La trajedia de Colombia
Por Manuel Trujillo Romero
Correo del Caroní
Colombia acaba de recibir un nuevo y duro golpe con el asesinato de 11 diputados de la Asamblea Regional del departamento del Valle del Cauca, quienes habían sido secuestrados por la guerrilla en plena reunión de cámara el 11 abril del año 2002.
Es un nuevo golpe porque la tragedia, que data de finales del año 48 que vive el pueblo colombiano, los de ahora no son los únicos colombianos que han muerto en la irracional guerra que aqueja a Colombia. Ya en 1985 tras la toma del Congreso Nacional por parte la guerrilla del M-19, murieron más de 100 personas, entre estas, once magistrados de la Corte Suprema de Justicia. El gobierno de ese momento, en un acto de fuerza, ordenó el rescate a sangre y fuego por parte del ejército. El resultado: cien muertos que aún reposan en la impunidad. Nunca se juzgó al gobierno de turno ni a los del M-19 por esa masacre.
En 1980 el M-19 se tomó la Embajada Dominicana en la que se reunía embajadores y otros diplomáticos, incluyendo al Nuncio Apostólico. Luego de largas negociaciones los rehenes fueron rescatados sanos y salvos. Posteriormente fue secuestrado el senador Álvaro Gómez Hurtado, prominente dirigente conservador, hijo de un ex presidente de la República, liberado tras negociaciones facilitadas por Panamá. En el año 2002 fue secuestrada la dirigente política opositora, Ingrid Betancourt, casada con un ciudadano francés, motivo por el que ella contaba, además, con la nacionalidad de su esposo.
Posteriormente, bajo el gobierno de Uribe Vélez fueron secuestrados, entre otros, dos políticos de renombre: Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri, quienes fueron asesinados ante un intento de rescate ordenado por el gobernante. Más tarde la hermana del conocido ex presidente, César Gaviria Trujillo, fue asesinada ante un intento de secuestro. Pero antes y después de estos acontecimientos ya había docenas soldados y de gente humilde secuestrada, cuyos familiares clamaban infructuosamente días y noches por su liberación.
Ningún gobierno de otro país se había interesado por la suerte de esa infortunada gente. Bastó con que una ciudadana colombiana, pero con doble nacionalidad por ser esposa de un francés, fuera secuestrada, para que el gobierno del país europeo removiera a ese continente para presionar por su liberación.
Todo lo expuesto hasta aquí me conmueve el alma como le debería conmover a todo ciudadano demócrata. Pero por lo que diré en adelante, me tiene sin cuidado lo que puedan opinar los colombianos defensores a ultranzas del presidente Uribe. Este presidente, el arrechón número 2 del continente, para ganar puntos, dio órdenes públicamente a las FF AA para rescatar, a sangre y fuego, a los secuestrados en poder de la guerrilla en lugar de ceder al intercambio humanitario que los familiares de los cientos de secuestrados y otras voces respetables le suplicaban desde años atrás. Pero no. Su posición fue siempre el estandarte del irracionalismo so pretexto de no humillarse ante la guerrilla. Y ¿es que acaso Uribe no se humilló recientemente ante el gobierno y el senado americanos cuando les rogó que le aprobaran el Tratado de Libre Comercio que le fue diferido por los americanos por no estar conformes con los crímenes de algunos sindicalistas y por el trato que le da el gobierno a los para? ¿Es que acaso Uribe no se le humilló ante Sarkozy, presidente francés, quien le pidió que liberara a Rodrigo Granda “a cambio de nada” según el mismo Uribe? Basta recordar que Granda fue sacado de Venezuela por agentes secretos colombianos, acto que estuvo a punto de producir un serio conflicto con Venezuela. Es oportuno preguntar: ¿Por qué antes del secuestro de la señora Betancourt, el gobierno francés ni ningún otro nunca se preocuparon por los cientos de rehenes de la guerrilla?
A mi manera de ver las cosas, el gobierno de Uribe no resuelve el problema de los plagiados porque padece un grave complejo de resentimiento social: Antes de ser gobierno a Uribe le secuestraron y asesinaron a su padre. A su ministro del Interior le secuestraron a su mentor político, a su Canciller lo secuestraron y se fugó del cautiverio, a otro de su Ministro también lo secuestraron. No resolver el problema ha significado disponer de un capital electoral para que los que aspiran a mandar tengan algo que ofrecer: la paz.
Ese gobierno ha liberado paramilitares y guerrilleros, pero no hace nada para liberar a los secuestrados. Hoy se lamenta de la muerte, pero no es capaz de salvar la vida de los inocentes plagiados. No puedo apoyar a un gobierno que no hace nada por garantizar el derecho a la vida que tienen los compatriotas. Basta de orgullos huecos. Si Uribe quisiera salvar la vida de los secuestrados debería proceder al despeje de la zona que pide la guerrilla para que haya el intercambio humanitario. No se puede pensar en un rescate oficial por ser demasiado peligroso y porque ni el Estado ni el gobierno saben dónde están los plagiados. Hablar de rescate, en esas condiciones, es una bravuconada más sacada de la gaveta de la demagogia. De esta tragedia tan culpable es la guerrilla como el gobierno.
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