El cerebro y el arte de leer y escribir
La lectura es una piedra angular de la civilización humana y del desarrollo cognitivo, pero es una invención cultural relativamente reciente, demasiado nueva como para que la evolución la haya integrado. En este artículo exploramos, de forma sintética y divulgativa, pero estrictamente basada en los resultados de las investigaciones, la neurociencia de la lectura y la escritura a mano, y detallamos cómo el cerebro humano, producto de la evolución biológica, adapta su arquitectura neuronal existente para adquirir esta habilidad transmitida culturalmente. Examinamos la hipótesis del reciclaje neuronal, que postula que las regiones del cerebro originalmente dedicadas al reconocimiento de objetos y rostros son cooptadas para el reconocimiento de letras y palabras. También describimos los circuitos neuronales y los diversos procesos implicados en el acto de leer. Comprender el cerebro lector no solo ilumina una capacidad humana fundamental, sino que también ofrece un marco poderoso para abordar los desafíos de la alfabetización y desterrar de la humanidad una de las mayores desigualdades enel acceso al conocimiento.
Al mismo tiempo, analizamos la escritura a mano y dejamos ver que no es una mera tarea motora, sino un sofisticado ejercicio cognitivo que orquesta una sinfonía de actividades cerebrales. Forja poderosas conexiones entre la acción motora, el procesamiento visual y la comprensión del lenguaje.
El cerebro lector: un modelo neuronal para una invención cultural
A diferencia de la adquisición del lenguaje, que se desarrolla naturalmente a través de la exposición en la primera infancia, la lectura es una habilidad cognitiva compleja que debe enseñarse explícitamente. Requiere integrar procesos visuales, auditivos y lingüísticos para decodificar símbolos tanto en su aspecto sonoro como en su significado. La cuestión central en la neurociencia de la lectura es cómo un cerebro que evolucionó durante milenios para resolver problemas de supervivencia en un mundo natural puede aprender con tanta facilidad a procesar un sistema simbólico creado por el ser humano. La respuesta radica en la notable plasticidad del cerebro y en su capacidad para reutilizar redes neuronales preexistentes. Aquí intentamos sintetizar los hallazgos clave de los estudios de neuroimagen (fMRI, EEG, MEG) para construir un modelo del cerebro alfabetizado, que rastre la trayectoria de una palabra escrita desde la retina hasta la comprensión.
La arquitectura neuronal de la lectura
Para la mayoría de las personas alfabetizadas, la lectura involucra una red distribuida de regiones cerebrales, principalmente en el hemisferio izquierdo. Esta red puede conceptualizarse como una serie de centros que interactúan, cada uno de los cuales es responsable de un subproceso distinto.
El Área de Formularios de Palabras Visuales, o Área Visual de Forma de Palabras (VWFA), es una piedra angular de la red de lectura, ubicada en el surco occipitotemporal izquierdo, en el giro fusiforme izquierdo. Esta región no es innata; se especializa en reconocer cadenas de letras y palabras mediante la adquisición de la alfabetización (Dehaene y Cohen, 2011). La hipótesis del reciclaje neuronal sugiere que el VWFA se localiza en una parte del flujo visual ventral predispuesta a reconocer estímulos visuales invariables en cuanto a tamaño, fuente o contexto, como objetos y caras. A través del aprendizaje, estas neuronas se sintonizan con configuraciones específicas de letras y palabras.
El VWFA actúa como un procesador eficiente, identificando una palabra como una unidad completa en lugar de ensamblarla laboriosamente a partir de letras individuales. Es responsable del procesamiento ortográfico, el reconocimiento visual de la forma de la palabra y luego distribuye esta información a otras regiones del cerebro para su análisis posterior. Una vez que se identifica visualmente una palabra, el cerebro utiliza al menos dos vías principales para acceder a su pronunciación y significado, un modelo que a menudo se denomina ruta dual.
La Ruta Fonológica (Vía Dorsal): conecta las áreas visuales con los centros del lenguaje implicados en la expresión oral. Se trata de convertir grafemas (letras) en sus respectivos fonemas (sonidos). Las estructuras clave incluyen: giros angulares y supramarginales: estas regiones del lóbulo parietal son cruciales para vincular las formas visuales de las palabras con sus representaciones auditivas y participan en el ensamblaje fonológico. A su vez, el área de Broca (circunvolución frontal inferior) está asociada con la articulación y el procesamiento fonológico, contribuyendo a ensamblar los planes motores del habla, incluso durante la lectura en silencio.
