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Están hipotecando el futuro de nuestras Fuerzas Armadas
3/1/2005
Ivan Eland

Cuando las empresas privadas alteran sus libros contables, los responsables son enjuiciados por fraude y arrojados a la cárcel. Cuando los políticos en Washington falsifican las cuentas, eso no es fraude, tan sólo se trata de una sana diversión sobre los bancos del río Potomac.

La administración Bush está solicitando recortes en los gastos de defensa, en un intento por pretender reducir el profundo déficit presupuestario a la vez que, sin embargo, canaliza aún más fondos hacia el Pentágono. No obstante, a pesar de los baldes cargados con nuevo dinero en efectivo, la administración está hipotecando el futuro de las fuerzas armadas estadounidenses.

Durante su campaña por la reelección, el Presidente Bush prometió reducir a la mitad el déficit federal para el año 2009. El presidente ha decidido medir su progreso utilizando como déficit inicial la cifra de $521 mil millones*, haciendo de esta manera que su eventual meta sea la de una reducción que conduzca a un déficit de $261 mil millones.

El problema es que el déficit presupuestario nunca fue de $521 mil millones. Este número fue solamente un cálculo desactualizado de la administración Bush respecto de lo que sería el déficit. El verdadero quebranto inicial es de $413 mil millones, de modo tal que se precisan mayores recortes presupuestarios a fin de alcanzar el objetivo último de un déficit de $207 mil millones.

La administración está utilizando una argucia similar cuando oímos que $60 mil millones estarán siendo “recortados” del presupuesto de defensa durante los próximos seis años a fin de contribuir a la reducción del déficit. Solamente en Washington, un “recorte” presupuestario es en verdad un incremento.

Por ejemplo, el Departamento de Defensa afirma que estará ahorrando unos $10 mil millones en el ejercicio fiscal 2006. Pese a ello, esos $10 mil millones son deducidos de un presupuesto proyectado por el Pentágono de $443 mil millones para el mismo periodo, según Hellman, un experto en temas atinentes al presupuesto de la defensa del Center for Arms Control and Non-Proliferation. Comparado con los $421 mil millones gastados en el ejercicio fiscal 2005, la suma que el Pentágono se encuentra solicitando actualmente para el ejercicio fiscal 2006—$433 mil millones—es en realidad un incremento cercano al uno por ciento, incluso cuando son considerados los efectos de la inflación.

Aún este cálculo subestima los incrementos en el financiamiento que el Pentágono probablemente obtenga. Los costos monstruosos y que se elevan rápidamente de sus dos guerras en curso en Irak y en Afganistán están siendo financiados de manera separada de estos presupuestos ya robustos. Por ejemplo, unos $65 mil millones adicionales fueron gastados en el año fiscal 2004 y más de $100 mil millones serán añadidos probablemente en el ejercicio 2005.

Un financiamiento incrementado para el Pentágono, sin embargo, no necesariamente asegura la salud y la efectividad futuras de las fuerzas armadas. Dado que incluso el enorme financiamiento suplementario para las dos guerras, no cubre la totalidad de sus costos, las cuentas regulares del Pentágono deben ser sacrificadas para solventarlas.

Cuando el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld asumió inicialmente su cargo en 2001, su laudable plan para “transformar” a las fuerzas armadas de los Estados Unidos involucraba programas de reducción de armamentos que eran rezagos de la Guerra Fría y contemplaba transferir los ahorros hacia programas de investigación y desarrollo que se saltearían una generación entera de tecnología militar.

Algunos de los recortes en los programas por un monto de $60 mil millones durante seis años—por ejemplo, reducir el número de los costosos aviones de combate adquiridos por la Fuerza Aérea F-22, pasar a retiro a uno de los 12 exorbitantemente caros portaviones de la Armada, y comprar menos destructores y navíos anfibios de asalto para la Armada—se encuentran largamente atrasados. Pero en vez de que los ahorros vayan a la investigación y el desarrollo de armamentos futuristas, los mismos serán malgastados en las sobre exigidas fuerzas estadounidenses en los atolladeros continuos de Irak y Afganistán, para reemplazar al equipamiento que se encuentra deteriorado o destruido por esos conflictos, y para pagar incrementados incentivos financieros a fin de reclutar y retener al renuente personal para que combata en estas guerras que de manera creciente se están tornando impopulares.

Durante la campaña electoral de 2000, el entonces candidato George W. Bush criticó a la administración Clinton-Gore por sobre estirar a las fuerzas armadas estadounidenses al realizar expediciones para edificar naciones en el mundo en desarrollo, las que no tenían nada que ver con la seguridad de los Estados Unidos.

Mucha evidencia ha demostrado, sin embargo, que la administración Bush exageró la amenaza iraquí con el objeto de justificar su propia cruzada edificadora de naciones y en una escala mucho mayor de la que la administración Clinton-Gore había maquinado jamás.

De esta forma, en lugar de concentrar los esfuerzos a efectos de convencer al público de que el déficit está siendo reducido, afirmando recortes fraudulentos en el presupuesto de la defensa, la administración Bush debería invertir su tiempo en retirar a las fuerzas estadounidenses de los embrollos de Irak y Afganistán, los cuales están drenando todo el incrementado gasto del Pentágono y consumiendo las semillas para la futura seguridad de los Estados Unidos.

*Nota del Traductor:
Todas las cifras expresadas en miles de millones de dólares en español, aparecen como billones en el original en idioma inglés.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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