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¿Está asustada Corea del Norte?
3/9/2003
Ivan Eland

Recientemente, Corea del Norte amenazó con declararse una potencia nuclear y hacer explotar un arma atómica para probarla. Esas amenazas ayudan al retrato que los halcones de la administración Bush, nuevamente en auge, hacen de Kim Jong II, líder de Corea del Norte, pintándolo como un lunático beligerante y medio loco quien–al poseer unas fuerzas armadas descomunales y conducir un programa de armas nucleares–es una amenaza para los Estados Unidos y para el mundo. Sí, el despótico régimen norcoreano es errático, propenso a fanfarronear y algo paranoico. No obstante ello, como la amenaza del excesivamente demonizado Saddam Hussein, la amenaza de Corea del Norte está también siendo exagerada por los intransigentes de la administración. Las exageraciones del pasado de la administración deberían hacernos echar una mirada más profunda a la amenaza norcoreana.

Corea del Norte es una amenaza–pero principalmente para Corea del Sur y posiblemente para Japón. En 1950, Corea del Norte invadió Corea del Sur. Pero eso fue entonces y esto es ahora. Por entonces, Corea del Norte poseía mejores armas que Corea del Sur y contaba con la ayuda de aliados poderosos–China y Rusia. Después de más de 50 años de rápido crecimiento económico en Corea del Sur y de estancamiento económico en Corea del Norte, el Sur se encuentra en la actualidad en una posición mucho mejor con relación al Norte. China y Rusia han mejorado sus relaciones con la dinámica economía sureña y han disminuido su apoyo al Norte–aislando de esta manera al último. Además, la economía de Corea del Sur es 23 veces más grande que la del Norte y sus gastos de defensa son siete veces más grandes.

Los halcones sostienen que el ejército del Corea del Norte de 1 millón de efectivos es una amenaza para las fuerzas de los EE.UU. en Corea del Sur. Tras el final de la Guerra Fría, un análisis más profundo cuestionaría porqué 37.000 efectivos estadounidenses se encuentran aún en Corea del Sur para defender a una nación que es mucho más rica que su adversario. Aunque el ejército norcoreano sea grande, es anticuado y carente de alimento y de combustible–dos requisitos críticos para una invasión del Sur. La tecnología está del lado de los surcoreanos. Incluso si las fuerzas armadas surcoreanas hoy no pudiesen por sí solas derrotar a las del Norte (una pregunta abierta), un retiro escalado de las fuerzas de los EE.UU. daría al más rico Sur un poderoso incentivo para rápidamente convertirse en el poder militar dominante de la península.

¿Pero qué hay respecto de los programas de misiles nucleares y de largo alcance de Corea del Norte? Corea del Norte posee ya probablemente un par de armas nucleares y misiles que teóricamente podrían atacar a los Estados Unidos. Pero el hecho de si esos misiles podrían transportar una pesada carga útil nuclear hasta los Estados Unidos continentales es algo cuestionable. La tecnología nuclear y misilística norcoreana es muy rudimentaria. Una prueba explosiva exitosa, sin embargo, podría ayudar a los norcoreanos a contraer el tamaño de una carga nuclear útil de modo que la misma pudiese ser colocada sobre un misil de largo alcance mejorado. Y ese, el peor de los casos, podría eventualmente ocurrir. Muchos comentaristas de la política exterior en Washington, con un optimismo a ultranza, desearían creer que Corea del Norte está simplemente amenazando con una prueba nuclear para obtener más beneficios en las actuales negociaciones. Quizá sea así, pero no cuente con ello.

Corea del Norte podría estar intentando conseguir un arsenal nuclear más grande y concomitantemente los misiles de largo alcance mejorados para prevenir un ataque de los EE.UU.. Corea del Norte ha visto lo que los Estados Unidos le hicieron a Serbia basándose en Kosovo y a Irak sobre la base de virtualmente nada. Durante el bombardeo de Kosovo, los norcoreanos le expresaron sus temores de correr la misma suerte al ex Secretario de Defensa William Perry. De ese modo, una política agresiva de los EE.UU. para contrarrestar la proliferación nuclear está teniendo el efecto opuesto. También, la administración Bush se queja por las exportaciones norcoreanas de tecnología nuclear y misilistica, pero después amenaza con imponer sanciones económicas adicionales sobre las pocas exportaciones legítimas del desesperado régimen.

¿Qué ocurre si el peor de los casos se convierte en realidad? En vez de efectuar su propia envalentonada para hacer retroceder hasta un rincón a un régimen paranoico, la administración Bush debería hacer lo contrario y procurar mejorar las relaciones con Corea del Norte. A comienzos de los años 70, los Estados Unidos mejoraron con éxito las relaciones con un régimen inestable y aparentemente belicoso que había obtenido recientemente armas nucleares–la China de Mao. Cuando ya no era más arrinconada por una superpotencia rica, el régimen chino respondió positivamente. Eventualmente, las relaciones comerciales realzadas disminuyeron adicionalmente la amenaza china.

Kim puede ser errático y un adversario frustrante con quien negociar, pero puede también tener legítimas inquietudes de seguridad. En vez de creer en su propia demonización de Kim, la administración Bush debería percatarse de que Kim es más pragmático de lo que parece; después de todo, todavía se encuentra negociando con Occidente. Los Estados Unidos deberían ofrecer un negocio magnífico–acordar no atacar a Corea del Norte y una normalización completa de las relaciones a cambio de inspecciones internacionales intrusas que verifiquen la eliminación–no tan solo el congelamiento–de los programas nucleares y misilisticos norcoreanos. Últimamente, Kim ha visto a los Estados Unidos atacar a otras naciones soberanas sin estar siendo atacados primero y podría encontrarse muy temeroso de firmar algún acuerdo. Pero la oferta es aún digna de hacerse.

En cualquier caso, si los Estados Unidos retiraran sus fuerzas de Corea del Sur y dejaran de involucrarse en los asuntos coreanos, incluso una Corea del Norte con unos pocos misiles mejorados de largo alcance nucleares, tendría una pequeña inclinación o incentivo para apuntarlos hacia una superpotencia dominante que posee miles de ojivas nucleares y que se encuentra a medio mundo de distancia.

Traducido por Gabriel Gasave


Ivan Eland es Investigador Asociado Senior y Director, Centro Para la Paz y la Libertad en The Independent Institute en Oakland, California, y autor de los libros Recarving Rushmore: Ranking the Presidents on Peace, Prosperity, and Liberty, The Empire Has No Clothes, y Putting “Defense” Back into U.S. Defense Policy.




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