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Por qué los Estados Unidos no están más seguros
13/5/2004
Paul Sullivan

Encuestas favorables con un puntaje de un solo dígito para los Estados Unidos en la mayoría de los países árabes me preocupan. El creciente sentimiento anti-estadounidense a través del Medio Oriente y en el mundo musulmán de 1.400 millones de personas también me inquieta. La bronca en aumento en una estancada o contraproducente campaña pública de la diplomacia de los EE.UU. es también preocupante. La mayor intranquilidad, sin embargo, es la de que muchas de las políticas exteriores e internas de los EE.UU. son fuentes principales de este odio creciente hacia los Estados Unidos.

Muchos estadounidenses que son especialistas en el Medio Oriente y en el mundo islámico han estado alertando de estas tendencias durante años, no obstante las políticas estadounidenses que se han evidenciado en los recientes años han agravado y exacerbado esa situación. Muchos en la conducción de los EE.UU. han estado sordos a las advertencias de esos expertos, quienes han vivido en la región, hablan sus idiomas, y entienden a sus pueblos, culturas, religiones, políticas e historias. Algunos líderes de los EE.UU. prefieren escuchar a otros “expertos” quienes han aconsejado a la conducción seguir estas políticas peligrosas y perjudiciales. Nos encontramos en una posición mucho menos segura en la actualidad que antes de que estas políticas fuesen implementadas.

Los Estados Unidos no fueron bienvenidos en Irak con flores y niños cantores sino casi desde el comienzo con granadas propulsadas por cohetes, bombas y armas automáticas. Los combates en Falluja, los pulsos en Najaf, y la situación de pesadilla en la prisión Abu Ghraib y posiblemente en otros campos de prisioneros han estimulado gran hostilidad contra los Estados Unidos en el mundo árabe y, de hecho, en el resto del mundo. La política inicial de invadir Irak estuvo basada ostensiblemente en una amenaza a los EE.UU. por parte de las Armas de Destrucción Masiva (WMD son sus siglas en inglés) iraquíes, en las conexiones iraquíes con Al-Qaeda, y en la necesidad de desalojar a Saddam Hussein, quien era sin duda alguna uno de los peores en la historia de los dictadores brutales. Las WMD no han sido halladas. Ninguna conexión creíble entre Al-Qaeda y la conducción iraquí ha podido establecerse antes de la invasión de Irak. Pero Al-Qaeda y otros violentos grupos yihadistas han estado muy conectados con su propia yihad en Irak tras la invasión y ocupación de ese país.

El tirano Saddam Hussein se encuentra en custodia de los EE.UU., pero la situación en Irak es vista por muchos árabes como similar en muchos aspectos a lo que ven en la brutal ocupación israelí de los territorios palestinos. Los Estados Unidos son vistos en la calle árabe como el enemigo número dos, y posiblemente el número uno, de los árabes. Los EE.UU. fueron alguna vez percibidos como un amigo de los árabes y los musulmanes. La situación en Irak posiblemente esté sirviendo como la plataforma de reclutamiento número uno de los grupos yihadistas en todo el mundo.

Muchos árabes ven a las posiciones políticas de los EE.UU. sobre la cuestión palestina-israelí como tornándose más anti-árabe. El reciente encuentro entre el Primer Ministro Sharon y el Presidente Bush parece haber causado un daño considerable a la posición estadounidense en la región. Decidir unilateralmente abandonar Gaza parecería ser una buena idea y posiblemente una forma de aliviar parcialmente las tensiones en los territorios. Sin embargo, la decisión unilateral de renunciar al “derecho a regresar” de los palestinos fue un enorme fracaso de relaciones públicas en la región. La forma en que la misma fue manejada puede haber provocado más problemas que los que la reunión pretendía solucionar. El dialogo es bueno, pero todas las partes deberían estar involucradas con decisiones importantes. El respeto es de suma importancia para los árabes, tanto como lo es para los estadounidenses.

La invasión y subsiguiente ocupación de Afganistán fue pensada para purgar a ese país que ha vivido muchos abusos de los talibanes y de Al-Qaeda. Los avisperos de Al-Qaeda y del Talibán en Afganistán han sido duramente golpeados, con muchas muertes. No obstante, muchos yihadistas parecen haberse esparcido por el mundo en células menos centralizadas y menos atacables. Si la “Guerra contra el Terrorismo” ha incrementado o disminuido la seguridad nacional de los EE.UU. es un gran signo de interrogación. Osama Bin Laden se encuentra aún libre. La guerra en Irak alejó recursos y energía valiosas de posiblemente la más importante fuente de la inseguridad nacional–la hermandad de Bin Laden y sus grupos yihadistas nebulosamente conectados.

