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Un memo hipotético de Osama bin Laden
20/4/2004
Ivan Eland

¿Qué pasaría si al Qaeda fuese una burocracia—usted sabe, como el gobierno estadounidense? ¿Qué dirían sus memorandos internos acerca del estado de la guerra de los EE.UU. contra el terrorismo desde una perspectiva jihadista? Aquí una conjetura de lo que tal hipotético memo de Osama bin Laden a sus seguidores podría decir:

Para: Compañeros Jihadistas
De: “Osama bin Laden”
Tema: Retribución por los Años de la Superpotencia Estadounidense Entrometiéndose en
el Medio Oriente

¡La “guerra contra el terrorismo” de los EE.UU. es un éxito rotundo—para nosotros! No solamente la suerte nos permitió infligir el máximo de “daño colateral” (terminología del gobierno de los EE.UU. aquí) contra objetivos blandos estadounidenses el 11 de septiembre, sino que la neo-conservadora y vaquera administración de George W. Bush ha caído en nuestra trampa.

Como ustedes deben bien saber, los grupos guerrilleros desde siempre han lanzado ataques de impactar-y-fugar contra sus oponentes más fuertes, a fin de hacerlos sobre reaccionar. Una respuesta ofuscada y agresiva de parte de Goliat usualmente le permite a David atraer dinero y guerreros a su causa. ¡Pero el tener oponentes tales como los militantes en la neo-conservadora administración estadounidense nos ha posibilitado exceder nuestros sueños más salvajes para un crecimiento organizacional a nivel mundial!

Pese a que es cierto que algunos miembros de nuestro equipo de conducción han muerto o han sido capturados en el cumplimiento del deber, la no provocada invasión de los EE.UU. de una segunda nación soberana de individuos islámicos—Irak—fue una inesperada, pero maravillosa, sorpresa que nos ha proporcionado tres beneficios. Primero, la invasión sirvió a nuestro objetivo primario de remover del poder a los corruptos aliados o ex aliados de los estadounidenses en el Medio Oriente. Segundo, la no relacionada violación de la soberanía de otra nación islámica llenó nuestros cofres con dinero en efectivo y a nuestras cuevas alrededor del mundo con nuevos y entusiastas jihadistas. Finalmente, la excursión en Irak de los EE.UU. nos dio una “pausa que refresca” a nivel organizacional. Combatir a una superpotencia enardecida no es fácil, por lo que cualquier distracción post 11 de septiembre de su atención, energía y recursos hubiese sido bien recibida. Pero una innecesaria distracción de elaboración propia de la superpotencia nos fue estupendamente útil en un momento critico. Durante la pausa de al Qaeda del fuego devastador, nuestro equipo de administración fue capaz de implementar reformas que le permitirían a la organización transformarse en una operación más descentralizada, más difícil de ser detectada y más mortal. El número de ataques después del 11 de septiembre excede actualmente el número de antes de esa fecha.

¡Y hay incluso mejores noticias! No solamente la administración Bush ha adoptado las tácticas agresivas de Israel—pero en el largo plazo, ineficaces—contra la jihad, la misma ha también apoyado a las acciones unilaterales de Sharon sobre la cuestión palestina. Al igual que los británicos antes que ellos, los Estados Unidos se encuentran negociando con Israel para tomar tierras árabes. Pero el dejar a los palestinos fuera de la negociaciones tan sólo alimentará la jihad. A pesar de que la cuestión palestina nunca fue una cuestión tan prioritaria para nuestra organización como el derribar a los gobiernos árabes títeres y corruptos patrocinados por los EE.UU., tales acciones estadounidenses unilaterales nos ayudan de todas formas a obtener fondos y voluntarios. Además, en la guerra estadounidense contra el terror ampliamente interpretada, la cual haría a Don Quijote sentirse orgulloso, la administración Bush está conduciendo operaciones cubiertas contra Hamas y Hezbollah—organizaciones que respectivamente nunca han concentrado sus ataques contra objetivos de los EE.UU. o no lo hacen ya más. Tal azuce del avispero también aleja el calor de nosotros y avienta las llamas del islamismo ferviente en todo el mundo.

Finalmente, los Estados Unidos—por décadas—han instalado, apoyado o depuesto a gobernantes corruptos que han afectado adversamente a las sociedades árabes. Pese a que muchos occidentales le han erróneamente imputado los motivos para nuestros ataques contra los objetivos de los EE.UU. a nuestro odio a la cultura, a la tecnología o a las libertades económicas o políticas estadounidenses, ellos lo han hecho por sus propios propósitos. De haber examinado mis escritos o aquellos de otros en nuestro grupo, se hubiesen percatado que el detener las intervenciones de los EE.UU. en las sociedades árabes corruptas es el objetivo de nuestros ataques vengativos contra los Estados Unidos (y en la actualidad contra sus aliados en la guerra contra el terrorismo). Y solamente debido a que los Estados Unidos regularmente se inmiscuyen en las sociedades islámicas, yo he señalado que deseo en venganza cambiar a la sociedad estadounidense. Al atacar ocasionalmente un blanco en suelo de los EE.UU. y simulando varios más, hemos infundido el temor suficiente como para incitar al gobierno de los EE.UU. a tomar medidas contra las muy apreciadas libertades de su pueblo — por ejemplo, observen la sanción de la Ley Patriota de los EE.UU., la cual incrementó las facultades de los servicios de seguridad de los EE.UU. para espiar al pueblo en los Estados Unidos. De hecho, el “duro contra el terrorismo” de la administración Bush está ayudándonos adicionalmente a alcanzar nuestra meta al proponer restricciones dacronianas adicionales sobre las libertades civiles estadounidenses.

En síntesis, el arañazo de la administración Bush contra nosotros ha dejado intacta a nuestra conducción senior, provocado una descentralización organizacional que nos hará más difíciles de ser derribados y más mortales, espoleó el crecimiento de la organización, y nos ayudó a cumplir con nuestros objetivos. Si es formulada la pregunta: ¿Se encuentran al Qaeda y sus organizaciones afiliadas mejor de lo que estaban antes del 11-09?, ¡Puedo honestamente rendir un resonante “sí!”

—Osama bin Laden

Desafortunadamente para el gobierno de los EE.UU., al Qaeda no posee una burocracia lenta—como las naciones-estado con las que los Estados Unidos están acostumbrados a entrenarse—sino que posee en cambio una organización ágil, móvil y mortífera a la que no le importa masacrar a civiles como retribución por las desventuras de los EE.UU. en el exterior. Debemos racionalizar y reducir a nuestro disfuncional gobierno (especialmente a las 15 agencias de inteligencia estadounidenses) para eficazmente oponernos a la rápida al Qaeda y volver paulatinamente más humilde a la política exterior intervencionista estadounidense, la que motiva a grupos como éste a atacar a los Estados Unidos.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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