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La política del retiro de tropas
1/8/2005
Ivan Eland

En Irak, como en cualquier otra parte, si las cosas carecen de sentido, resulta seguro asumir que la política se encuentra involucrada. Pese a que en los meses recientes la insurgencia ha empeorado, el General George W. Casey, el comandante de las fuerzas estadounidenses en Irak, sostiene sorprendentemente que la seguridad en Irak ha mejorado y que son posibles los retiros sustanciales de los efectivos de los EE.UU. tan pronto como para la próxima primavera boreal. ¿Debido a qué? A las elecciones parlamentarias en 2006.

A pesar de que los funcionarios de la administración Bush han insinuado que las exigencias de los demócratas respecto de un cronograma para el retiro de las tropas estadounidenses son “anti patrióticas” y que “ayudan al enemigo,” cuando la política electoral entra en juego, la administración está en su totalidad demasiado deseosa de predecir reducciones de efectivos durante un período específico. Saben que los demócratas intentarán obtener rédito político—probablemente comenzando alrededor de la próxima primavera boreal—de la creciente impopularidad aquí en el país de la continuada ocupación de Irak. Evidenciando algún progreso incremental y simbólico respecto a salirse del atolladero, la administración espera contener el daño que los demócratas podrían causar sobre este tema en épocas electorales.

Sin embargo, esta estrategia de corto plazo políticamente ventajosa, no ayudará a la administración con relación a su meta de largo plazo de estabilizar a Irak y, en verdad, socavará tanto a ella como a las posibilidades electorales republicanas en los comicios de 2008. La mayoría de los expertos militares independientes concuerdan en que para ganar de manera decisiva contra la insurgencia, los 140.000 efectivos estadounidenses actualmente en Irak son insuficientes. Como en Vietnam, las tropas de los EE.UU. limpian de guerrilleros a áreas de manera rutinaria, solamente para tenerlos de regreso cuando esas fuerzas sobre extendidas se van a apagar otro fuego en alguna otra parte. Si un cuarto de las fuerzas estadounidenses fuese retirado—como el Teniente General John R. Vines, un comandante militar senior en Irak, ha expresado frente a los periodistas—el problema del “sobre estiramiento” solamente empeoraría.

La insurgencia probablemente continuará, incluso en la estela de un referendo en octubre sobre una constitución iraquí y de las elecciones de diciembre, una mejoría en la economía y en las condiciones de vida iraquíes, y unas fuerzas de seguridad iraquíes lo suficientemente entrenadas para algo más que meramente reemplazar a los efectivos estadounidense en retirada. Dado que las pasadas elecciones iraquíes no sofocaron a la insurgencia, plebiscitos y elecciones adicionales probablemente tampoco lo harán. En verdad, el General Casey admitió que la rebelión posiblemente no se atenuará para el año próximo. De acuerdo con un experto militar altamente estimado, en términos del número de incidentes y de victimas fatales infringidas, la insurgencia ha empeorado durante los dos últimos años. Desde abril, cuando asumió el nuevo gobierno en Irak, los ataque rebeldes se han incrementado sostenidamente.

Las mejorías en las condiciones económicas y de vida para los iraquíes no han sido estelares. Por ejemplo, en mayo de 2005, toda la generación importante de energía eléctrica en Irak se encontraba aún por debajo del nivel suministrado para la época de la invasión estadounidense del año 2003, no obstante la pesada inversión para reponer las instalaciones. También, la fuerte inversión para restaurar la producción petrolera no ha detenido una declinación que ya lleva dos años en la producción de petróleo, la primer fuente de Irak de fondos para su reconstrucción. Es una situación sin salida, la seguridad incrementada depende de las mejores condiciones económicas y de vida, pero tales condiciones no pueden mejorar sin una seguridad realzada.

Finalmente, el progreso en el entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes ha sido patético. Según un reciente informe del General Peter Pace, el entrante oficial militar superior de la nación, solamente un “pequeño número” de las unidades de seguridad Irak pueden combatir por sí solas contra los guerrilleros. Un tercio de ellas son capaces de pelear contra los insurgentes con el apoyo militar de los Estados Unidos, pero dos tercios son tan solo “parcialmente capaces” de luchar contra los rebeldes, aún con la ayuda estadounidense. La mayoría de los expertos afirman que serán necesarios varios años para entrenar adecuadamente a un número suficiente de fuerzas de seguridad iraquíes para combatir a los insurgentes. Con el apoyo popular para la ocupación iraquí en los Estados Unidos cayendo, la administración se está quedando sin tiempo.

Además, en razón de que las tropas estadounidenses son de una muy alta calidad, las mucho más recientemente creadas fuerzas de seguridad iraquíes tendrán que ser entrenadas para reemplazar a aquellas fuerzas de los EE.UU. que partan. De hecho, si las mejores fuerzas del mundo no han sido capaces de derrotar a la insurgencia, las novatas y harapientas fuerzas de seguridad iraquíes, las cuales ya han sido fuertemente infiltradas por los rebeldes, es improbable que lo hagan.

Una razón por la que las fuerzas estadounidenses no han sido capaces de derrotar a los rebeldes es la continua y pasmosa ignorancia de las tácticas de la guerra de contrainsurgencia por parte del ejército de los Estados Unidos—una organización que, incluso tras la debacle en Vietnam, se ha concentrado en combatir guerras convencionales contra naciones estado. Esta ignorancia fue evidenciada cuando el General Casey opinó que, las “insurgencias necesitan progresar para sobrevivir, y esta insurgencia no está progresando.” Lo cierto es que, tal como George Washington, los norvietnamitas, y los combatientes mujahidines anti soviéticos en Afganistán lo demostraron, los insurgentes solamente precisan mantener un ejército en el campo y “no perder” hasta que la gran potencia se canse y se vaya a su casa.

Y dada toda la comidilla acerca del retiro tanto de parte de la administración Bush como de los demócratas, si los guerrilleros observan las noticias internacionales, sabrán que están ganando. Insinuando la retirada de las tropas, la administración está también tratando de comprar más tiempo con el público estadounidense a fin de negociar con los rebeldes iraquíes. Sin embargo, los insurgentes estarían mejor sin las fuerzas militares de los EE.UU. en Irak por lo que carecen de incentivo alguno para deponer sus armas y adherir al proceso político.

Ya sea que los insurgentes puedan ser asimilados o no, los abogados de la administración se encuentran negociando acuerdos legales para una reducida, pero permanente, presencia militar estadounidense en Irak. Sin embargo, utilizar a las bases militares a fin de proyectar el poder de los EE.UU. en el Golfo Pérsico será difícil si las mismas se encuentran rodeadas por una incipiente guerra civil.

Esta administración precisa abandonar la fantasía de una presencia militar permanente—aún si la misma es reducida—en Irak y completa y rápidamente retirar a sus fuerzas del país. Los destinos electorales republicanos estarán mejor tanto en el corto como en el largo plazo si la administración se percata de que la guerra no puede ganarse—ya sea por parte de las fuerzas de los Estados Unidos como de los servicios de seguridad iraquíes—y acota sus pérdidas.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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