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Vencer a los árabes empleando tácticas israelíes
10/12/2003
Ivan Eland

La reciente “dureza” de la administración Bush para con el caos en Irak es predecible y probablemente empeorará allí las cosas en el largo plazo. Con las pocas buenas opciones que quedan en Irak—pocos países extranjeros enviarán tropas para ayudar a la ocupación estadounidense, la inserción de más fuerzas de los EE.UU. es políticamente inaceptable, y las recientemente creadas fuerzas de seguridad iraquíes se asemejan a los “keystone cops”—la escalada de violencia de la administración Bush, en un intento de sofocar a la insurgencia iraquí antes de la elección del año próximo, no resulta sorprendente. Pero dicha escalada matará, lesionará o encolerizará a aún más civiles iraquíes y de esa manera hará a la estabilidad de largo plazo en Irak aún más inverosímil.

De todo el chapuceo inepto de la administración Bush durante la ocupación de Irak, las nuevas tácticas agresivas sobre el terreno se llevan las palmas. No solamente las fuerzas estadounidenses se están volviendo más combativas contra la insurgencia, sino que las mismas no está guardando ningún secreto acerca de su imitación de un fracasado modelo israelí. Como las fuerzas israelíes que ocupan Gaza y el Margen Occidental, los invasores estadounidenses se encuentra en la actualidad bombardeando o demoliendo las casas y los edificios utilizados en ataques contra ellos, envolviendo a las ciudades en alambrados, cerrándolas durante 15 horas al día, emitiendo tarjetas de identificación con fotografía para aquellos iraquíes que desean entrar o salir durante las otras 9 horas y encarcelando a los familiares de aquellos sospechados de ser guerrilleros para presionarlos a que se entreguen. Los funcionarios militares estadounidenses senior admiten que los Estados Unidos enviaron oficiales a Israel para aprender las técnicas israelíes en la guerra urbana de contrainsurgencia

Aunque las fuerzas militares de los EE.UU. son las más poderosas del mundo, las mismas todavía envidian a las mucho más pequeñas fuerzas armadas israelíes por su historial de triunfos contra opositores más grandes o múltiples. Desafortunadamente, la guerra es demasiado importante para ser dejada a los generales—israelíes o estadounidenses.

En el corto plazo, las tácticas agresivas de contrainsurgencia funcionan; en el largo plazo serán desastrosas. Las agresivas tácticas israelíes han reducido el número de bombardeos suicidas en Palestina—al menos en el corto plazo. De modo similar, las tácticas más agresivas de los EE.UU. han reducido a la mitad el número de ataques contra las fuerzas aliadas de 40 por día a menos de 20 al día (por supuesto, parte de esa reducción tiene que ver con que los insurgentes redireccionaron sus ataques hacia objetivos “blandos” o no militares, los cuales son más vulnerables). En el largo plazo, esa postura combativa—diseñada para intimidar tanto a las guerrillas como a los iraquíes comunes—enajenará el populacho iraquí, el cual es crucial para ganar si una contrainsurgencia tiene éxito. Pese a que los militares de Israel han sido exitosos en combatir a los ejércitos árabes convencionales, sus técnicas de contrainsurgencia se encuentran solamente enfureciendo a otra generación de bombarderos suicidadas. Las bombas son baratas y fáciles de hacer, pero reclutar a jóvenes que quieran matarse para combatir al enemigo es el aspecto más desafiante de dichos ataques. Las agresivas tácticas israelíes están actuando como un afiche de reclutamiento para tales potenciales terroristas. Análogamente, un populacho iraquí enfurecido y humillado criará y abrigará a más insurgentes anti-estadounidenses.

Aparte de las malas consecuencias prácticas de la adopción estadounidense de las tácticas israelíes, tal imitación tiene abismales implicancias morales y de relaciones públicas. Invadir y ocupar a un país con poca justificación, arrasando sus casas y encarcelando a parte de su población en los que son efectivamente campos urbanos de prisioneros viola claramente las normas internacionales. Peor aún es mantener como rehenes inocentes a miembros de la familia hasta que los sospechados de guerrilleros se entreguen. En la tradición estadounidense de hacer responsables a solamente aquellos que cometen un crimen, no encerramos a las familias de los asesinos condenados, para no mencionar a las de los tan solo sospechados

Además de la inmoralidad de las acciones de los EE.UU., el hecho de imitar cualquier cosa israelí en un país árabe implica unas relaciones públicas horrendas, lo cual es factible que vuelva a la población aún más hostil. Tal emulación, cuando se encuentra combinada con bien publicitadas declaraciones políticamente incorrectas por parte de algunos soldados de los EE.UU., está garantizada para generar mala voluntad en Irak por algún tiempo—incluso entre la mayoría shiita. Por ejemplo, según el New York Times, al hablar de las nuevas tácticas agresivas estadounidenses, el Capitán Todd Brown, comandante de compañía en la Cuarta División de Infantería señalaba: “Usted tiene que entender la mente árabe. La única cosa que ellos entienden es la fuerza—la fuerza, el orgullo y salvar cara.” Quizás los hombres de Custer en el Little Big Horn tenían similares sentimientos ignorantes y poco sofisticados sobre los estadounidenses nativos.

Y el jefe del Capitán Brown, el Teniente Coronel Nathan Sassaman, el comandante del batallón que supervisa un gulag citadino, también emergió con algunos comentarios condescendientes e ineficaces para el reportero del Times. Resumió sucintamente el pensamiento torcido de la administración estadounidense en Irak diciendo: “Con una pesada dosis de temor y de violencia y mucho dinero para proyectos, creo que podemos convencer a esta gente de que estamos aquí para ayudarlos.” La cita del Tte. Coronel Sassaman es evocadora de la satírica caracterización de la Guerra de Vietnam por parte de los opositores a la actitud estadounidense hacia los sur vietnamitas: “Tenemos que matar a esta gente para salvarla.” Matar a civiles inocentes puso a gran parte de la población sur vietnamita contra sus “salvadores” estadounidenses y condujo, en última instancia, a una humillante derrota de los EE.UU.. La adopción de agresivas tácticas militares en Irak es probable que tenga el mismo resultado horrible en el largo plazo.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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