Pastoreo, puerta de entrada para los latinos a los EE.UU.
Por Barry Newman
The Wall Street Journal – Portafolio
Twin Falls – Julio Cruz es un pastor que vive en un vagón en medio del desierto del estado de Idaho. Este peruano, que viste un sombrero de ala grande y un abrigo largo, trabaja a tiempo completo con una visa especial y un contrato de tres años con John Noh, un criador de ovejas. Sin el permiso de Noh, Cruz no puede trabajar para nadie más. “Si todo va bien, me quedaré para un par de contratos”, dice. “En Perú no hay mucho trabajo”.
Entre marzo y noviembre, en los desiertos y las montañas del oeste de Estados Unidos, hombres como Cruz cuidan de ovejas todo el día, toda la noche, toda la semana. EE.UU. tiene cerca de 1.500 pastores. La mayoría viene como trabajadores invitados de Chile, México o Perú. Su salario legal oscila entre US$650 al mes en Wyoming a US$1.350 en California. Aquí en Idaho, Cruz gana US$750. EE.UU. también cuenta con miles de trabajadores invitados poco calificados que ocupan empleos temporales en fincas, puestos madereros y complejos hoteleros, pero la mayor parte de ellos puede entrar al país sólo por unos meses cada año.
Los pastores son los únicos que pueden permanecer todo el año, llevando las ovejas a la granja para que los animales tengan sus crías durante el invierno y regresándolas al desierto en la primavera. Tal como otros trabajadores invitados, los pastores deben volver a casa cuando se acaba el trabajo.
El gobierno no les ofrece ninguna posibilidad de convertirse en ciudadanos de EE.UU.
Sin embargo, ahora el Congreso estadounidense podría cambiar esa situación. Una cláusula que pasó desapercibida en la reforma inmigratoria anunciada recientemente por algunos senadores y la Casa Blanca le permitiría a los pastores solicitar la residencia permanente después de tres años, sin necesidad de patrocinador, y trabajar en cualquier parte hasta que la tarjeta sea aprobada.
Miles de trabajadores de la industria láctea podrían tener el mismo derecho.
La medida es parte de una reforma más amplia que podría generalizar la presencia de los trabajadores invitados en toda la economía estadounidense.
El Senado del país abrió el debate sobre esta medida esta semana, pese a que las negociaciones sobre los detalles del paquete legislativo continúan. La ley, tal como está, también les ofrece a los trabajadores invitados la oportunidad de la ciudadanía, aunque el camino no es tan directo como el que se propone para los pastores.
En el centro del debate se encuentra una pregunta que ha dividido a los partidos Demócrata y Republicano: ¿Deberían los trabajadores que llegan tener el derecho de quedarse permanentemente o deben volver a casa?
Por razones políticas y de tradición, la ganadería de ovejas ha sentido los efectos de los dos extremos del argumento. Los pastores de hoy se ajustan a la fórmula preferida por los que quieren reducir el flujo migratorio: llegan al país para hacer un trabajo determinado y se van cuando su patrón ya no los necesita.
Antes, a los pastores se les prometíala residencia permanente. Con su tarjeta de residencia en mano, generaciones de ellos, casi todos vascos de España, dejaron sus ovejas atrás y se unieron a la clase media.
En 1952, cuando el Congreso creó la visa H2 para los trabajadores temporales, el senador Patrick McCarran de Nevada, un estado con muchas ovejas, presionó por una cláusula que le permitiera a los pastores quedarse todo el año. A diferencia de los otros trabajadores, los pastores inmigrantes ganaron el derecho a solicitar la residencia legal.
Cuando el Congreso decidió enfrentar la inmigración ilegal en 1986, todo cambió. Se preservó la visa de los pastores y la manera del Departamento de Trabajo de establecer sus salarios. Pero se les anuló el camino a la residencia legal.
La vida en el campo
El vagón donde vive Cruz se ve a la distancia como un punto brillante en un vasto campo del desierto de Idaho.
Él cuida uno de los dos lotes que tiene su patrón con 1.000 ovejas cada uno. En la primavera, los animales pastan con sus críos en un parque federal arrendado. En el verano, se trasladan a una región más alta.
La vida en el campamento de ovejas hoy no es tan dura para Cruz como lo era para los vascos. Cruz escucha programas en español en un radio de onda corta y hasta llama al Perú desde su celular.
Pero si aspira a manejar un camión o abrir un negocio propio, su
única ruta ahora es la que han tomado otros pastores latinos: escaparse y trabajar como ilegales.
De otra forma, Cruz está atrapado. Viajó a Idaho en febrero con una visa pagada y patrocinada por Noh, su patrón. Cuando se le venza, Noh puede renovarla, pero si la provisión especial para los pastores en los proyectos de ley de inmigración actuales se concreta, Cruz podría solicitar su residencia legal después de tres años. En otras palabras, obtendría lo que los vascos lograron. Es una oportunidad que los pastores de hoy aprovecharían, pero a los dueños de las ovejas les podría tomar tiempo acostumbrarse al cambio.
Recientemente, Noh entregaba provisiones a Tony Villaizán, un pastor de 35 años que viene de los Andes peruanos. Ha pastoreado ovejas en Idaho durante casi 10 años. Tiene dos hijas en Perú.
“Hacía el mismo trabajo cuando era niño”, dice Villaizán. El pago empezaba en US$160 al mes en Perú y podía llegar hasta US$350. En EE.UU. empezó ganando US$650. Noh le paga US$800, lo suficiente para financiar una casa en Perú y una nueva dentadura. “Me siento cómodo con las ovejas”, dice Villaizán. “Si obtuvieras la residencia legal”, pregunta Noh, “¿qué harías?”
“Aun así, trabajaría con ovejas”, contesta el pastor. “Éste es mi favorito”, dice Noh. Entonces, Villaizán agrega rápidamente, “pero me gustaría ganar más dinero”.
Sin embargo, Noh y la mayoría de los criadores de corderos dicen que no tienen condiciones de ofrecer más dinero. Los estadounidenses sólo consumen medio kilo de cordero al año. Debido a la proliferación de los sintéticos, la demanda de lana es la décima parte de lo que fue en 1950. La población de ovejas del país se ha reducido a seis millones y con ella, la influencia política
de los criadores.
Cuando Noh piensa en el futurode sus pastores, tiene un modelo en mente: Ambrosio Aspiazu. Él llegó a EE.UU. para cuidar las ovejas de su familia en los años 60. Tras recibir su residencia legal, pasó a ser el supervisor de los campos de Noh. Para su jubilación, en 2000 Aspiazu había ahorrado US$500.000.
El año pasado, vendió su casa en Idaho y volvió a su tierra natal, el país Vasco.
- 29 de mayo, 2023
- 19 de enero, 2023
- 21 de abril, 2021
- 26 de mayo, 2023
Artículo de blog relacionados
Noticias AOL WASHINGTON. - Las tensas relaciones entre los países de América Latina...
24 de noviembre, 2009Por Dario Varcárcel ABC El triunfo, el domingo 22, de Recep Tayyip Erdogan...
26 de julio, 2007La Vanguardia, Barcelona Caben dos posibilidades. O los ciudadanos nos explicamos fatal, o...
23 de febrero, 2010Voice of America La canciller alemana, Angela Merkel, dice que se opone a...
10 de julio, 2008












