Nubarrones en Guatemala
Por Luis Álvarez
La Opinión, Los Angeles
Es tan mala la situación en Guatemala que para muchos la crisis de “Guate” ya no es mala, ahora es realmente peor.
Sí, porque el país no podría estar realmente en un peor momento. Cuando las elecciones nacionales están a la vuelta de la esquina, todos los indicadores identifican a un país en estado casi comatoso.
Allí se libra una guerra sin cuartel, pero ya no la guerra en la que soldados y guerrilleros empuñan los fusiles. Es la guerra fratricida de la violencia en las calles. Ahora hay más muertes diarias por violencia que durante el conflicto armado que duró más de 30 años.
El narcotráfico se ha enseñoreado en las principales estructuras políticas y judiciales, y amenaza con convertirse en un factor determinante en la contienda electoral de septiembre próximo, según lo reconocen autoridades de derechos humanos .
Los militares, que por tantos años sometieron con sangre y fuego a la población, mantienen vivo su oscuro lastre. Uno de ellos, ahora retirado, quiere convertirse en presidente de la república y las encuestas le otorgan un nada despreciable segundo lugar en las preferencias de voto.
Uno más, Efraín Ríos Montt, a quien se le acusa del genocidio de miles de guatemaltecos, fue proclamado mondo y lirondo nuevamente como candidato a diputado. Todo un monumento a la impunidad.
Si del Presidente se trata, éste no se cansa de meter la pata. La gestión de Berger ha estado tan llena de desaciertos que el gobernante ocupa un primerísimo lugar como el más impopular entre sus colegas centroamericanos.
No hay duda de que el mandatario ha sido un hombre de palabra. Prometió poner al país a la vanguardia y ya el país ocupa varios primeros lugares. Para empezar disputa codo a codo el primer lugar con El Salvador como el país más violento de toda Latinoamérica.
El país ya va a la cabeza en desnutrición infantil en todo el hemisferio occidental, por arriba de Haití donde la situación parecía hasta hace poco la más dramática.
Y a nivel mundial, la posición no es nada desdeñable: la nación centroamericana ya se ubica en el sexto puesto entre los estados con mayores niveles de desnutrición crónica. Un millón de niños hambrientos pueden dar fe de ello.
Como si fuera poco, el ex presidente Alfonso Portillo busca un portillo para evadir la acción de la justicia y, ahora, cual pava disparando a la escopeta, pretende demandar al ingrato Estado guatemalteco que pretende juzgarlo.
¡Malvados! Cómo se atreven a perseguirlo sólo porque desaparecieron unos 15 milloncejos de dólares de las arcas estatales.
Pero aún hay más. La cifra de mujeres asesinadas cada año en Ciudad Juárez, México, palidece cuando se le compara con lo que ocurre en Guatemala.
Y en todo este desaguisado, la impunidad se ha convertido en amo y señor del país.
¿A dónde va Guatemala? Nadie lo sabe. Pero la brújula apunta insistentemente al despeñadero.
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