¿Por qué no hay inversión extranjera en el Ecuador?
Es común en los medios de comunicación ecuatorianos señalar que a Ecuador no llega, como sí ocurre en otros países, inversión extranjera directa en montos relativamente significativos. Hasta ahí, no hay mayor novedad. La pregunta que debemos hacernos es, entre otros motivos: ¿por qué ocurre esto en nuestro país?
Empecemos por sostener que somos víctimas de nuestras ideas, taras e incluso ideologías: lugar del que deriva la idea (equivocada) de que el Estado tiene que hacer de todo. Pero, ¿de qué manera esto se relaciona con el título de este artículo?
Describamos el escenario: al suponer que el Estado debe resolver todos los problemas humanos —y no es exageración—, recordemos que en tiempos de Lenín Moreno existía una secretaría llamada ‘Plan Toda una Vida’. Es decir, te atenderemos de la cuna a la tumba. La consecuencia natural de este tipo de conductas, que parten de una mala idea, son déficits crónicos e insostenibles, que luego deben financiarse con más y mayores impuestos o, en su defecto, mediante más endeudamiento en los mercados nacional y extranjero.
Ahora bien, vamos un paso más adelante: este tipo de comportamientos (estatales), terminan derivando en la imposición de uno de los impuestos que más castigan a la inversión, no solo aquí sino en cualquier lugar de la tierra: el impuesto de salida de divisas.
Este impuesto en particular —recordemos: todo impuesto es pernicioso, distorsionante y empobrecedor— es, entre todos, el que más castiga al comercio (y con ello a la fuente de la prosperidad) y a las inversiones (es decir, al ahorro, la otra raíz del crecimiento), pues penaliza directamente la inversión en territorio ecuatoriano. En pocas palabras: somos de los pocos países en el mundo que anuncian a los potenciales inversores que serán castigados con un impuesto adicional del 5% al momento de repatriar sus recursos. Y digo adicional porque, de por sí, ya deben pagar impuestos por operar en Ecuador.
Un tema no menor: todos los economistas —al menos los que entienden de economía— coinciden con lo que acabo de sostener. Sin embargo, pese a todas las razones expuestas, el impuesto no se elimina. Se puede resumir así: sabemos que es malo, no dejaremos de hacerlo, pues “necesitamos esos recursos”, para mantener la obesidad del Estado a la que estamos acostumbrados.
Mencionado esto, seguimos conversando.
El autor es economista, PhD (c) en Ciencias Sociales y Jurídicas por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, España y máster en Economía de la Escuela Austriaca. Es liberal, vive en Guayaquil y es director ejecutivo del Instituto Ecuatoriano de Economía Política (IEEP).
- 23 de junio, 2013
- 14 de febrero, 2025
- 15 de agosto, 2022
- 17 de febrero, 2026
Artículo de blog relacionados
El Mundo.es La victoria de Hugo Chávez en Venezuela coloca a la oposición...
9 de octubre, 2012Por Mauricio Reina Portafolio En su columna el editor de la revista Foreign...
16 de agosto, 2008Por Pilar Rahola La Nación MADRID – La perplejidad. Recuerdo perfectamente el momento....
20 de marzo, 2007El Nuevo Herald Los dirigentes palestinos inmediatamente destrozaron el plan de paz presentado...
4 de febrero, 2020














