¡No, Banco del Sur!
Editorial – El País, Montevideo
Todo lo que hace, a nivel de América del Sur, el seudodemocrático presidente venezolano, Hugo Chávez, es para proyectar la influencia de su país y de su persona sobre nuestras latitudes, asumiendo un liderazgo que no le corresponde. Bajo ese parámetro, entonces, es que hay que juzgar su iniciativa en favor de la creación de un nuevo organismo de crédito regional, a llamarse Banco del Sur y que -¡vaya sorpresa!- tendría sede en Caracas. El Banco tendría por objetivos, además del novedoso cometido de “fortalecer la integración regional”, “contribuir al desarrollo económico y social de la región” y “constituir un fondo de Solidaridad Social”, destinado a “reducir la pobreza y la exclusión social”.
Este irrespetuoso autócrata, como de sobra lo ha demostrado, dista de ser un benefactor. Ni siquiera lo es con su propio pueblo, gran parte del cual sigue sumido en la pobreza, a pesar de sus millones de “petrodólares”. De su pretendida generosidad, que nos ha salido cara, ya tenemos pruebas los uruguayos. El y sus adláteres embarcaron a nuestro inexperto gobierno, cuando recién principiaba sus malandanzas, en el negocio del tío Barlo que hizo Ancap con Pedevesa. De resultas del mismo, según difundimos sin que nadie se atreviera a negarlo, nuestro ente -desde hace año y medio- le viene comprando a la petrolera venezolana crudos de mala calidad, cuyo procesamiento parece haber dañado a su refinería. Además, los paga a un dólar por encima del precio promedio del mercado internacional, de cuyo total se le fía un 25%. Ello ha generado, para Ancap, una deuda de U$S 250 millones, harto riesgosa para su futuro empresarial.
Con este botón de muestra, basta y sobra para desconfiar de cualquier propuesta o invitación de Chávez. Son, todas las que hace, “pro domo sua”. Tanto en lo financiero como en lo político. Asombra, entonces, que el posible ingreso uruguayo al Banco, haya sido planteado por el Dr. Vázquez al Consejo de Ministros el lunes pasado, con vistas a adoptar resolución -a tambor batiente, parece- en el día de mañana. Dícese que los riesgos financieros que tomará nuestro país no serán altos. ¡De modo que, además de prestarnos a decorar este nuevo tinglado de Chávez, habría riesgos financieros! Además, se añade, “El ingreso requerirá una inversión, pero Uruguay será de los mayores beneficiarios de préstamos…”, etcétera, etcétera. ¿Quién lo garantiza? ¿Chávez? ¡Por favor! Se aduce, asimismo, que en razón de que ya habrían apoyado la iniciativa Argentina, Brasil, Ecuador, Bolivia y Paraguay, -Chile, prudente como siempre, difirió su respuesta-, al gobierno uruguayo “le queda poco espacio político”. Craso error. Cuando está de por medio el interés nacional, cuya defensa es el primer deber de todo gobierno, siempre hay espacio político para actuar.
Según los trascendidos, es la Cancillería, o sea el señor Gargano, la secretaría de Estado más favorable a precipitar nuestro ingreso a la institución ideada y promovida por Chávez. Desde que la Cancillería no emboca una -suya fue la idea de pedir una medida cautelar ante la Corte de La Haya, tiro que le salió por la culata-, ello es la prueba del nueve del grueso error que configuraría sacar el pasaje que nos ofrece Chávez para la travesía de su Banco del Sur. No faltarán incautos que digan que si la finalidad es promover el desarrollo económico y reducir la pobreza, nada arriesgamos y quizás nos beneficiemos. Ya se sabe, sin embargo, que el desarrollo no se logra con los créditos blandos de organismos financieros internacionales, sino con el esfuerzo propio, abriendo la economía e incorporándose a la revolución tecnológica. ¿Cuánto dinero barato le ha dado el BID a nuestro Uruguay, sin que éste despegue ni crezca realmente su economía?
Que Chávez, entonces, no nos venda espejitos de colores, a fin de incorporarnos a otro de sus proyectos faraónicos, propios de su megalomanía. Después del papelón que hicieron el gobierno y su mayoría parlamentaria al votar a marchas forzadas, en una madrugada de penoso recuerdo, el ingreso venezolano al Mercosur, que Chávez “pagó” con su ausencia en la inmediata cumbre celebrada en Montevideo, ¿todavía no aprendieron ni escarmentaron? La vocación y la tradición democrática del pueblo uruguayo son incompatibles con la ejecutoria del mandamás venezolano, principiada con un fracasado golpe de Estado que algunos parecen olvidar. El interés nacional, entonces, obliga a no oficiar de rueda de auxilio de sus proyectos. Que se busque otros cortesanos.
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