus inicios.
Marx fue en gran medida desconocido fuera de los círculos socialistas durante su vida, y Das Kapital permaneció como un libro poco conocido hasta mucho después de su muerte, en 1883. Cuando los economistas empezaron a prestarle atención en las décadas de 1880 y 1890, rápidamente hicieron trizas la teoría de la plusvalía. A principios del siglo XX, los economistas habían juzgado las contribuciones de Marx y las encontraron insuficientes: un “libro de texto obsoleto… sin interés ni aplicación para el mundo moderno”, como lo describió John Maynard Keynes.
Revitalizados por la Revolución Bolchevique de 1917, los teóricos marxistas intentaron aferrarse a la teoría de la plusvalía como alternativa al emergente consenso marginalista. Algunos intentaron complejas demostraciones matemáticas de las obras de Marx, solo para encontrarse en la trampa circular de una teoría que asumía sus propias premisas. A pesar de todo el debate que el “socialismo científico” de Marx generó entre los economistas críticos a principios del siglo XX, un concepto está casi totalmente ausente en este período: la alienación. Y detrás de ello hay toda una historia.
Las primeras exploraciones de Marx sobre el concepto probablemente provinieron del teórico socialista Moses Hess, que originalmente había sido su mentor en la década de 1840. A pesar de esta fecha temprana, pocos de los escritos de Marx sobre la alienación llegaron a publicarse hasta el siglo XX. De hecho, su atención se desplazó hacia otros temas.
Sin embargo, Marx tuvo una amarga ruptura con Hess a finales de la década de 1840, lo que precipitó las diatribas del Manifiesto Comunista contra el socialismo “utópico”. Poco después, la teoría de la alienación, que en otro tiempo había sido elaborada en detalle, comenzó a desaparecer de los escritos de Marx. Cuando terminó el primer volumen de Das Kapital en 1867, ya había sido reemplazada casi por completo por la teoría más “científica” de la plusvalía.
Los primeros cuadernos de Marx trataban la alienación como un concepto formal y bien definido, conocido en el alemán original por los términos casi intercambiables Entfremdung y Entäusserung. Además, especificó una condición denominada Entfremdete Arbeit, o “trabajo alienado”, que es la base de la mayoría de las adaptaciones sociológicas modernas del marxismo.
En cambio, estos conceptos están ausentes de Das Kapital y de los demás escritos posteriores de Marx. Cabe señalar que la palabra alienar/alienación aparece algunas veces en el texto de Das Kapital, pero los estudiosos de esta obra han reconocido desde hace tiempo que es una traducción imperfecta al inglés de Entfremdete como raíz para un uso informal del adjetivo, y no como los conceptos formalmente definidos de sus escritos anteriores.
La razón no es difícil de identificar. Tras su ruptura con Hess y los primeros socialistas “utópicos”, Marx abandonó los conceptos formales de Entfremdung y Entäusserung, probablemente porque no podían establecerse sobre una base científica. Se asemejaban al mismo tipo de afirmaciones normativas que Marx denunciaba como misticismo e ideología cuando provenían de sus competidores socialistas. Su búsqueda de una base “científica” incuestionable para el socialismo lo llevó a buscarla en otra parte, hasta finalmente decantarse por la plusvalía: una teoría que actualmente sabemos que es defectuosa, pero que claramente calificaba como científica a los ojos de Marx.
Entonces, ¿cómo llegaron los socialistas del siglo XXI a considerar la alienación como una de las doctrinas más importantes de Marx, cuando el propio Marx claramente le restó importancia en sus escritos de madurez y probablemente se alejó de ella por considerar que no era suficientemente científica? La respuesta se encuentra en una casualidad de la historia.
Los escritos de Marx sobre la alienación aparecen casi todos en una serie de cuadernos inacabados conocidos como los Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 (con algunos fragmentos finales en el igualmente inacabado Grundrisse, que Marx escribió como obra de transición en la década de 1850). Aunque son anteriores a Das Kapital en la línea temporal, estos manuscritos nunca fueron publicados por Marx. Tampoco sus hijos ni su albacea literario, Friedrich Engels, consideraron oportuno publicarlos, a pesar de que editaron y publicaron varias otras obras de Marx de manera póstuma.
