El uso del lenguaje con fines políticos
Probablemente fue George Orwell, en su famosa novela ‘1984’ quien llegó a mostrar mejor que nadie, cómo se podía llegar a utilizar el lenguaje con la finalidad política de mantener el poder y controlar a la sociedad. En su obra, a esto se le denominó “neolengua”.
Anotación al margen: no debes dejar de leerla. Pero vamos al punto. En la actualidad, la política y para variar todas las variantes de izquierda nunca han dejado de hacer uso del neolenguaje. Expliquemos un poco la razón de este concepto.
Para Orwell, la neolengua era el lenguaje utilizado por el Estado para limitar el pensamiento. En ella se suprimían palabras con el fin de eliminar conceptos como “libertad” o “rebelión”. Incluso se manipulaban los significados hasta sostener afirmaciones como “la guerra es la paz” o “la libertad es la esclavitud”, logrando con ello mantener el control sobre la sociedad e imposibilitar el razonamiento.
¿Por qué este largo preámbulo? Para señalar que, al día de hoy, aún somos víctimas de este eficaz mecanismo de manipulación que impide que se realicen los cambios necesarios para vivir en una sociedad libre y próspera. Vamos a los ejemplos.
¿A cuento de qué se utiliza la palabreja “precarización” junto al término “laboral”, sino como un instrumento de disuasión que, una vez instalado en el debate, impide toda forma de mejora o reforma en las relaciones laborales? Lo mismo ocurre con la progre expresión “regresión de derechos”, a partir de la cual no existe cambio posible, que permita poner en concordancia, las normas o legislación existentes con el mundo de la realidad, de manera tal que una vez más, se inhibe toda reforma necesaria para salir del estancamiento en el que nos encontramos.
La neolengua se utiliza para todo, pues la oposición a términos que parecen “correctos” o “deseables” convierte cualquier esfuerzo en dirección contraria en algo “políticamente incorrecto”. A partir de ahí, el resto es historia. ¿Has escuchado hablar de la cultura de la cancelación? ¿O de “espacios seguros”? Pues toma nota, no son más que variantes e implicaciones de este tipo de absurdos semánticos. Ahora que lo sabes debes recordar: los conceptos son campos de batalla. No dejemos que nos ganen la batalla de las ideas.
Seguimos conversando.
El autor es economista, PhD (c) en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España y máster en Economía de la Escuela Austriaca. Es liberal, vive en Guayaquil y es director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).
- 10 de febrero, 2026
- 16 de agosto, 2008
- 8 de septiembre, 2014
Artículo de blog relacionados
La Nación La verdadera prueba del valor de un estadista no está en...
5 de enero, 2013Caido del Tiempo En síntesis, la adopción de la reflexión política consiste en...
1 de octubre, 2021Editorial – El Tiempo, Bogotá El pasado 12 de septiembre, Guatemala celebró sus...
19 de septiembre, 2011- 10 de octubre, 2018
















