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La presencia militar estadounidense en Corea del Sur no es un modelo para Irak
4/6/2007
Ivan Eland

La administración Bush ha decidido que su nuevo modelo para una solución de largo plazo en Irak es Corea. Es un intento por reducir las inevitables comparaciones del atolladero de Irak con Vietnam y una forma de justificar la eventual reducción de las fuerzas estadounidenses en Irak (a fin alejar las criticas de los candidatos republicanos en los comicios de 2008), a la vez que de retener una sustancial presencia militar estadounidense mediante el establecimiento de tres o cuatro bases militares importantes en el largo plazo. El plan en definitiva sería un desastre para los Estados Unidos.

La mera sugerencia del establecimiento a largo plazo de bases militares de los EE.UU. en un país musulmán históricamente significativo confirmará a los islamistas radicales, la corriente mayoritaria de los musulmanes, así como también a los críticos de Bush, que el deseo estadounidense a favor de una continuada presencia militar con bases de tierra en el Golfo Pérsico rico en petróleo era el verdadero objetivo de la administración al invadir Irak.

Como uno de esos críticos, hace tiempo que había asumido que el petróleo era una de las principales razones subyacentes para la invasión de Irak La administración sabía que el gobierno árabe saudita deseaba que los Estados Unidos se retirasen de las bases terrestres en el desierto del reino, y la administración probablemente creía en la necesidad de reemplazar a las bases para mantener su dedo sobre la yugular del petróleo del Golfo. La franca discusión de la administración acerca de retener una presencia militar de largo plazo en Irak, al estilo de la de Corea, meramente proporciona una sólida evidencia a favor de esta tesis. Durante más de medio siglo tras la Guerra de Corea, los Estados Unidos han mantenido decenas de miles de efectivos estadounidenses en Corea del Sur.

Por supuesto, la necesidad de una presencia terrestre de los EE.UU. en el Golfo Pérsico para defender el petróleo resulta altamente cuestionable. Los Estados Unidos carecían de una presencia militar terrestre de carácter permanente en el Golfo Pérsico durante la Guerra Fría cuando existía la mayor amenaza para ese petróleo: la Unión Soviética. Los Estados Unidos ni siquiera tuvieron una presencia así cuando libraron la guerra por el petróleo contra Saddam en la Guerra del Golfo de 1991. Después de que Saddam invadió Kuwait, los militares estadounidenses trajeron fuerzas terrestre y aéreas desde los Estados Unidos para el Escudo del Desierto y la Tormenta del Desierto. Revelando sus intenciones imperiales, los Estados Unidos solamente establecieron una presencia militar terrestre permanente en Kuwait y Arabia Saudita en 1991 después de que las amenazas soviética e iraquí desaparecieron. Ciertamente, con estas dos importantes amenazas eliminadas, los Estados Unidos podían “defender” fácilmente el petróleo del Golfo Pérsico fuera del país, tal como lo hicieron exitosamente durante el conflicto de 1991. Muchos economistas, no obstante, consideran que el petróleo fluirá desde el Golfo Pérsico, aún sin las fuerzas militares estadounidenses protegiéndolo. El petróleo es un “commodity” valioso para los países del Golfo, incluido el radicalmente islamista Irán, solamente cuando es vendido, haciendo que el afán de lucro sea el mejor garante de que el petróleo seguirá fluyendo libremente.

Además, que fuerzas militares no-musulmanas ocupen tierras musulmanas es el principal factor que energiza a los islamistas radicales, e incluso a los musulmanes de la postura mayoritaria, para oponerse a los ocupantes. Este factor fue la fuente de la celosa resistencia a la invasión soviética de Afganistán y a la invasión rusa de Chechenia. Explica también la oposición palestina y libanesa a la ocupación israelí y el agresivo ímpetu iraquí y afgano contra la ocupación de los EE.UU..

Cualquier base estadounidense que permanezca en Irak, ya sea para mantener un dedo sobre el petróleo, o para actuar como un punto de partida para atacar a Irán, caerá prestamente de manera similar bajo el desdeñoso ataque de los insurgentes iraquíes y al Qaeda. No será fácil que estas bases sean utilizadas eficazmente para estos roles sí se encuentran constantemente bajo asedio. En Vietnam, las bases estadounidenses se convirtieron en los blancos principales de los comunistas. Además, a diferencia de la Corea de la posguerra, que tenía una frontera claramente demarcada que aseguraba la estabilidad en Corea del Sur, la guerra de guerrillas, el terrorismo, la violencia sectaria y el caos en Irak carecen de frentes y son omnipresentes—en gran medida como en Vietnam. El Presidente Bush ha manifestado su opinión de que los Estados Unidos abandonaron Vietnam demasiado pronto y antes de que la tarea estuviese cumplida, afirmando que los Estados Unidos no deberían cometer la misma equivocación en Irak—una declaración irónica de parte de un hombre que exitosamente eludió prestar servicios en Vietnam. A los ojos del presidente, el retiro de los EE.UU. tras un fracasado esfuerzo estadounidense para transformar a Vietnam durante más de dos décadas fue un “desaparecer raudamente”. Aparentemente está deseando ver a los estadounidenses seguir siendo asesinados indefinidamente en Irak con idéntico resultado.

No obstante, incluso algunos de los críticos de la administración, consideran que los Estados Unidos no pueden dejar a Irak en el caos. Pero el caos es una realidad. Una presencia militar estadounidense permanente es probable que sea el peor de los mundos. El presidente parece estar revirtiendo su posición y considerando un retiro de las fuerzas de los EE.UU. hacia bases fuera de las principales ciudades iraquíes, la eliminación de las patrullas de seguridad regulares de los EE.UU. y concentrarse más en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes y el lanzamiento de incursiones estadounidenses contra al Qaeda. Desgraciadamente, esta dirección ha sido intentada en el pasado y ha fracasado. El problema no es que las fuerzas iraquíes no puedan ser entrenadas, sino que terminarán combatiendo en la creciente guerra civil a favor de la causa chiíta, no de la iraquí. Asimismo, tal como un funcionario senior de la administración le admitió al New York Times, existen pocos motivos para creer que la retención de las bases estadounidenses evitará que el país siga siendo “el gran campo de entrenamiento jihadista que es en la actualidad”.

Aún algunos críticos de la administración sostienen que los Estados Unidos poseen demasiados intereses en el Golfo Pérsico como para que los EE.UU. no tengan en Irak una presencia militar de largo plazo al estilo de la Corea. Pese a que son vagos acerca de cuáles son estos intereses, usualmente se asume que son el petróleo e Israel. El mito de la necesidad de defender el petróleo ya ha sido desacreditado; Israel es un país rico con más de 200 armas nucleares que no precisa que su seguridad sea subsidiada poniendo en peligro vidas estadounidenses en Irak ad infinitum.

El fracaso en Vietnam es la lección correcta; Corea no es el modelo correcto para Irak. Los Estados Unidos deberían haber aprendido en Vietnam que la aceptación de una derrota inevitable, la reducción de las bajas y una retirada anticipada, antes que una más tardía, hubiese salvado vidas, dinero y el prestigio de los Estados Unidos

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Asociado Senior y Director del Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.



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