Incluso en 1917, cuando Lenin lanzó su revolución en Rusia en torno a las ideas de Marx, los Manuscritos de 1844 permanecían inéditos y desconocidos, incluso para la mayoría de los teóricos marxistas, incluidos los que formaban parte de la dirigencia bolchevique. La alienación simplemente no era considerada un componente significativo del sistema marxista, ya que los escritos de Marx sobre la alienación aún no estaban disponibles para quienes estudiaban e interpretaban a Marx.
Podría haberse quedado así de no ser por un proyecto personal de Lenin. El revolucionario soviético convirtió la educación doctrinal en la teoría marxista en un principio central de su nuevo régimen y, con ello, la publicación y difusión de los escritos de Marx. Como observó el historiador marxista Eric Hobsbawm, estos proyectos estaban “respaldados por los —para estos fines— recursos ilimitados del Partido Comunista Soviético”.
Lenin y sus sucesores destinaron vastos recursos del Estado soviético a la publicación de las obras de Marx, incluyendo un proyecto dedicado a recopilar y organizar cada fragmento de sus escritos aún inéditos que pudieran conseguir. Los bolcheviques financiaron a la editorial Progress Publishers, con sede en Moscú, para imprimir traducciones de las obras de Marx en casi todos los principales idiomas. También encargaron una serie editada de varios volúmenes con la correspondencia privada de Marx con Engels. Su proyecto más ambicioso fue el Marx-Engels-Gesamtausgabe, o MEGA1, como se abrevia, que apuntaba a publicar una edición completa de todos los escritos conocidos de Marx y Engels.
El proyecto MEGA1 surgió de un comité convocado por Lenin poco después de tomar el poder, que inicialmente encargó al estudioso de Marx y también bolchevique David Riazanov la tarea de llevar a cabo el proyecto. En 1924, Riazanov viajó a Alemania y estableció una colaboración con el Instituto de Investigación Social de Frankfurt (más conocido hoy como la Escuela de Frankfurt), un centro académico marxista que lo ayudó a obtener acceso a los documentos de Marx conservados en los archivos del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD).
Riazanov comenzó a publicar los primeros volúmenes del proyecto a finales de los años 20. Poco tiempo después, entró en conflicto con Joseph Stalin y finalmente fue apartado del proyecto y ejecutado en 1938, en una de las infames “purgas” del dictador soviético contra sus competidores dentro de la dirigencia bolchevique. El proyecto editorial iniciado por Lenin y desarrollado por Riazanov continuaría hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, llegando a publicar 12 volúmenes de materiales.
Los hasta entonces desconocidos Manuscritos de 1844 se encontraban entre los materiales que Riazanov fotografió y envió a Moscú para su transcripción. En 1929 publicó algunos breves extractos de estos nuevos documentos, y sus sucesores en el proyecto MEGA1, aprobados por Stalin, publicaron en 1932 la primera versión íntegra en alemán de estos documentos.
Casi simultáneamente, un par de académicos alemanes alineados con el SPD, Siegfried Landshut y Jacob Peter Mayer, comenzaron a trabajar con los mismos cuadernos y publicaron una pequeña colección de los primeros escritos de Marx procedentes de los archivos del SPD. Su versión de los Manuscritos de 1844 apareció, con algunas partes recortadas, bajo el título Nationalökonomie und Philosophie. Un par de eruditos afiliados a Frankfurt completaron al año siguiente una traducción al francés de los Manuscritos de 1844. A mediados de los años 30, ya estaban disponibles en alemán y francés, aunque en tiradas limitadas y en una época de intensa agitación política en Europa.