La Ruta Léxica (Vía Ventral): facilita el acceso directo al significado de una palabra. Permite a los lectores expertos reconocer palabras familiares al instante sin necesidad de “pronunciarlas”. Esta ruta depende en gran medida de la propia VWFA para un reconocimiento rápido de la forma de las palabras y las circunvoluciones temporales media y superior. Estas regiones, incluida la región de Wernicke, son centros centrales del procesamiento semántico: la comprensión del significado. Integran la palabra con sus conceptos asociados, el contexto y los conocimientos almacenados en la memoria.
En un lector competente, estas rutas operan en paralelo y de forma interactiva. La ruta léxica utiliza palabras familiares para una comprensión rápida y la ruta fonológica actúa como respaldo para palabras nuevas o de baja frecuencia.
El desarrollo y la plasticidad del cerebro lector
La alfabetización remodela físicamente el cerebro. En un niño prealfabetizado, la región VWFA responde de manera similar tanto a las letras como a otros objetos visuales. A medida que comienza la instrucción de lectura, esta región se vuelve cada vez más selectiva para el texto, mientras que las respuestas a otros estímulos visuales en la misma área disminuyen: un proceso de competencia y especialización (Dehaene, 2009).
Los estudios longitudinales muestran que la red de lectura se vuelve más ágil y eficiente con la experiencia. Inicialmente, la lectura depende en gran medida de la ruta fonológica esforzada o del sondeo, lo que involucra ampliamente el área de Broca. Con la práctica, la actividad se orienta hacia la ruta ventral, lo que permite una lectura más rápida y fluida. Este cambio de una decodificación esforzada a una lectura automática de palabras reconocibles a la vista es un sello distintivo de la alfabetización calificada y libera recursos cognitivos para la comprensión de un orden superior.
Implicaciones para la educación y las discapacidades de lectura
La discapacidad lectora más común, la dislexia, ahora se entiende como una condición neurobiológica. Los estudios de neuroimagen han revelado de manera consistente una alteración de la red de lectura del hemisferio izquierdo, a menudo caracterizada por una activación insuficiente del VWFA y de las áreas de procesamiento fonológico en los lóbulos temporal y parietal (Shaywitz y Shaywitz, 2005). Esta firma neuronal de la dislexia proporciona una base biológica de los déficits fonológicos centrales que experimentan las personas con dislexia, incluida la dificultad para asignar letras a sonidos. Esta comprensión neurocientífica tiene profundas implicaciones para la educación. He aquí tres de ellas:
- Intervención temprana: identificar a los niños en riesgo de presentar dificultades de lectura es fundamental, ya que el cerebro joven es altamente plástico.
- Instrucción de alfabetización estructurada: la instrucción de lectura basada en evidencia que enseña explícitamente la conciencia fonémica, la fonética, la fluidez, el vocabulario y la comprensión se alinea con la forma en que el cerebro aprende a leer. Construye sistemáticamente los circuitos neuronales necesarios tanto para la ruta fonológica como para la léxica.
- Remediación dirigida: se ha demostrado que las intervenciones para la dislexia centradas en el entrenamiento fonético intensivo inducen cambios neuroplásticos, lo que se traduce en una mayor activación de la red de lectura del hemisferio izquierdo y demuestra que el cerebro puede reconfigurarse con el tipo adecuado de instrucción.
En síntesis, el acto de leer, una tarea aparentemente cotidiana y sencilla, está respaldado por una sinfonía neuronal notablemente compleja y distribuida. El cerebro no posee un módulo de lectura; en cambio, recicla ingeniosamente sus circuitos evolucionados de procesamiento visual y lingüístico para adaptarse a esta herramienta cultural. La especialización del área visual de forma de palabras (VWFA) y la interacción entre las vías dorsales y ventrales ilustran la profunda capacidad de adaptación del cerebro. Al mapear el cerebro lector, la neurociencia no solo desmitifica una habilidad humana fundamental, sino que también proporciona una base empírica para mejorar la instrucción en alfabetización y apoyar a quienes padecen trastornos de lectura. La historia del cerebro lector es, en última instancia, una historia de ingenio humano, tanto en la creación de sistemas de escritura como en la capacidad dinámica del cerebro para aprenderlos.
Leer no solo es un placer para el desarrollo estético y emocional, sino, muy especialmente, uno de los hábitos más importantes para el desarrollo cognitivo. La lectura, entre otros.
• Estimula los procesos cognitivos.
• Fortalece la comprensión.
• Amplía el vocabulario.
• Mejora la concentración
• Desarrolla la memoria
• Ayuda a la empatía
• Reduce el estrés
• Estimula la imaginación y la creatividad.
• Potencia las habilidades mentales primarias.
• Desarrolla el pensamiento crítico.
