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Los EE.UU. ignoran el peligro de la bio-amenaza
5/10/2001
Ivan Eland

El segundo aterrizaje de aviones fumigadores forzado por el gobierno, en la estela de los ataques terroristas del 11 de septiembre contra el Pentágono y el World Trade Center, es un frío recordatorio de que esos devastadores secuestros de aeronaves pueden no ser lo peor que pueda suceder. Debemos también defender nuestro país contra la amenaza de las armas de destrucción masiva biológicas y químicas.

Antes de los ataques, los hombres que se creyó han sido los autores de los mismos, visitaron un aeropuerto municipal en Florida e hicieron muchas preguntas acerca de aviones fumigadores. Existe una posibilidad de que algunos de los hombres vinculados con la red terrorista, solicitaron y recibieron recientemente licencias para conducir camiones de transporte de materiales peligrosos.

Se ha sabido por algún tiempo que Osama bin Laden ha estado intentando obtener armas químicas. Aunque la controversia rodeó al ataque del Presidente Bill Clinton con mísiles crucero contra una planta farmacéutica sudanesa, Clinton sostuvo que la fábrica poseía vínculos con bin Laden y que había producido armas químicas. Recientes fotografías satelitales del este de Afganistán, han mostrado animales muertos alrededor de un aparente laboratorio empleado para la experimentación con armas de destrucción masiva.

Todos estos desarrollos traen la desagradable, pero muy cierta, posibilidad de que los terroristas, especialmente bin Laden y su organización, pudiesen procurar utilizar dichas super armas en un ataque catastrófico contra los Estados Unidos. En el futuro, esa posibilidad no es remota. Los funcionarios del Departamento de Defensa y distintas publicaciones han advertido largamente sobre su potencial. Por lo tanto, el interrogante no es tanto sí, sino cómo los Estados Unidos se están preparando para resolver la amenaza de un ataque que emplee armas nucleares, biológicas o químicas.

De los tres tipos de armas, los agentes químicos y biológicos son los que serán probablemente más utilizados en un ataque (la fabricación de una bomba nuclear requiere de una infraestructura importante y de material fisionable que se encuentra bajo el control internacional). Los rociadores, incluyendo a los aviones fumigadores, son los medios más probables para distribuir estos agentes. Según un informe del Departamento de Defensa, “la baja tecnología requerida se presta a que proliferen e incluso a la potencial utilización por parte de los terroristas.”

Los agentes químicos y biológicos son bastante fáciles de producir con los materiales y las tecnologías comerciales ampliamente disponibles. Tales agentes pueden ser producidos en instalaciones comerciales, incluyendo lecherías y vinerías para las armas biológicas y fábricas de fertilizantes y plantas químicas y farmacéuticas para las armas químicas. Incluso si son producidas en el exterior, pequeñas cantidades de los agentes necesarios serían fáciles de contrabandear a través de los miles de millas de las fronteras de los EE.UU.. La inteligencia estadounidense podría no ser capaz de detectar y prohibir tales embarques o incluso detectar las actividades de los potenciales autores (una lección aprendida de los ataques del 11 de septiembre).

De los dos tipos armas, los agentes biológicos son mucho más mortales, pero también más difíciles de convertir en armas, que los agentes químicos. Las armas químicas son más fáciles de hacer y de utilizar y serían probablemente la primera opción de los terroristas. En el futuro, sin embargo, si los grupos terroristas reclutan a científicos e ingenieros competentes, incluso las armas biológicas pueden convertirse en una amenaza a la patria de los EE.UU.. Si son adecuadamente utilizadas bajo las condiciones ambientales correctas, las armas químicas podrían matar a miles o decenas de miles de personas y las armas biológicas podrían matar a decenas o a centenares de miles.

Mitigar los efectos de tales ataques catastróficos sería difícil. Un problema importante es el de detectarlos antes de que sea demasiado tarde. Los recursos policiales, de los bomberos, de los paramédicos y los hospitalarios estarían probablemente fácilmente abrumados. Actualmente, existe un faltante de vacunas y de antídotos para los principales agentes biológicos y químicos. Además, sería de un costo prohibitivo proporcionar trajes y máscaras protectoras para cada ciudadano estadounidense. Pese a ello, el Secretario de Servicios de Salud y Humanos Tommy Thompson insistió recientemente en la televisión nacional que los Estados Unidos se encuentran bien preparados para resolver la amenaza de estas armas.

Si el gobierno de los EE.UU. es más honesto con sus ciudadanos, les dirá que si un terrorista dominase exitosamente el empleo de las armas biológicas o químicas, la respuesta gubernamental ayudará a la sociedad solamente de manera marginal. En el corto plazo, el gobierno estadounidense precisa reforzar las capacidades de la inteligencia humana para conseguir una mejor alerta de cualquier ataque (desafortunadamente la inteligencia no es perfecta y los terroristas tan solo precisan ser afortunados una sola vez) y continuar proporcionando entrenamiento, provisiones médicas y equipo (por ejemplo, dispositivos de detección y máscaras y trajes protectores) a los trabajadores de las emergencias locales. Además, el gobierno puede desear gastar más dinero en el almacenamiento de vacunas y antídotos.

A largo plazo, el gobierno estadounidense debe formularse difíciles interrogantes acerca de qué es lo que motiva a los grupos terroristas para atacar los objetivos de los EE.UU. en un 47 por ciento de los incidentes terroristas del mundo. Quizás el gobierno de los EE.UU. podría iniciar cambios en su política exterior que tornasen a los Estados Unidos menos blanco de tales ataques. Los intervenciones militares de los EE.UU. en ultramar son una bengala para el terrorismo – por ejemplo, la mayor objeción de bin Laden a la política exterior de los EE.UU. es la presencia militar estadounidense en Arabia Saudita. Los Estados Unidos deberían adoptar una política de moderación militar por la cual los mismos intervengan en ultramar, especialmente en el Oriente Medio, sólo cuando sus intereses vitales estén en juego.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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