Varios académicos marxistas en la órbita de la Escuela de Frankfurt —especialmente Herbert Marcuse y György Lukács— comenzaron a defender el descubrimiento de los documentos como una herramienta “novedosa” para interpretar a Marx. Marcuse presentó la nueva publicación como “un acontecimiento crucial en la historia de los estudios marxistas” en un ensayo publicado ese mismo año, destacando que la teoría de la alienación proporcionaba un “fundamento” para el posterior “socialismo científico” de Marx. Su artículo pasó prácticamente desapercibido para sus contemporáneos y no comenzó a acumular citas en otros trabajos académicos hasta las décadas de 1960 y 1970. (Las perturbaciones provocadas por la Segunda Guerra Mundial y la represión del marxismo durante la era nazi obligaron al núcleo del grupo de Frankfurt, incluido Marcuse, a trasladarse a Estados Unidos. Pero lo cierto es que la reinterpretación de Marx que Marcuse realizó en 1932 en torno a los Manuscritos de 1844 recibió una atención académica prácticamente nula y tuvo un impacto insignificante hasta que fue redescubierta unas tres décadas más tarde).
Después de la guerra, los Manuscritos de 1844 recibieron un renovado impulso de atención. Progress Publishers publicó una traducción al inglés en 1959, y una avalancha de nuevos libros y artículos pareció intentar integrar sus argumentos en el canon marxista existente.
La teoría de la alienación se difundió rápidamente entre los intelectuales marxistas, y en un momento extremadamente conveniente también. Los Manuscritos de 1844 aparecieron casi en el momento exacto en que incluso los economistas marxistas empezaron a reconocer que la teoría de la plusvalía, tal como se desarrolló en Das Kapital, era insostenible desde el punto de vista económico. En su lugar, apareció una novedosa reformulación de Marx que les permitía llegar, más o menos, a las mismas conclusiones prescriptivas. Mientras que el marxismo clásico se presentaba como científico, la nueva variante alcanzaba sus objetivos mediante apelaciones no falsables a la alienación y el extrañamiento de los trabajadores, todo ello supuestamente reforzado por desigualdades de poder que los obligaban a someterse a un mercado laboral capitalista explotador.
Sin embargo, para los marxistas de ambas corrientes, el giro hacia la teoría de la alienación planteó un dilema. Si la Entfremdung era la verdadera esencia del sistema marxista y no la plusvalía, ¿por qué casi nadie en el universo marxista lo había notado hasta las décadas de 1950 y 1960? ¿Por qué la propia evaluación que Marx realizaba de sus teorías omitió esta supuesta idea fundamental mientras él mismo se atribuía profusamente el mérito por la teoría de la plusvalía? ¿Y por qué ninguna de las elaboraciones teóricas marxistas que sustentaron a los bolcheviques de Lenin, ni prácticamente ningún movimiento marxista hasta ese momento, se centró en este concepto supuestamente crucial?
La aparición repentina de la teoría de la alienación en el universo marxista no es una cuestión de especulación. Los usos en alemán de la palabra Entfremdung aumentaron rápidamente a partir de alrededor de 1960, coincidiendo directamente con el cambio.
Este patrón se vuelve aún más marcado para Entfremdete Arbeit, o “trabajo alienado”, una expresión característica solo de los escritos marxistas. Esta expresión era inexistente hasta que apareció brevemente en 1932, con la primera publicación en alemán de los Manuscritos de 1844, y su uso se mantuvo en niveles insignificantes hasta que aumentó repentinamente después de 1960.

Algunos académicos advirtieron que se avecinaba un cambio. En 1959, el sociólogo de Harvard Daniel Bell escribió un perspicaz ensayo sobre el “redescubrimiento” de la alienación en Marx. Describió este suceso como un intento de replantear a Marx no como economista y teórico político, “sino como un filósofo que fue el primero en dejar al descubierto el extrañamiento del hombre respecto de una sociedad opresiva”. Como señaló Bell de forma nada sutil, este giro ofreció a una generación más joven de intelectuales socialistas un medio para distanciarse del estalinismo tras las revelaciones sobre las atrocidades masivas soviéticas después de la muerte de Stalin, y le proporcionó una formulación alternativa de la teoría socialista, manteniendo al mismo tiempo “cordones umbilicales con Marx”.