• Acompaña en la soledad y mucho más…
En definitiva, hemos intentado, de forma divulgativa, describir los circuitos neuronales clave implicados en la lectura, centrándonos en la red del hemisferio izquierdo, incluida la región de formación de palabras visuales (VWFA), y en sus funciones en el procesamiento ortográfico, fonológico y semántico. Además, iniciamos la trayectoria de desarrollo del cerebro lector, los correlatos neuronales de las dificultades de lectura, como la dislexia, y las implicaciones de esta investigación para las prácticas educativas. Comprender el cerebro lector no solo ilumina una capacidad humana fundamental, sino que también ofrece un marco poderoso para abordar los desafíos de la alfabetización.
La sinfonía cognitiva: cómo el cerebro organiza el simple acto de escribir a mano
En una era dominada por teclados y pantallas táctiles, el acto de escribir a mano puede parecer una habilidad motora sencilla, casi arcaica. Sin embargo, la investigación neurocientífica revela que la escritura a mano es un proceso cognitivo notablemente complejo que involucra una amplia red de regiones cerebrales en una “sinfonía” coordinada. Es mucho más que simplemente mover un lápiz o una pluma; es un acto neurológico sofisticado que integra el control motor, la memoria y el lenguaje, con profundas implicaciones para el aprendizaje y el desarrollo cognitivo. El proceso de escribir a mano implica la integración perfecta de varios sistemas cerebrales. Al menos, seis:
1. Las regiones ubicadas en el lóbulo frontal, la corteza motora y la premotora, son las conductoras del movimiento. La corteza motora primaria envía señales a lo largo de la médula espinal hasta los músculos de la mano y los dedos, controlando los agarres y movimientos precisos necesarios para formar letras. La corteza premotora planifica estos movimientos antes de ejecutarlos.
2. El área motora suplementaria (SMA) es crucial para iniciar y coordinar movimientos secuenciales complejos, exactamente lo que se requiere para escribir una palabra. Ayuda a planificar el orden de los trazos que componen cada letra.
3. Los ganglios basales y el cerebelo son estructuras subcorticales que actúan como afinadores. Los ganglios basales ayudan a automatizar las habilidades motoras aprendidas, lo que permite una escritura fluida sin esfuerzo consciente en cada trazo. El cerebelo es esencial para la coordinación motora y la sincronización, asegurando que los movimientos sean suaves y precisos.
4. El lóbulo parietal: esta área es fundamental para el procesamiento visuoespacial. Ayuda a mapear la ubicación espacial de la mano en la página y guía la formación de las letras, asegurando que tengan la forma, el tamaño y la alineación correctos.
5. La red del lenguaje, áreas de Broca y Wernicke, está ubicada principalmente en el hemisferio izquierdo en la mayoría de las personas diestras; el área de Broca está involucrada en la producción y la sintaxis del lenguaje, mientras que el área de Wernicke es central para la comprensión. Tal como he indicado previamente en relación con la lectura, estas regiones generan el contenido lingüístico —las palabras y oraciones— que el sistema motor transcribirá.
6. La corteza visual y el área de Exnerindican que el lóbulo occipital procesa la retroalimentación visual sobre lo que se está escribiendo. Se cree que una región específicamente implicada en la escritura a mano, conocida como área de Exner, ubicada en el lóbulo frontal izquierdo, cerca de la corteza motora, es un centro crucial que convierte las representaciones abstractas de las letras en programas motores específicos para la escritura.
Escritura a mano versus mecanográfica: una distinción neurológica
La investigación moderna destaca una diferencia crítica en la actividad cerebral entre escribir a mano y mecanografiar. Escribir, si bien es eficiente, implica patrones motores más uniformes y repetitivos, como presionar teclas. La escritura a mano, por el contrario, requiere un plan motor único para cada letra, lo que exige una participación neuronal mucho mayor.
Los estudios de resonancia magnética funcional (fMRI), como los realizados por la Dra. Virginia Berninger de la Universidad de Washington, han demostrado que escribir a mano activa estas extensas redes neuronales con mayor solidez que mecanografiar. Esta mayor activación está relacionada con un aprendizaje más profundo y la codificación de la memoria.