El Presidente de Afganistán luce más como el alcalde de Kabul. Controla a una parte muy pequeña del país. Los talibanes permanecen operativos en el país. Están esperando en las colinas, apoyados y mantenidos por ciertos grupos que siguen un código de deber tribal denominado el Pukhtunwali. Osama Bin Laden será sumamente difícil de atrapar debido que al parecer está siendo protegido y sostenido bajo ese código tribal.

Algunos elementos poderosos en Pakistán apoyaron y sostuvieron el desarrollo original de los talibanes y aún los apoyan. Pakistán podría ser una significativa fuente de amenazas para los Estados unidos en el futuro. A los grupos anti-estadounidenses y extremistas les ha ido muy bien en las recientes elecciones.

Mientras tanto, los estadounidenses se están volviendo los blancos más frecuentes del enojo en Arabia Saudita y en muchos otros países. Gran parte del cólera surge por las situaciones en Palestina e Irak. Existe una gran diferencia entre sentir bronca y atacar, pero la bronca de los muchos engendra los ataques de los pocos. Solamente una muy pequeña proporción de todos los musulmanes convertiría su enojo en ataques. De otra forma, el mundo entero seria un baño de sangre. En síntesis, los EE.UU. deberían hacer mucho más de lo que hacen para doblegar a ese enojo.

Contrariamente a la recomendación de políticas prejudiciales proporcionada por algunos, encuesta tras encuesta evidencian que a los árabes y a los musulmanes no les desagradan los EE.UU. por sus libertades y su prosperidad. Es exactamente lo opuesto. Desean esas libertades en sus propios países, pero ven el apoyo estadounidense a los dictadores que los oprimen. También, están impresionados con la prosperidad de los EE.UU. y les gustaría ser ellos mismos más prósperos. Existe una difundida creencia en los mundos árabe y musulmán de que mucha de la asistencia otorgada por los EE.UU. va hacia las elites corruptas y los dictadores de sus países.

Una resolución a la situación de los prisioneros en Guantánamo podría ser parte de una serie de eventos centrales en las relaciones entre los EE.UU. y los árabes y los EE.UU. y los musulmanes. Si se percibe que los reclusos reciben juicios justos, ese resultado podría ser central para que retorne algo de la credibilidad estadounidense y para atemperar el odio hacia los EE.UU..

El tratamiento, supuesto o real, de algunos árabes y musulmanes en los Estados Unidos ha sido otra fuente de cólera hacia el país. La Ley PATRIOTA es un desastre en materia de diplomacia pública. No otorgarle visas a los estudiantes árabes y musulmanes que desean estudiar aquí es una forma de hacernos de más enemigos y disminuir el número de futuros líderes que pudiesen ser menos anti-estadounidenses (y tal vez posiblemente incluso pro-estadounidenses). La mejor manera para los Estados Unidos de presentar parte de sus mejores aspectos es haciendo que los árabes y los musulmanes visiten y estudien en el país. Es también un modo de que los estadounidenses comprendamos mejor a los árabes y a los musulmanes.

Puedo entender la importancia táctica detrás de los mejores controles de seguridad en la visas, pero existen compensaciones estratégicas entre incrementar la seguridad mediante tales controles y la diplomacia pública de darle la bienvenida a más visitantes. La seguridad nacional es un objetivo y una meta vital. Pero las compensaciones entre la seguridad nacional y la libertad personal de los ciudadanos estadounidenses y de los visitantes precisan más consideración de la que parecen estar teniendo. Y para una seguridad acrecentada, los EE.UU. precisan hacer más para que sus numerosas agencias de inteligencia y de detención del crimen trabajen juntas.

¿Nos encontramos más seguros? Las políticas de los neoconservadores y otros nos han colocado en la senda hacía un mayor peligro, no en la de uno menor. La paz no viene mediante la toma de Bagdad. Al-Qaeda es ahora docenas de Al-Qaedas. La furia contra los EE.UU. en los mundos árabe y musulmán está creciendo cada día.

Ir a la TV para vender la agenda estadounidense no llegará muy lejos, temo decirlo. Décadas de reconstruir el crédito y la confianza serán necesarias antes de que la credibilidad de los EE.UU. regrese y los Estados Unidos pueden doblar la esquina en sus relaciones con los pueblos árabes e islámicos. Una campaña a largo plazo para mejorar nuestras relaciones con 1.400 millones de personas, un quinto de la humanidad, no es una elección; es una exigencia.

Dios bendiga a los Estados Unidos de América. Precisamos de dichas bendiciones para sobrevivir a la probable represalia de las actuales políticas contraproducentes, perjudiciales, peligrosas y generadoras de peligro.

Traducido por Gabriel Gasave




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