Otros teóricos marxistas intentaron resolver el dilema de la aparición repentina de la alienación dividiendo los escritos de Marx en fases “jóvenes” y “maduras”. El marxista francés Louis Althusser llamó a esto la “ruptura epistemológica” en el sistema de Marx y la situó a mediados de la década de 1840. En su formulación, el Marx “joven” seguía apegado a conceptos humanistas que había tomado de figuras como Hegel y Hess, entre los cuales la alienación ocupaba un lugar central. En cambio, se sostiene que el Marx “maduro” descartó estos conceptos por depender excesivamente de la ideología y ser incompatibles con sus esfuerzos por construir una alternativa “científica” al socialismo utópico.
Otros marxistas cuestionaron a Althusser. En 1970, István Mészáros publicó una refutación afirmando que la alienación era el principal hilo conceptual de toda la obra de Marx, uniendo sus primeras obras de la década de 1840 con Das Kapital, de 1867. Reconoció que Entfremdung desapareció en gran medida de los escritos posteriores de Marx, pero insistió en que constituía una base implícita y subyacente del argumento que Marx desarrolló en Das Kapital. Está ausente en el sentido literal, pero supuestamente queda abarcada mediante un cambio en la terminología de Marx hacia conceptos como el “fetichismo de la mercancía”.
Esta reinvención semántica ofrece un argumento conveniente para inyectar conceptos tácticos del Marx “joven” en sus obras de madurez, quizá incluso demasiado conveniente. Pero aun así no explica cómo un supuesto hilo conductor de toda la trayectoria intelectual de Marx pasó inadvertido hasta mediados del siglo XX, incluso en medio de la intensa exégesis textual de los teóricos marxistas, desde Engels hasta Lenin.
En cambio, la evidencia bibliométrica, como los gráficos de palabras anteriores, ilustra lo obvio: la teoría de la alienación es una invención moderna surgida de manuscritos que permanecieron inaccesibles y desconocidos hasta mediados del siglo XX. Los teóricos marxistas de aquella época necesitaban desesperadamente llenar el vacío dejado por el colapso de la teoría de la plusvalía en el ámbito económico, y el concepto recién disponible de Entfremdung se convirtió en su solución improvisada.
En lugar de sufrir el doble descrédito del rechazo académico por parte de la mayoría de los economistas y de la mala reputación provocada por la revelación de los abusos de Stalin contra los derechos humanos, el marxismo cobró nueva vida en los años 60 gracias a una oportuna reinterpretación de sus doctrinas fundamentales. Desvinculado de la teoría de la plusvalía que el Marx histórico impuso a su propio sistema económico, sus seguidores lo reinventaron como sociólogo y filósofo de la condición humana.
Ya no sujetos al juicio de sus pares ni a la prueba de la práctica en el ámbito político-económico, los socialistas actuales procedieron como si las teorías de Marx hubieran salido intactas de casi un siglo de críticas demoledoras, al afirmar que habían encontrado para ellas un nuevo fundamento en la teoría de la alienación. A Zohran Mamdani, Alexandria Ocasio-Cortez y otros políticos de Socialistas Democráticos de Estados Unidos les basta con apelar a la alienación como pretexto para una amplia transformación marxista de la economía estadounidense. Poco importa que el socialismo obtenga su mayor apoyo de un segmento minoritario de millennials con un alto nivel educativo (datos de encuestas recientes muestran que la valoración favorable del socialismo es mayor entre las personas con títulos universitarios y, especialmente, entre quienes poseen títulos de posgrado). La teoría de la alienación pone el marxismo al alcance de cualquiera, incluso de la burguesía.
Mientras que la plusvalía implica un cálculo mecánico específico de la posición económica de la clase trabajadora, la alienación puede adaptarse a casi cualquier agravio social o cultural imaginable. Las preocupaciones emocionales son reempaquetadas como problemas materiales, allanando el camino para resucitar políticas económicas largamente desacreditadas, como el control de alquileres, la fijación de precios y la propiedad pública de las empresas, como un supuesto remedio frente a un diagnóstico sociológico fluido y en constante cambio.
Las políticas marxistas se convierten en la respuesta predeterminada del socialista no solo ante cualquier agravio económico, sino también ante la atomización social que hace que los jóvenes se sientan a la deriva.
Traducido por Gabriel Gasave