Los beneficios cognitivos y las implicaciones clínicas
Las demandas neuronales únicas de la escritura a mano se traducen en beneficios tangibles:
a. Aprendizaje y memoria mejorados. El proceso más lento y laborioso de formar letras a mano fortalece los rastros de la memoria. Este “aprendizaje cinestésico” ayuda a los niños a aprender las letras de manera más efectiva y a retener y comprender mejor la información escrita.
b. Desarrollo cognitivo. Se cree que la escritura a mano apoya las habilidades de lectura al reforzar el reconocimiento visual de las letras. También involucra funciones ejecutivas como la planificación, la atención y la memoria de trabajo.
c. Conocimientos clínicos. La descomposición de la escritura puede ser una herramienta diagnóstica clave. Condiciones como la disgrafía (una discapacidad de aprendizaje que afecta la capacidad de escribir) y la agrafia (la pérdida de la capacidad de escribir debido a una lesión cerebral, como un derrame cerebral) brindan una ventana a los circuitos neuronales específicos implicados. Los distintos patrones de deterioro ayudan a los neurólogos a localizar las lesiones cerebrales.
d. Micrografía. La enfermedad de Parkinson a menudo se traduce en una anomalía de la escritura llamada micrografía, caracterizada por letras pequeñas, apretadas y, generalmente, temblorosas. Este importante síntoma motor temprano se debe a una disminución de los niveles de dopamina, lo que afecta negativamente el control motor fino. Para gestionar eficazmente la micrografía, las personas pueden emplear estrategias específicas y herramientas de apoyo, como el uso de bolígrafos más gruesos y soportes de papel antideslizantes, u optar por el dictado por voz. Es fundamental reducir conscientemente la velocidad de escritura y concentrarse en escribir letras más grandes para mejorar el agarre y la legibilidad. La implementación de estas estrategias es crucial para mejorar la calidad de la escritura y mantener la independencia.
La escritura a mano debe reforzarse, nunca eliminarse, y no es incompatible con las nuevas habilidades digitales
A continuación, describo los siguientes puntos, basados en investigaciones publicadas, lo cual no implica que estén presentes en investigaciones actuales o futuras. Estos son:
- Lo que importa no es solo lo que escribimos, sino cómo lo escribimos, especialmente sin dejar que otros lo hagan por nosotros, como la IA.
- La escritura a mano involucra varias áreas del cerebro. La corteza motora primaria del lóbulo frontal controla los movimientos voluntarios y envía señales a los músculos para iniciar y coordinar la escritura.
- Otras regiones, como la corteza premotora, el área motora suplementaria y los ganglios basales, contribuyen a planificar, ejecutar y coordinar las habilidades motoras.
- Los estudios sugieren que escribir a mano mejora la memoria, la comprensión, el pensamiento creativo y el aprendizaje, en parte porque la retroalimentación táctil del lápiz sobre el papel favorece la comprensión y la retención.
- Los vínculos entre la escritura a mano y el desarrollo educativo más amplio son profundos.
- Los niños no solo aprenden a leer más rápidamente cuando aprenden a escribir a mano por primera vez, sino que también siguen siendo más capaces de generar ideas y retener información.
- Cuando los niños compusieron textos a mano, no solo produjeron más palabras de forma más consistente y más rápidamente que con un teclado, sino que también expresaron más ideas.
- Para los adultos, escribir a máquina puede ser una alternativa rápida y eficiente a la escritura a mano, pero esa misma eficiencia puede disminuir nuestra capacidad para procesar nueva información.
- Se ha documentado que, tanto en entornos de laboratorio como en aulas del mundo real, los estudiantes aprenden mejor cuando toman notas a mano que al escribir en un teclado.
- Varias investigaciones muestran que los estudiantes que tomaron las notas en ordenadores o computadoras portátiles obtuvieron peores resultados en preguntas conceptuales que quienes las tomaron a mano.
- Está demostrado que, si bien tomar más notas puede ser beneficioso, la tendencia de quienes toman notas en ordenadores o tabletas para transcribir las conferencias palabra por palabra, en lugar de procesar y reformular la información con sus propias palabras, resulta perjudicial para el aprendizaje.
- Una reciente investigación sugiere que escribir a mano permite a los estudiantes procesar el contenido de una conferencia y replantearlo, un proceso de reflexión y manipulación que puede conducir a una mejor comprensión y codificación de la memoria, además de facilitar el pensamiento crítico.
- Las investigaciones muestran un fuerte vínculo entre la escritura a mano y los procesos cognitivos.
- Necesariamente, el uso de uno y otro sistema de escritura no interfiere en los procesos de aprendizaje, pero no necesariamente uno a expensas del otro; prevalece la escritura a mano sobre la tecleada.
En una era digital, comprender los profundos fundamentos neurológicos de la escritura a mano subraya su valor duradero. No es solo una herramienta de comunicación, sino un proceso fundamental que da forma al propio cerebro, fomentando el aprendizaje, la memoria y la fortaleza cognitiva, de manera que la mecanografía aún no ha replicado.
*Miguel Ángel Escotet es Profesor Emérito del Sistema de la Universidad de Texas y Rector de la UIE. El presente ensayo forma parte de Buscando a Ítaca. Ensayos y cavilaciones al filo de mi existencia, libro de próxima publicación.
Referencias
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