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Los EE.UU deberían abandonar la OTAN, no reforzarla
23/5/2012
Ivan Eland

Con los medios de comunicación concentrados en la cumbre de la OTAN en Chicago sobre el futuro rol de la organización en Afganistán, el plan del presidente Obama de reforzar la alianza pasó mayormente fuera del alcance del radar. A pesar de que los Estados Unidos supuestamente “pivotean” a Asia para contener el ascenso chino mediante el aumento de alianzas con los vecinos de China, los Estados Unidos están una vez más tratando de asegurarlo todo a través del apuntalamiento de la OTAN en Europa.

Al menos en Asia existe una potencia en ascenso respecto de la cual estar nerviosos. En Europa, incluso una Rusia que a veces no hace exactamente lo que los Estados Unidos desean no es la Unión Soviética. Es cierto que los rusos aún poseen un gran arsenal nuclear, del cual a sus vecinos de Europa del Este les agradaría verse protegidos; pero incluso sin el escudo nuclear estadounidense solventado por la OTAN, estas naciones podrían estar protegidas por la disuasión nuclear de Gran Bretaña y Francia.

Desde que finalizó la Guerra Fría, la OTAN entró en modo de “expansión (en territorio y misión) o muerte”. La alianza, es decir los Estados Unidos, se comprometió a defender a muchos de los nuevos miembros de Europa del Este y llevó a cabo la mayor parte de sus misiones militares fuera del área del Atlántico Norte (por ejemplo, las intervenciones en Bosnia, Kosovo, Afganistán y Libia) en violación de sus estatutos. Los estatutos sólo proveen para la defensa colectiva de los Estados miembros. En lugar de expandirse, se debería haber permitido que la OTAN pereciese. La alianza tuvo éxito en su misión original de disuadir un ataque soviético en el área de la OTAN hasta que la Unión Soviética colapsó por sus propias contradicciones.

Pese a que las relaciones con Rusia no ideales, una de las razones por las que los Estados Unidos han llevado una alianza hostil hasta las fronteras de una debilitada Rusia—son mejores de lo que eran durante la temporada anterior de Vladimir Putin como presidente. Los rusos proporcionaron a la desesperada alianza una línea alternativa de aprovisionamiento a Afganistán cuando la ruta a través de Pakistán se tornó problemática. En general, Rusia y los Estados Unidos ven coincidir sus intereses en la lucha contra los islamistas radicales. Rusia también suscribió un importante tratado de control de armas con los Estados Unidos que limita las armas nucleares estratégicas y ha proporcionado a los EE.UU. algo de ayuda detrás de la escena al presionar a Irán para que abandone su programa nuclear.

En cualquier caso, la Guerra Fría terminó, y los todavía relativamente ricos europeos deberían ahora defenderse a sí mismos en lugar de depender de unos Estados Unidos con sus propios problemas fiscales. Sin embargo, el presidente Obama ha propuesto medidas para fortalecer la alianza: la adquisición de aviones no tripulados de vigilancia, el otorgamiento a la OTAN del control sobre un sistema de defensa antimisiles construido por los Estados Unidos, la donación de los radares e interceptores de misiles de los navíos estadounidenses Aegis a la OTAN en tiempos de crisis, y el reemplazo de las tropas de los Estados Unidos transferidas desde Europa con unidades militares estadounidenses rotativas para mantener a las fuerzas de los países de la alianza entrenando juntas incluso después de la retirada de Afganistán. Debido a que la amenaza a la zona del Tratado en Europa es muy baja, este entrenamiento meramente permite a los Estados Unidos obtener la prenda de cambio por proveer a la defensa de Europa: una hoja de parra del multilateralismo cuando se llevan a cabo aventuras militares estadounidenses en el mundo en desarrollo.

La reciente intervención en Libia, con los Estados Unidos aparentemente siguiendo el liderazgo de los europeos, en realidad demostró la indispensabilidad del poderío militar estadounidense. Desde el 11 de septiembre, a medida que el problema del “free rider” de la OTAN empeoró con la explosión de los presupuestos de la defensa estadounidense y la contracción de los de los países aliados, la brecha entre las capacidades militares de los Estados Unidos y sus aliados se ha ampliado. En Libia, los estadounidenses tuvieron que realizar inicialmente la pesada tarea de derribar las defensas aéreas libias. Después de que los Estados Unidos prepararon a los aliados para hacerse cargo de los ataques aéreos, tuvieron entonces que proporcionar vigilancia, inteligencia, logística y reabastecimiento de combustible para las operaciones aéreas aliadas. La escasa capacidad de vigilancia de los aliados es la razón por la cual el presidente Obama desea que la OTAN adquiera cinco aviones no tripulados de vigilancia Global Hawk.

Y el “viaje gratis” no va mejorar con los europeos en peores condiciones fiscales—al menos por el momento—que los Estados Unidos. Por lo tanto, los europeos seguirán disfrutando de un escudo nuclear y convencional estadounidense a pesar de no abrir completamente sus mercados a los bienes y servicios de los EE.UU.—como siempre ha sucedido en el mundo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Los contratistas estadounidenses de defensa obtienen poco de los europeos, al igual que los políticos estadounidenses, que consiguen una vaga “influencia” en las capitales europeas, pero el contribuyente estadounidense, como es habitual, saca el extremo corto del palillo al financiar la defensa de países que pueden darse el lujo de hacerlo por sí mismos.

A medida que la misión de la OTAN en Afganistán se queda sin cuerda, a efectos de ahorrar dinero a fin de evitar su propia crisis financiera, los Estados Unidos deben retirarse de la alianza y dejar que Europa se defienda sola de una amenaza ahora manejable. Por desgracia, los Estados Unidos parecen incapaces de abandonar su adicción a entrometerse e intentar controlar los asuntos de Europa.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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